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Seis árbitras a por la élite

Así se preparan las catalanas que sueñan con arbitrar en primera femenina

Ginés Muñoz/EFE

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Ainara Andrea Acevedo, Mariona Peralta, Ylenia Sánchez, Matilde Esteves-García, Cristina Mateo y Paula Líndez, las seis catalanas que aspiran a dirigir en Primera Femenina. foto: EFE

Ainara Andrea Acevedo, Mariona Peralta, Ylenia Sánchez, Matilde Esteves-García, Cristina Mateo y Paula Líndez, las seis catalanas que aspiran a dirigir en Primera Femenina. foto: EFE

Ainara Acevedo, Ylenia Sánchez, Paula Líndez, Matilde Esteves-García, Mariona Peralta y Cristina Mateo. Recuerden sus nombres, porque son las seis mejores árbitras de Catalunya, las seis catalanas que aspiran a dirigir los partidos de la Primera División Femenina la próxima temporada.

Y es que, a partir de la campaña 2017-18, La Liga Iberdrola estará arbitrada íntegramente por mujeres. Un total de 45 árbitras, procedentes de los veinte comités territoriales que hay en España, pelean por una veintena de plazas.

El sueño se materializará o no el fin de semana del 17 y 18 de junio, en Madrid, donde se celebrarán las pruebas de selección para arbitrar en Primera División, pero empezó en septiembre pasado.

«Ahí fue cuando iniciamos un proyecto para preparar a las chicas, tanto técnica como físicamente. Empezamos con 33 árbitras, en una segunda fase el grupo se redujo en 14 y, de esas, han quedado estas 6, las seis mejores de Catalunya», explica orgulloso Julio Sierra, responsable de arbitraje femenino del Comité Catalán de Árbitros.

Pruebas exigentes

En Madrid se someterán a un completo examen en el que deberán demostrar sus conocimientos sobre las reglas de juego, su habilidad en la redacción de actas e incluso su nivel de inglés.

Y las pruebas físicas serán las mismas a las que se someten los árbitros que aspiran a dirigir los partidos de LaLiga Santander: velocidad (6 series de 40 metros), resistencia (2.000 metros) y agilidad (en un circuito cuadrado de 50 metros por lado).

Las árbitras catalanas llegan a la cita «muy bien preparadas», destaca Sierra. Y es que, cuando finalicen la concentración madrileña, habrán pasado media docena de test durante esta temporada.

Las pruebas físicas que deberán aprobar son las mismas que las de sus compañeros hombres. Foto: efe

«Lo que están pidiendo para la Liga Iberdrola son atletas. El salto será grande y nos estamos preparando a conciencia, porque nos exigen como a profesionales», destaca Ainara.

Su compañera Paula detalla cómo han trabajado durante todo el año para llegar a la cita en plena forma: «Nos entrenamos entre dos o tres días por semana. Un día de rodaje largo, 45 o 50 minutos corriendo, y un par de días más en pista haciendo velocidad: seis series de 300, a 1:00 o 1:05, y luego tiradas más largas, de 1.200, 700, o 500 metros. A eso le has de sumar el fin de semana de partidos, porque todas arbitramos los dos días, doblando mañana y tarde».

Las seis aspirantes tienen entre 21 y 29 años y una experiencia de entre cuatro y cinco años en el arbitraje, que ejercen entre la Primera y la Tercera Catalana.

A él llegaron por casualidad. «Creo que  poca gente quiere ser árbitro desde pequeño. La mayoría, como yo, van a probar, y se enganchan», apunta Matilde.

A esta estudiante del último curso de Farmacia la enganchó Ainara. «Ella nos animó a mí y a otra amiga a que fuéramos a probar...  La verdad es que me encantó», recuerda.

El año que viene la liga femenina será arbitrada por mujeres

Matilde reconoce que el contacto con los jugadores y el público que acude a los partidos no acostumbra a aportarle cosas positivas, «pero sí la relación con los compañeros, las experiencias en pruebas o los momentos en el vestuario».

Ainara empezó a arbitrar con 19 años «por casualidad». Jugaba en el San Gabriel de la Segunda División y, un día, vio un cartel colgado en un corcho en la universidad.

«Pensé que, si conocía mejor el reglamento, podría ser mejor jugadora pero, una vez dentro del Comité, descubrí un mundo que me sorprendió. Tenía delante de mí nuevas ilusiones y una nueva carrera deportiva a la que poderme dedicar», explica.

Ainara tuvo que elegir entre jugar o arbitrar, ya que, por edad, el reglamento no le permitía compaginar ambas actividades. Y escogió el silbato.

«Descubrí que tenía que mejorar como persona para ser buena árbitra, ser más valiente y también más abierta socialmente, porque era muy tímida, y el arbitraje me ha servido para mejorar todo esto», señala.

«A mí, como Ainara, el arbitraje me ayudado un montón. Yo era supercerrada, me costaba abrirme a la gente. Luego descubrí el sacrificio, el compromiso o el compañerismo, una serie de atributos que en el fútbol no había encontrado», explica Cristina, que se convirtió en colegiada después de que miembros del Comité Catalán vinieran a dar una charla al club donde jugaba, el Sant Vicenç de Montalt.

Mariona reconoce que tampoco se habían planteado «nunca» ser árbitra, hasta que fue a acompañar a una del equipo a una de esas charlas informativas que organiza la federación catalana.

A partir de ahí, empezó a desarrollar el instinto: «Cuando fallas en una decisión, lo sabes. No hace falta ver la cara de ningún jugador para darte cuenta. El fútbol te lo chiva todo, pero lo que no debes hacer nunca es compensar».

Las seis son conscientes de que están ante un gran oportunidad de llegar de golpe a la élite. «Lo estamos dando todo, porque sabemos que éste es el año, que en los siguientes será más difícil entrar», advierte Ylenia.

Además, la Liga Iberdrola les abre la puerta del arbitraje internacional. «Las que estemos allí podremos luchar por una de las cuatro plazas de árbitra FIFA que tiene España. Eso te abre todo un abanico de experiencias para viajar por el mundo, poder ir al Campeonato de Europa y del Mundo sub-21 o sub-18 y posiblemente a los Juegos Olímpicos», apunta ilusionada Ainara.

El sueño de ser árbitras profesionales, de ganarse la vida como colegiadas, aun les queda lejos -en la Primera División Femenina cobrarán como un árbitro de Segunda B Masculina- y saben que compaginar su vida personal y laboral, en esta nueva etapa, les será aun más difícil. Pero con todo, están convencidas de que el sacrificio vale la pena.

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