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Paellas con solera

El arroz del restaurante La Platja es un clásico de Tarragona. En verano sirve alrededor de 250 menús cada fin de semana

Javier Díaz

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Clientes de La Platja con una de sus típicas paellas. Foto: Pere Ferré

Clientes de La Platja con una de sus típicas paellas. Foto: Pere Ferré

Comer sin reserva un sábado o un domingo en el restaurante La Platja de Tarragona es casi tan complicado como pillar un 15 en la Quiniela. Te la puedes jugar, pero lo más normal es que te encuentres un cartel en la entrada  en el que ponga ‘Hoy estamos llenos’. Su menú a 21 euros con paella, ensalada, mejillones al vapor y calamares rebozados son un clásico del verano. «Es lo que nos piden el 70 % de los clientes los fines de semana. Servimos alrededor de 250», explica el jefe de sala, Leandro Campabadal.

Leandro y su hermano Enrique, el cocinero, son los responsables de este restaurante familiar abierto desde 2006. Antes estaba allí el camping Tarraco que regentaban sus padres y sus tíos. En el amplio terreno donde los turistas plantaban las tiendas de campaña hay ahora una terraza para los comensales, un aparcamiento para clientes y un parque con juegos infantiles. 

El secreto de sus paellas marineras, dice Leandro, es que son como las de toda la vida pero con un toque moderno. Nada de colorantes, guisantes ni pimiento rojo. «El arroz tiene un color verdoso en vez de amarillo», comenta. Por la noche son más de carnes a la brasa y en invierno hacen hasta calçotadas. Porque La Platja no vive solo del buen tiempo y de estar a un paso de la playa de la Arrabassada. Con el frío también tira. Es uno de los restaurantes de cabecera de los aficionados del Nàstic los día de partido. También de las hinchadas rivales. «El día que el Girona se jugaba el ascenso en Tarragona se llenó de gerundenses», recuerda Leandro. Siempre hay fair play. 

El 80 % de su clientela es local, de Tarragona o municipios de alrededor; el resto son turistas que están de veraneo. Casi todos salen del restaurante con un tupper con la comida que les ha sobrado. Las raciones son generosas y es raro quedarse con hambre. El precio oscila entre 20 y 25 euros. 
Los hermanos Campabadal han mamado la hostelería desde bien jóvenes. En 1986 cogieron el bar del camping Tarraco y una década más tarde, en 1996, se pasaron a la alta cocina con la apertura en la Part Alta del  restaurante Belle Epoque, de decoración modernista inspirada en Gaudí y una gastronomía moderna que consiguió dos tenedores rojos en la prestigiosa Guía Michelin.

La esencia de toda esa trayectoria en los fogones se refleja en sus platos con aroma marinero en La Platja.

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