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‘Traduje ‘Harry Potter’ en las catacumbas de una universidad’

Laura Escorihuela, vecina de Castellvell, pasó al catalán los cuatro primeros libros del mago

Javier Díaz

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Laura Escorihuela, en el despacho de su casa

Laura Escorihuela, en el despacho de su casa

Apenas cuatro periodistas asistieron a la presentación en Barcelona del primer libro de Harry Potter. Hace veinte años, poca gente había oído hablar de este joven mago. Ymenos aún de su autora, la inglesa J.K. Rowling. La charla que dio ese día en el  Instituto Británico de la Ciudad Condal sólo reunió a cincuenta personas. Ahora desata la locura por donde pasa. Laura Escorihuela fue a aquel acto. Tenía 23 años y acababa de traducir al catalán el primer volumen de la saga, publicado por la editorial Empúries.

«El editor Ernest Folch fue meses antes a la feria de literatura infantil y juvenil de Bolonia y volvió con los derechos de ese libro.  ‘Parece que va a tener éxito’, dijo. Pagó un millón de pesetas, que era mucho dinero», recuerda Escorihuela.

Ella estudiaba Traducción e Interpretación en la Universitat Pompeu Fabra y compartía piso en Barcelona con Folch. Ya había traducido para su editorial el guión de la película Jackie Brown de Quentin Tarantino. Esta vez le confío Harry Potter i la pedra filosofal. Era 1996 y tenía cinco meses por delante para hacerlo. Sin prisa. Lo realizó durante su estancia de Erasmus en Francia. 
J.K. Rowling escribió el libro en una cafetería de Edimburgo que le permitía estar allí toda la tarde con un café –iba apurada económicamente–. Y Escorihuela lo tradujo «en las catacumbas de la universidad de Lyon». «Como no tenía ordenador portátil, iba a la sala de informática. El problema es que el teclado francés no permite los mismos acentos que el catalán, así que le  pedí al responsable de la sala que me instalara un teclado virtual en catalán. Me miró con cara de flipado, pero lo hizo. Si hubiese tenido que poner los acentos después de traducir 250 páginas, habría sido una ruina».
 

Escorihuela también pasó al catalán los tres libros siguientes: El llegat maleït, L’orde del Fènix y La cambra secreta. Con el segundo tuvo que ir a toda pastilla. La edición en castellano salía en dos meses y, para no quedarse atrás, Empúries le dio sólo treinta días para tenerlo listo. «Hice cuentas y me salieron unas trece páginas diarias. Me propuse que no me iría a dormir hasta que las tuviera terminadas y acabé trabajando de siete de la tarde a siete de la mañana. Me ponía el libro delante y lo iba traduciendo en el ordenador. Suerte que había hecho un curso de mecanografía». 

Y suerte que es una persona noctámbula. «Mi cuerpo no se despertaba hasta la seis de la tarde, así que no me costaba llevar ese horario». El tercer volumen, que es «un tocharro», se lo ventiló en mes y medio.

Cuando leyó el primero en catalán –de su puño y letra– se emocionó.  «Lloré cuando Harry Potter está en la clínica y Lord Voldemort le cuenta la historia de sus padres. Al leerlo en mi lengua me llegó más al corazón». Asegura que se ha convertido en la «fan número uno»de las historias de este mago, pero solo ha visto las dos primeras películas.

«No me gusta el género», confiesa. Y las vio para ver qué había hecho Warner con los nombres de los personajes que ella había traducido en los libros. «Usó mis nombres sin permiso», lamenta.

Los apelativo de los personajes no son triviales, aportan información importante sobre cada uno, así que Escorihuela decidió darles una vuelta. Invitaba a sus amigos en casa y hacían una lluvia de ideas. «A Peter Petigrew, el tipo que traiciona a los padres de Harry Potter, le puse Ben Babbaw. Transmite que es el tonto de la película», concluye.

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