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Uber en España, o la historia de un tropiezo

Román Romero

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Foto: Cedida

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Barcelona fue la primera localización en la que Uber, el servicio que mediante una aplicación conecta a pasajeros y conductores para realizar trayectos, comenzó su andadura en España. Y no se puede decir que su aterrizaje en la Ciudad Condal, en abril de 2014, estuviera exento de turbulencias. Las protestas de taxistas por este servicio ya estaban servidas incluso antes de su llegada.

Porque, con la verdad por delante, la teoría del funcionamiento de este servicio dista bastante de lo que, al final, se llevaba a la práctica. Con la loable premisa de que compartir auto entre varias personas redunda en beneficios tanto para el medio ambiente como para la descongestión del tráfico, muchos defendían, sobre todo sus beneficiarios, este servicio a capa y espada.

Pero si bien la idea principal era la de aunar recorridos de automóviles con personas cuyo destino estuviera en ese camino, actuando el propietario del coche y conductor como un componente más en el reparto de gastos, al final quedó patente que los coches implicados en Uber, si no todos sí muchos de ellos, actuaban al fin y al cabo como taxis piratas. Ajustar los precios cuando no hay de por medio pagos de impuestos o de licencias es una tarea fácil. El plato de la competencia desleal estaba, por ende, servido.

Uber, en España, tropezaba y tropezaba. Muchos se preguntaban por qué otras empresas como Blacklane, con aparentemente idéntico servicio, no tenían problema alguno con otros gremios o autoridades, lo que no tenían en cuenta es que, esta start up berlinesa, aún sin tener tampoco su propia flota de vehículos, conecta a usuarios con conductores profesionales, y hace uso de empresas de chóferes de cada ciudad en la que opera. Detalles más que significativos.

El batacazo final llegó con la llegada de Uber a la capital de España. A pesar de los claros contratiempos sufridos, la compañía decidió comenzar a trabajar en Madrid el 23 de septiembre de 2014. Lo demás es historia- como Uber en España-, la lucha de los conductores profesionales se intensificó y dio su fruto. El primer día del año 2015, pocas semanas después de que el Juzgado de lo Mercantil decretara su cierre, Uber ya estaba inoperativo en el país.

 

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