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Pies: regreso a la prisión

Las visitas al podólogo se multiplican cuando pasamos de las chanclas a las botas. He aquí algunos consejos para elegir el calzado de temporada

Norián Muñoz

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Marisa Adan en la consulta con una paciente. Foto: Lluís Milián

Marisa Adan en la consulta con una paciente. Foto: Lluís Milián

Con los podólogos se hace bueno aquel dicho popular de acordarse de Santa Bárbara cuando truena. Y es que justo ahora, en plena transición de las chanclas a las botas, es cuando más personas suelen acordarse de sus pies.

Marisa Adan, delegada en Tarragona del Col·legi Oficial de Podòlegs de Catalunya, reconoce que por estas fechas, cuando se vuelve a «encerrar» el pie, sus pacientes vuelvan a la consulta.

Y aunque algunas de las molestias y dolores son de origen genético, buena parte tiene que ver con el uso de un calzado inadecuado. De hecho, apunta, los efectos de un calzado incorrecto permanecen en el tiempo.

Lo que hay que saber

Así, pues, elegir los zapatos no es una decisión menor, y Adan explica algunas recomendaciones que valen para todos:

La primera norma es que tengan un buen contrafuerte (la parte posterior del zapato) que sujete correctamente el talón. También es importante que se sujete bien al empeine (una buena opción son los que se atan con cordones o velcro, como los de los niños). «Tiene que ser el zapato el que sujeta el pie, y no al revés», apunta.

También es importante que el modelo respete la anatomía de los pies en general y de los dedos en particular. Además, el calzado debe ser flexible y permitir la libertad de movimiento. Atención pues a las zapatillas estilo plataforma si no se pueden doblar.

Igualmente hay que prestar atención al material, los materiales nobles ocasionan menos problemas. Así, si bien es cierto que las zapatillas deportivas son las que suelen adaptarse mejor a la anatomía del pie y ofrecen más amortiguación, no es recomendable llevarlas continuamente porque no dejan transpirar bien al pie.

El martirio de los tacones

Capítulo aparte merecen los tacones. Lo ideal es que los zapatos no sean planos, sino que tengan un tacón de entre 2 y 4 centímetros. Se trata de una proporción que suelen guardar muy bien los zapatos masculinos. En este sentido, el modelo blucher o tipo inglés, muy presente en los escaparates en las últimas temporadas, puede ser una buena opción tanto para mujeres como para hombres.

Pero si de lo que se habla es de superar los cuatro centímetros, Adan recuerda que los tacones deberían reservase para momentos especiales, como para acompañar un vestido de fiesta y siempre para momentos en los que no se prevé mucha actividad.

Explica que los tacones modifican completamente la postura, comenzando por el propio pie, que solamente se apoya en la parte delantera. También obligan a doblar más las rodillas y transforman la postura de todo el cuerpo. Además, en los casos en los que se tenga predisposición genética, los tacones son el «aliado perfecto» para padecer juanetes.

De hecho, muchas de las pacientes que llegan a la consulta de Adan pertenecen a toda una generación que trabajaba y vivía con los tacones puestos. «Hasta las enfermeras trabajaban con tacones», recuerda.

No obstante, la podóloga advierte que las cosas están cambiando y mujeres y hombres comienzan a primar la comodidad en el calzado. «Tenemos que ir rápido, algo que es imposible con tacones», señala.

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