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Miqui Puig: "Tarragona me rescató cuando andaba perdido"

Presenta el próximo sábado en la sala Zero 'Escuela de capataces', un celebrado disco que pone fin a nueve años de silencio

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Miqui Puig regresará este sábado a la Sala Zero de Tarragona. Foto: Cedida

Miqui Puig regresará este sábado a la Sala Zero de Tarragona. Foto: Cedida

J. F. Losilla Eixarch

Miqui Puig   (L’Ametlla del Vallès, 1968) presenta el próximo sábado en la sala Zero ‘Escuela de capataces’, un celebrado disco que pone fin a nueve años de silencio. Le precederán los tarraconenses Islandia Nunca Quema. El que fuera cantante de Los Sencillos asegura se dedica a huir. A escapar hacia delante, sin control, sin freno, y en esa estampida diaria se debate en lo que quiere ser de mayor, cosa que nunca logra descifrar, y cambia sus miras por momentos. «Dicen que padezco una incurable enfermedad llamada ‘bulimia cultural’, patología que con el paso de los años, lejos de menguar, va creciendo hasta límites insospechados».

- El sábado regresa a Tarragona, una ciudad a la que le unen importantes lazos.

- A veces cuento a la gente cómo los lazos se tejieron en un momento en el que andaba perdido e hice pandilla en la ciudad. En cierto modo, me rescató. Evidentemente me encontré con «el bo i millor de cada casa», con los que he compartido bodas y funerales, risas y llantos y varios litros de Chartreuse. Conozco sus camas, conozco sus voces y ellos me conocen.

- Esta vez retorna al escenario de la sala Zero con nuevo elepé bajo el brazo tras 9 años de silencio discográfico. ¿Se le ha hecho larga la espera?

- Para los seguidores creo que sí, así lo manifiestan las voces en las redes. Para mí era como una extraña ambivalencia, quería y la vez me daba miedo. Pero en este tiempo paso de todo a nivel profesional, y las ganas y las canciones crecían. Era puro sol, miedo y pop.

- ¿Sigue sintiendo cierto vértigo ante la expectativa de una nueva gira y un nuevo disco?

- Es un tópico manido, pero es así. Cada vez que te enfrentas y expones lo que llevas dentro sientes miedo, sientes vértigo y quieres poder decirles a todos, que todo va bien (de momento). No se pierde eso y rezo para que no cambie.

- ¿Cuál ha sido la principal enseñanza que ha extraído de su carrera?

- Que es caprichoso el azar y que nunca se trabaja suficiente. Lograr que se den las coordenadas ideales se escapa a los planes que algunos creen que se pueden obtener con un plan de márquetin concreto. Música y canciones viajan por libre, y en los bares, restaurantes y discotecas ellas viven libres buscando infectar el veneno en el oyente.

- ¿Qué es lo que adora y lo que detesta de su profesión?

- Adoro poder llegar a una ciudad y tener a alguien a quien citar para un café o un vino. Adoro el poso que deja lo bueno y lo malo, lo que nos nutre. Y detesto lo de siempre: las charlas de bar donde se pontifica y se masacra. Por suerte siempre nos quedara un drama sobre el que construir un nuevo momento o canción.

- ¿Considera que está alcanzando su madurez artística?

- Espero que no, pues eso suele ser la losa definitiva y contestar que sí sería motivo del punto expuesto en la respuesta anterior. Prefiero seguir coleccionando coches de scalextric y discos de Elvis y los Pet Shop Boys. Para todo lo demás, seguir.

- ¿Cuándo y cómo descubrió su habilidad para construir melodías pop?

- En unas colonias en Santisteban (Navarra) en los primeros 80s, junto con Fernando Ycobalzeta (hermano de Germán, guitarra de Los Sencillos) compusimos algunas canciones propias. Allí irritamos en exceso a los deportistas y eso nos dio la razón. Después he tenido que buscar el apoyo por parte de amigos y profesionales del negocio para seguir creyendo en ello. No es nada nuevo, lo de siempre.

- Este proceso de madurez se plasma en sus letras, con temas como la pérdida de seres queridos en ‘La hora del brindis’.

- Esta es sin duda la canción más tarraconense de todas y que habla de amigos caídos demasiado jóvenes y esa antorcha que no debemos dejar apagar ni ante las adversidades más duras. Presiento que será dura de interpretar ante esos amigos que saben muy bien de que hablo. Mi madurez es vivir (y resistir) en el Club Decadencia.

- También se respira cierto desazón por los derroteros por los que transita el mundo de hoy.

- Los mismos que me han acompañado en toda mi vida, solo que ahora solo deseas tener leña, sopa y coñac para afrontar el largo invierno crepuscular que nos viene encima por edad y por trayectoria. Pesan las palabras, pero es un carga muy llevable.

- Musicalmente le respalda L’Associació Ciclista Puig. ¿Qué le aporta, además de estilo?

- Me aportan clan, camaradería y un sonido soñado desde hace tiempo. Creo que es el complemento perfecto a la batería de hits que llevamos en el repertorio. Son gente que se acuerdan de esa primera vez, cuando cantaba Barry White y todo estaba por hacer.

- Les precederán Islandia Nunca Quema, una banda tarraconense por la que siente predilección.

- Compartir cartel con ellos será algo genial, son una banda favorita de la que no dejo de pregonar su grandeza. Otros que ven el pop en mayúsculas, y con el savoir-faire del amor por la melodía y el gusto por encima de todo. Será una gran noche. Entre todos tenemos una buena colección de favoritas para cantar con los brazos abiertos.

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