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Permiso para aburrirse

Ocupar a los niños todo el verano con actividades no es aconsejable. Estar sin hacer nada ayuda a despertar la creatividad y la imaginación

Sílvia Fornós

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El aburrimiento despierta la imaginación y la creatividad. Fotos: pixabay

El aburrimiento despierta la imaginación y la creatividad. Fotos: pixabay

Me aburro. Me aburro. Me aburro. Seguro que esta frase la ha escuchado, en más de una ocasión, de boca de sus hijos, de los sobrinos del pueblo que vienen a pasar unos días con sus tíos favoritos, o de los nietos si es abuelo. 

Terminado el curso, surge el dilema: ¿Hay que dejar que los niños se aburran en verano, o hay que ‘ahogarles’ con decenas de actividades para que no tengan ni un minuto de descanso? Ni tanto, ni tampoco. La psicóloga, psicoterapeuta y sexóloga Sònia Navarro explica que «la mayoría de padres precisamente, porque están ocupados, intentan buscar un sinfín de actividades para tener a los niños igual de ocupados en verano que en invierno». El resultado es que los ‘peques’ no tienen tiempo para aburrirse. 

El ‘régimen de pensión’ es todo incluido. A las 10 curso de natación; a las 11 a la piscina; a las 14 horas a comer; a las 15 horas a casa de los abuelos; después hacer dos páginas del cuaderno de vacaciones; más tarde leer y merendar; a las 18 horas a jugar al parque… Así no hay quien respire. Y además está cometiendo un error. «Si gestionamos desde bien pequeños el tiempo de nuestros hijos lo que provocamos es que no aprendan a gestionar su propio tiempo», asegura la psicóloga. 

Opinión que también comparte Laura Roig, directora del centro Educa’t Reus y especialista en educación emocional. «Lo peor que pueden hacer los padres es pautar todo el verano a sus hijos. Ellos también deberían expresar qué quieren hacer y cuándo», afirma. 

Un poco de aburrimiento no le hace daño a nadie, ni a los adultos ni a los niños. Las horas muertas son, en palabras de Sònia Navarro, «necesarias para desarrollar la motivación interna de los niños, y despertar la creatividad y la imaginación». Hoy en día ocurre todo lo contrario. «Los niños son muy poco creativos y rápidamente dicen que se aburren. ¿Por qué? Según la psicoterapeuta están «acostumbrados a que todo se les llene desde fuera y realmente les cuesta mucho estar simplemente en el no tengo que hacer nada». 

Aburrirse no  es perder el tiempo, es una oportunidad para los niños

Aburrirse, no es perder el tiempo, es una oportunidad. «Permite al niño aprender a contemplar la vida, aprender a ir más despacio e incluso empezar a darle vueltas a qué puede hacer, se inventa juegos, utiliza la imaginación…», afirma Sònia Navarro. En su infancia seguro se pasaba el día en la calle y no en casa esperando a que alguien le entretuviera.

La pantalla no es la solución

Recurrir a la tecnología y dejar a los niños en manos del teléfono móvil o de la tableta no es ni mucho menos la mejor solución. «Es importante que la pantalla sea un recurso que se decide utilizar en un momento dado y que no se la ofrecemos de forma inmediata cuando se aburre el niño», afirma Sònia Navarro. Para ello es necesario saber si cuando su hijo le hace saber que se aburre está realmente hablando de aburrimiento, en el sentido literal. Al respecto la psicóloga advierte que «en ocasiones los niños utilizan la palabra aburrimiento cuando intentan expresar otras emociones que no saben manifestar de otro modo». Hay momentos en los que simplemente están tristes. «Es importante, preguntarles para saber si hablan de un aburrimiento real o intentan expresar diferentes emociones», aconseja la psicoterapeuta. 

La edad influye

Tener a mano plastilina, tijeras, pegamento, papel para recortar, colores, pintura… La lista es interminable de materiales y objetos con los que los más pequeños de la casa se pueden entretener en verano. La misma psicóloga recuerda una regla básica: «Cuanto más pequeños son los niños más necesitan que los padres estén presentes, pero sin guiar la actividad. Ellos decidirán a qué jugar, aunque participen en el juego». 

Si se trata de un adolescente ya ha llegado el momento de preguntarle qué le gustaría hacer en verano y no le dé la solución inmediatamente. «Puede hacer una lista de cosas que le gustaría hacer y cuándo esté aburrido consultarla», afirma Sònia Navarro. 

¿Cómo sabrá que está listo para empezar a bailar, patinar o nadar? Hay padres que corren más que sus hijos. Esto ocurre cuando, según la psicóloga, «se obliga a los niños a decidir qué les gusta o qué no cuando todavía no están preparados». Lo que les falta es tiempo para conectar con su motivación interna. Este verano pueden encontrar en el aburrimiento una oportunidad y su fuente de inspiración.

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