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¿Qué es el estrés vacacional?

Durante el año laboral viajamos con la mente a lugares paradisíacos y fantaseamos con nuestras vacaciones. ¿Por qué una vez han llegado no somos capaces de disfrutarlas?
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Las vacaciones son una época para olvidarse del teléfono móvil y el reloj y desconectar. Foto: Lluís Milián

Las vacaciones son una época para olvidarse del teléfono móvil y el reloj y desconectar. Foto: Lluís Milián

En los últimos años un nuevo tema de discusión ha aparecido entre nosotros para hacerse un hueco y convertirse en recurrente. Algunos lo catalogarán de ‘problema de ricos’, incluso habrá otros que lo consideren una exageración o inexistente. Nuestro punto de vista es el de que, si se habla tanto de algo - y no se trata de si un vestido es de color azul o dorado - merece la pena que sea tratado. Estamos hablando del ‘estrés vacacional’ o mejor dicho, de la incapacidad de desconectar del mismo durante el período de descanso que nos hemos ganado durante el año laboral. Según un estudio realizado por Randstad, un 28% de los españoles (por encima del 25% de media europeo) no consiguen desconectar del trabajo durante sus vacaciones. Todos hemos escuchado aquello de que lo mejor para descansar es alejar el móvil de nuestras vidas, desenchufarnos de cualquier red social a la que nos sintamos atados e irnos a lo más alto de la montaña a ‘no pensar en nada’. Por desgracia esto no es tan sencillo y algunos especialistas como la doctora Mertxe Pasamontes, del podcast Psicología y Coaching, lo justifican de la siguiente manera: «en momentos de crisis como los actuales, donde asumimos una gran cantidad de responsabilidad en nuestros puestos de trabajo, nos resulta mucho más difícil el atrevernos a delegar en otra persona»; por eso, propone «cerrar temas antes de marcharnos» y «dejar algún responsable, una persona de confianza que pueda contactarnos en caso de emergencia». Otros expertos, como el licenciado en psicología por la Universidad del País Vasco Alberto Barrios, recomienda el cambio de escenario y rutinas no ya sólo en nuestras vacaciones, sino también durante el resto del año «entrenando el cuerpo y la mente». «Lo saludable es disfrutar de unas minivacaciones todos los fines de semana del año. Así, cuando llegue el tiempo de descanso, desconectaremos de forma natural».

Es importante no confundir el concepto ‘cambio de escenario’ con el conocido como ‘kilómetro sentimental’, la ridiculez de pensar que, a más kilómetros de lejanía física con respecto a nuestro día a día, mayor desconexión con los problemas del trabajo o de la típica historia de amor no correspondido. No se trata de estar en Cuenca disfrutando en familia de esas patatas fritas del buffet que tan buena pinta tienen - y recuerda, que tan malas son para tu colesterol - e ir consultando en la lejanía, con ojos bizcos y enrojecidos por el llanto, si ha aparecido alguna notificación, email o whatsapp en la pantalla de tu ‘smartphone’.

 

Centrarse en una acción

De lo que realmente se trata es de ‘enfocar’ el pensamiento en la o las actividades en que hayamos decidido invertir nuestro tiempo de vacaciones. Un ejemplo: hemos acordado con nuestra pareja un paseo diario por la playa, después del desayuno, para poder disfrutar de la tranquilidad de la mañana mientras mojamos los pies con las primeras olas del día. El objetivo es centrarse en eso, en la misma acción de andar por la arena, en la humedad fresca del agua al entrar en contacto con las plantas de nuestros pies, en definitiva; en el hecho de que estamos disfrutando de un paseo matutino al borde del mar. ¿Cuál es el objetivo? Desconectar de todo ese pensamiento responsable y estresante que aparece de forma automática e inevitable en nuestra cabeza. En palabras del doctor Mario Alonso Puig, «la rumiación es lo que no nos deja desconectar». Según Puig, hay que conseguir enfocarse en «no hacer nada» y presenta el concepto de la ‘absorción’, que consiste en «hacer algo que atrae tanto tu atención que te separa del pensamiento. Sólo te centras en el presente sin pensar en qué tendrás que hacer mañana».

Hay que aceptar el hecho de que vivimos en una sociedad que premia la velocidad, el ‘hacer muchas cosas en el menor tiempo posible’, en la que, desde que aparecieron todas estas filosofías según las cuales si deseas mucho algo el universo conspirará para que suceda - gracias por tanto señor Coelho -, el objetivo primordial impuesto, y digo impuesto, a cualquier ser humano ha sido el de encontrar la felicidad, por lo que ha terminado convirtiéndose en una especie de ‘obligación’ que cuando no se logra genera frustración. Disfrutar cuando te lo piden no es sencillo.

Finalmente, la desconexión en verano, o la búsqueda de la felicidad o llámese como se llame lo que estemos buscando se trata de algo personal. Dependerá de nuestra personalidad, de nuestras perspectivas de futuro, de si creemos necesitarlo más o menos… Por otra parte, la opción de cambiar por un par de semanas el decorado parece óptima para renovar energías y variar con respecto a la rutina del resto del año. Cómo de adelante quieras llevar este cambio es una decisión propia. No estigmaticemos al que disfruta charlando con sus amigos por ‘guasap’ ni al que cierra el móvil en una caja de seguridad durante todo el verano y tira la contraseña al mar. A veces, la felicidad consiste en algo tan sencillo como pasar el día en la calle disfrutando de las pachangas que echábamos de pequeños y en las que, hubiese el resultado que hubiese, el partido siempre se decidía con la frase:«el que meta el último, gana».

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