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Natàlia Rodríguez: 'Nos quieren manipulables e incultos'

Entrevista a la periodista y escritora
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Natàlia Rodríguez debuta en la literatura. Foto: Lluís Milián

Natàlia Rodríguez debuta en la literatura. Foto: Lluís Milián

-Dice que las novelas se parecen a sus escritores tanto como los perros a sus amos...

-Eso creo. Mis padres vivieron la Guerra Civil y en mi casa siempre ha estado muy presente. Lo cierto es que me siento muy reflejada en los debates y dudas que aparecen. Me cuesta mucho entender el pensamiento ideológico y religioso monolítico.

 

-Ha escrito una novela profunda y densa, que deja poso, para leer despacio, ¿se lleva eso ahora en los tiempos que corren?

-He escrito la novela menos comercial del Sant Jordi, pero es la literatura que me gusta hacer y leer. Como dijo Joan Didion, todos nos contamos historias para sobrevivir. Yo escribo sobre lo que leo. En la tabla de coser de mi madre siempre tengo siete u ocho libros abiertos.

 

-¿Por qué la ha ambientado en Rusia?

-Rusia es tan abismal que no entenderla es no entender nada. Los gulags ni siquiera necesitaban puertas. De alguna manera, es también la definición de la nada.

 

-A juzgar por lo visto en Ucrania, no sé si la hemos llegado a comprender.

-Pensar que Rusia renunciaría a Crimea es precisamente eso, no entender nada. Los rusos tienen la necesidad de recuperar su rol en el mundo y ponerte en su contra consigue los efectos contrarios.

 

-Eso me suena familiar...

-Es algo universal, cualquier país que se siente incomprendido o atacado reacciona así.

 

-¿Sólo nos quedan las cenizas de aquellos ideales por los que tanto se luchó durante el siglo XX?

-Nuestros abuelos y nuestros padres tuvieron la fortaleza de jugarse la vida por unas ideas, pero hay que entender que las grandes ideologías del siglo XX respondían a seductores proyectos de cambio social. Era imposible no tomar partido. Yo eso no lo veo ahora. Como mucho iría a una mani.

 

-Desde el título, la muerte acecha.

-La muerte es la única realidad de la que podemos estar seguros. Ante ella perdemos la dignidad, pero sobre todo me interesa la memoria, y el relato que construimos de nosotros mismos a través de los recuerdos que escogemos.

 

-Reivindica la figura de Kafka para entender ‘el manicomio’ que nos rodea.

-Kafka lo explica todo. Llevo años trabajando en el ayuntamiento de Tarragona y es Kafka en estado puro. Todos somos Josef K. Su lectura tendría que ser obligatoria.

 

-No sé hasta qué punto están nuestros políticos por la labor.

-Nos quieren manipulables e incultos. Quieren un país en el que el libro más vendido sea las Memorias de Belén Esteban.

 

-La veo muy crítica.

-No nos queda otra que reivindicar unas líneas rojas que no se pueden cruzar. Comprender el mundo desde la compasión que requiere ponerse en la piel del otro. Eso sólo se logra con el gran periodismo y la buena literatura. Para poder proclamar, como Tolstoi: Todo lo que sé, lo sé porque he amado.

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