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Prohibido menstruar en el trabajo

Una guardia civil ha sido apercibida por ir al baño a ponerse una compresa. Tratos denigrantes aparte, hablar de menstruaciones y compresas en el trabajo está lejos de verse como algo natural

Norián Muñoz

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La foto que seguramente nunca verá en el escritorio de una oficina: los tampones ´conviviendo´ con naturalidad con los lápices y el material de oficina. foto: Pere Ferré

La foto que seguramente nunca verá en el escritorio de una oficina: los tampones ´conviviendo´ con naturalidad con los lápices y el material de oficina. foto: Pere Ferré

Esta semana se ha sabido que una guardia civil ha pedido que se active el protocolo de acoso laboral por la actuación de un teniente que la expeditó por ausentarse unos minutos de su puesto de vigilancia para ir al baño porque le había bajado la regla.

Los hechos ocurrieron precisamente el pasado 8 de marzo, Día de la Mujer, cuando estaba destinada a la vigilancia a bordo de un coche patrulla.

Según su abogado, cuando la guardia volvió del cuarto de baño se encontró con un teniente que le dijo a gritos: «A mí no me cuentes milongas, vas al baño antes o después del punto de control pero no durante». A la mujer se le abrió un expediente por el que podría ser sancionada con cuatro días sin sueldo.

Hablar entre susurros

Pero tratos denigrantes aparte, el caso ha puesto de manifiesto una realidad irrefutable: la menstruación visita a la mitad de la población una vez al mes durante al menos 35 años, pero todavía se habla de ella en susurros.

Nunca olvidaré el día que no encontraba palabras para explicarle a mi jefe, mientras cubría una protesta que estaba durando varias horas, que necesitaba volver a la redacción porque me había llegado de improviso la regla y sentía que me empapaba. Ese día me salvó la campana, hubo una carga policial, la manifestación se disolvió y pude regresar momentáneamente a la oficina.

No me ha vuelto a pasar, pero de vez en cuando, cuando tengo una regla más dolorosa de lo habitual y el dolor me llega hasta las rodillas, me pregunto: ¿Será que solo me pasa a mí? ¿Ninguna otra compañera ha tenido miedo de manchar la silla durante una reunión que se hace eterna?

Nadie habla de ello; ni siquiera quienes sufren endometriosis, una enfermedad en la que la regla se convierte en tortura. «Siento dolores de parto cada mes», me comentaba una de ellas.

Acabar con la invisibilidad

Pero, ¿por qué es tan invisible algo tan común? Georgina Mercadé, de la asociación Cercle de Dones Lliri de Mar, cree que nos cuesta tanto hablar de ello porque «la menstruación nos recuerda que somos cíclicos, no lineales como el sistema de producción en el que estamos».

Apunta que, aunque lo neguemos, la naturaleza tiene unos ciclos naturales, «los árboles no producen en invierno», ejemplifica, pero si se respetan los ciclos, cuando llega el momento de producir se produce más.

No obstante, la propia Georgina reconoce que la solución pasaría por cambiar hacia un sistema económico más respetuoso con la naturaleza.

En lo que sí están poniendo un pequeño granito de arena en la asociación es en lo que se refiere a naturalizar el tema. Ella junto a otra compañera acude desde este curso a las escuelas de Tarragona a dar charlas sobre la menstruación a niñas y niños.

Baja laboral sí, o baja no

La otra gran pregunta es: ¿debería haber una baja específica para que las mujeres que sufren dolores intensos durante la regla puedan ausentarse del trabajo?

El debate lo sirvió hace unas semanas Italia. Allí el Partido Democrático propuso un proyecto de ley para obligar a las empresas a garantizar tres días de permiso pagado cada mes a las empleadas que certifiquen con un informe médico que sufren dolores menstruales.

Algunos países como Japón, Corea del Sur, Taiwán e Indonesia, también tienen permisos similares, pero en la práctica muchas mujeres no los usan porque las empresas no contemplan sustitutos para esos días, con lo que, entre otras cosas, temen sobrecargar a sus compañeros de trabajo.

En Italia la propuesta fue celebrada y criticada a partes iguales. Incluso entre los partidarios del permiso surgía la duda de si una medida así podría representar otra excusa para que los empleadores no contraten a las mujeres en primer lugar.

Lo dicho, que visibilizar la regla queda lejos, especialmente en el trabajo y con la concepción machista arraigada de que los cambios que puede causar la menstruación (y digo ‘puede’ porque no hay dos mujeres iguales) nos impide tomar decisiones o lidiar con las situaciones del trabajo.

El debate acerca del rendimiento de una mujer mientras menstrúa tuvo su pico de gloria durante los últimos Juegos Olímpicos. Una nadadora china le dijo a una entrevistadora, en vivo y mientras se doblaba del dolor, que no había podido dar lo mejor de sí porque «le había venido» y se sentía débil y agotada (el vídeo tuvo más de un millón de reproducciones en YouTube).

Por lo pronto siento que en la oficina hemos dado un pasito. Necesitábamos compresas y tampones para una foto y allí salieron compañeras solidarias a ofrecerlas. Las pusimos en el escritorio. Y no pasó nada. Bueno sí pasó: los compañeros comenzaron a hablar de las reglas de sus hermanas, de sus parejas... Lo más natural.

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