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Merche Ochoa: 'A un buen payaso te lo llevarías a casa'

Payasa y Premio Nacional de Circo
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La payasa Merche Ochoa dio un curso en La Circoteca de Cia. Passabarret, en Valls. Foto: Cedida

La payasa Merche Ochoa dio un curso en La Circoteca de Cia. Passabarret, en Valls. Foto: Cedida

- Premio Nacional de Circo... ¿Verse dentro de los grandes payasos en España da miedo?

- Sí, bastante. Hace mucha ilusión, pero te coge un ataque de responsabilidad importante. De repente te conviertes en una cara visible. Aunque tu trabajo no lo haces ni mejor ni peor después de un premio.

 

- Hay payasos blancos, augustos, tristes... Usted se define como payasa formadora.

- La docencia es mi pasión. Me encanta combinarla con un escenario o con otro tipo de intervenciones, pero, si tuviera que elegir, me quedaría con enseñar. A mí me ha proporcionado muchas alegrías, y creo que desde este lugar se puede hacer un gran trabajo. Es mucha la gente que no ha tenido la oportunidad de criarse dentro del

ámbito del circo.

 

- ¿Qué motiva a alguien no profesional a hacer un curso de payaso?

- Hay de todo. Algunos lo hacen por curiosidad; otros, como terapia. Y hay quien lo hace como una actividad que le sienta bien. Muchos, cuando descubren lo que significa el oficio, alucinan, no esperan que sea tan bonito y tan complicado a la vez. No se trata de ponerse la nariz y salir a hacer el idiota.

 

- ¿Es de las que piensan que en el mundo hay muchos payasos, pero sólo unos pocos viven de esto?

- No sé qué decirte, porque eso de que ‘todos llevamos un payaso dentro’ no me lo creo. El que quiere serlo, al final lo consigue, porque no es una profesión sólo de talento, sino también de resistencia.

 

- Entonces, ¿ser gracioso es algo que se entrena?

- No, no, no… (ríe). Es una cuestión de liberar canales y de aprender las herramientas del oficio, aunque también hay gente con un talento natural. La risa del público es una consecuencia de cómo el payaso ve el mundo. Entrenas otras cosas: los canales, tu respiración, a desaprender y volver a la curiosidad más básica…

 

- Usted tiene una escuela de clown en Barcelona. ¿Es una utopía?

- Como todas las cosas buenas que me han pasado en la vida, fue una casualidad. Yo llevaba mucho tiempo enseñando en escuelas de teatro y decidí abrir un espacio donde la gente pudiera formarse exclusivamente en clown. Salió muy bien, y empezó a caminar solo.

 

- Para las escuelas de formación actoral, el payaso es la asignatura fácil…

- En general se ve con poca profundidad. La tienen como la ‘maría’, la fácil de aprobar.

 

- Si es tan fácil, ¿por qué hay tan pocos payasos famosos?

- Porque no es una asignatura fácil, sino un oficio complicado.

 

- ¿En cuántas carpas ha trabajado Merche Ochoa?

- No sabría decirte. He trabajado en circos estables. Y he hecho mucha furgoneta.

 

- La gente adora los números de dificultad, pero a la hora de la verdad todos esperan a que entren los payasos...

- Los payasos conectan directamente con tu parte emocional. Hay ese contacto, ese diálogo con el espectador… Cuando tienes un buen payaso delante, te lo llevarías a tu casa. Tenga el tamaño que tenga.

 

- ¿Hay que seguir reivindicando la figura de la payasa?

- Yo veo muchas payasas y mujeres de circo trabajando y con mucha calidad. Pero sí que es cierto que todavía cuesta bastante que se nos visibilice y que estemos en los carteles por derecho propio.

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