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Prades, el gusto de ir con chaqueta en verano

El municipio, que en verano multiplica su población por diez,  explota sin complejos su climatología como atractivo turístico
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Este grupo de señoras cumple la máxima de las madres de no salir sin chaqueta ni en verano por si refresca.  Fotos: Lluís Milián

Este grupo de señoras cumple la máxima de las madres de no salir sin chaqueta ni en verano por si refresca. Fotos: Lluís Milián

A pesar de las temperaturas hay quien se atreve con la piscina.

A pesar de las temperaturas hay quien se atreve con la piscina.

Julio, pleno mediodía y una cosa que no cuadra: ¡más de un viandante va con chaqueta! La escena tiene lugar en Prades, Baix Camp. Aquí, a 940 metros sobre el nivel del mar, presumen de dormir todo el año con manta. De hecho, hace unos días, cuando la provincia se achicharraba en plena ola de calor y Vinebre marcaba la temperatura más alta de toda Catalunya, 41 grados, Prades ostentaba la cuarta temperatura más baja, 11,9 grados. La alcaldesa, Lidia Bargas, que reconoce que todavía duerme con el nórdico «de verano», cuenta que, sin duda, el clima es de las cosas que más atraen a los turistas que vienen al pueblo y a otros veraneantes que tienen casa aquí.

De hecho, el municipio, donde hay empadronadas  unas 600 personas, multiplica por diez sus habitantes en verano. Sólo entre el cámping, los hoteles y casas rurales, el municipio cuenta con 1.140 camas.  Un turismo que, explica Bargas, el pueblo tiene muy asumido y que es de marcado carácter familiar.

Aquí también se incluyen los que tienen casa en el pueblo y que vienen de Tarragona, Reus, Lleida, Barcelona... Es el caso de Francisco Caballé, de Barcelona, quien cuenta que estar aquí es un alivio (él también va con chaqueta) porque en la ciudad se ahogaban.

En la última ola de calor aquí dormían tranquilos con 11,9 grados

Y es que aquí no se puede salir sin «la rebequita», como corrobora un grupo de señoras en torno a la mesa de uno de los cafés que rodean la plaza. Maria Mercé Lladó, la mujer del tiempo particular del grupo, ya ha hecho el ritual de cada mañana: ha sacado el dedo a ver de dónde sopla el viento y ha confirmado el dato con la veleta de la iglesia... Aunque no lo parezca el dato es importante, según de dónde sople el viento, se instalan en uno u otro lado de la plaza.

En el pueblo son muy aficionados a la meteorología y la gente está atenta a la veleta a ver de dónde sopla el viento.

A pocos metros, Maria Rosa Mariné, de la tienda que todos conocen como El Corte Inglés, donde se encuentran desde patatas hasta souvenirs, una de las cosas que venden todo el año son las mantas y los jerseys por si algún turista despistado no ha venido bien equipado.

Aunque también los hay valientes, como la familia Sánchez Moya, de Barcelona, con su hija de dos años, los primeros en llegar a la piscina municipal. Aseguran que tienen intención de bañarse. Tocamos el agua y calculamos unos 15 grados, pero al parecer el hecho de que esté «fresquita» no impide que la gente se bañe, según corroboran la socorrista y el responsable de la piscina.

A pleno mediodía es fácil ver manga corta y manga larga según se esté al sol o a la sombra.

 

Eso sí, si no conoce Prades, sepa que la arquitectura del pueblo y las montañas de los alrededores cuentan con muchos encantos más allá del clima que ameritan una visita. Un ejemplo: desde el año pasado es ‘Vila Florida’, una distinción que promueve la Confederación de Horticultura Ornamental de Catalunya para reconocer a los municipios que trabajan en la transformación de los espacios públicos a través de la jardinería.
Además,  si se atreve a recorrer la carretera de curvas que lleva al pueblo, esta semana se encontrará con los jóvenes músicos que se encuentran reunidos en el curso de clarinete Joan Plaja. Cada día, hasta el sábado, 

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