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Silencios y tabúes de la dictadura comunista

La actriz vilasecana Arantzazu Ruiz lleva al Teatre el Magatzem la obra ‘Una casa a l’est’. Es una producción de Col·lectiu La Santa

Javier Díaz

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Arantzazu Ruiz y Adrià Olay, en una escena de ‘Una casa a l’est’. FOTO: CEDIDA

Arantzazu Ruiz y Adrià Olay, en una escena de ‘Una casa a l’est’. FOTO: CEDIDA

«El teatro siempre está en diálogo con el público y con su tiempo. Más que reivindicar, debería generar debate y hacernos preguntas. Pero no queremos dar lecciones ni discursos», afirma Arantzazu Ruiz. La actriz de Vila-seca protagoniza la obra Una casa a l’est, que este sábado (20.30 horas) llega al Teatre el Magatzem de Tarragona. La función está basada en historias y anécdotas de su autora y dramaturga, Laura Mihon, que en 1992, con cuatro años, llegó a España con sus padres procedente de Bucarest. Hacía tres años que había caído la dictadura comunista de Ceaucescu.

«Por desgracia, hablar de personas bajo un régimen dictatorial y de control sigue estando vigente. Tratamos de hacernos preguntas y romper ciertos estereotipos sobre Rumanía, país del que no sabemos mucho pese a tener muchas cosas en común y una gran comunidad rumana aquí. Pero, sobre todo, queremos emocionar al espectador, hacerle entender y disfrutar», señala Ruiz.

La trama se centra en Monica (Arantzazu Ruiz) y Florentin (Adrià Olay), hijos de emigrados de ese país, criados en Occidente, que vuelven para vaciar la casa que sus padres han decidido poner a la venta. Este viaje despierta en Monica el deseo de investigar el pasado de su familia, del cual casi no se ha hablado en casa, y que la dictadura ha llenado de silencios y tabúes.

El nuevo gobierno permite la consulta de los archivos personales: miles de carpetas y doce kilómetros de pasillos llenos de historias y secretos proporcionados por delatores que colaboraron voluntariamente con el régimen. 

Seriedad, risa y optimismo

«Escenas del pasado y presente de la familia se suceden en la casa y se entrecruzan con breves historias que un archivero (Pau Sastre) desentierra de entre los miles de dosieres. El tema es serio, pero también hay lugar para la risa y el optimismo. Para la esperanza. Movernos en dos épocas históricas nos da mucho juego escénico y dinamismo», avanza Ruiz. 

La obra habla de los espacios íntimos, de las historias que se desarrollan en cuatro paredes, y de cómo las decisiones políticas y el contexto social modifica e incide en la vida de las personas. 

No es autobiográfica, apunta Mihon, aunque está inspirada en la iniciativa del gobierno de Rumanía, en 2005, de permitir a cualquier ciudadano consultar su dosier personal del régimen, si es que lo tenía. «Este hecho cambió la vida de muchas personas que encontraron en estos documentos testimonios de delatores, algunos conocidos e incluso familiares cercanos que nunca habrían imaginado», explica la dramaturga.

Una casa a l’est es una producción de Col·lectiu La Santa, creado en septiembre de 2012 por Arantzazu Ruiz, Adrià Olay y Anna Lorente -posteriormente se sumó Laura Mihon. El montaje se estrenó con éxito en el Teatre Tantarantana de Barcelona el pasado enero.

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