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Tatyana Plachkinova, campeona de ajedrez en Bulgaria: "Mi madre no me dejaba ganar una partida"

La profesora de ajedrez búlgara cuenta cómo fue su infancia entre torneos y habla de lo que este deporte puede darles a los niños

Norián Muñoz

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Tatyana vive en Tarragona. Foto: Lluís Milián

Tatyana vive en Tarragona. Foto: Lluís Milián

Tatyana comenzó a jugar al ajedrez con siete años justamente como eso, como un juego, con su madre, que no le dejaba ganar ni una. Para no escuchar sus berrinches, su padre le dio algunas clases y al cabo de un mes era ella la que no le daba tregua a su madre.

Comenzaron a apuntarla a torneos y a los nueve años ya había ganado el primero. A los 10 consiguió ser campeona de su país en su categoría, un título que fue renovando ininterrumpidamente durante 10 años.

A pesar de los triunfos, su madre le dejó claro que lo primero eran los estudios; si no había buenas notas no había ajedrez, así que aprendió pronto a organizarse para estudiar y hacer los deberes.

Pero no lo cuenta con pesar; al contrario, dice el ajedrez también ha sido una gran escuela personal. «Para un niño es maravilloso poder viajar tanto, conocer tantas personas y culturas... Hoy tengo amigos repartidos por el mundo», relata. Justo a esos viajes debe en buena parte su dominio de idiomas (habla 7), a lo cual no le da más mérito. «Uno habla los idiomas que necesita», dice, a la par que cuenta que después de saber tres idiomas lo demás es sencillo.

Enamorada de España

Trae a la entrevista los artículos de prensa, fotos y revistas que durante años fue guardando cuidadosamente su madre. En una de ellas su contrincante es una niña de pelo largo, «hoy es la ministra de Finanzas de Lituania, Dana Reizniece-Ozola, y el año pasado derrotó a la campeona del mundo, la china Yifan Hou...¡Y es madre de cuatro niños!», relata.

El primer contacto de Tatyana con España fue en un campeonato sub-16 en Menorca. «Me encantó, yo ya estudiaba castellano en la escuela, pero no había tenido la oportunidad de practicarlo... Me parecieron todos tan simpáticos, tan abiertos».

A su marido, israelí y también ajedrecista de renombre, Arthur Kogan (es gran maestro y entrenador, entre otros, de la selección olímpica italiana), le conoció en un torneo en Cannes. La siguiente vez que se encontraron fue en otro torneo, esta vez en Salou. Allí fue el flechazo definitivo y además decidieron quedarse aquí a vivir. Tatyana tuvo a Carolina, su primera hija, a los 23, y decidió aparcar momentáneamente la competición a alto nivel, aunque el ajedrez sigue en el centro de su vida.

Da clases a niños desde seis años en diferentes escuelas y además es la presidenta del club Escola d’Escacs Salou. El club fue fundado hace apenas cinco años y desde entonces cada año ha conseguido subir de categoría hasta llegar a la primera actual.

Cuando se le pregunta qué aporta el ajedrez a los niños, la enumeración es larga, comenzando por la concentración y la paciencia. Es para todos, asegura, incluso para los niños con déficit de atención, «les cuesta más concentrarse, pero a cambio suelen ser muy listos y originales».

La otra gran lección es ser responsable de las acciones, saber que cada movimiento tiene una consecuencia y además aprender a aceptar los resultados con deportividad y aprender de los errores.

Es una firme defensora del ajedrez en la escuela, pero entre las horas lectivas, como hacen en otros países. Eso sí, formando al profesorado y sin perder el carácter lúdico. «Si el niño no está motivado el problema es del profesor, los niños siempre son niños».

Pero para aprender no hay edad. Ha tenido alumnos de hasta 70 años que comenzaban de cero. «Es una de las ventajas de este deporte, que sólo importa la cabeza».

Y tampoco hay género. Reconoce que hay mucho debate sobre si mujeres y hombres deberían enfrentarse (ya algunas lo hacen). Piensa que hombres y mujeres tienen una estructura de pensamiento diferente y se nota en el tablero, «y es maravilloso, es cuestión de saber aprovechar las ventajas de cada uno», asegura.

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