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Un monasterio dedicado a la mente en Reus

Una visita teatralizada muestra el estilo modernista del Institut Pere Mata de Reus y cómo era la sociedad de principios del siglo XX

Javier Díaz

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Un instante de la visita teatralizada. Foto Javier Dïaz

Un instante de la visita teatralizada. Foto Javier Dïaz

Angeleta es una incontinente verbal. Conoce los chismorreos de la burguesía reusense de principios del siglo XX y no se los calla. Dice que hubo un abogado muy importante de la ciudad ingresado en el Institut Pere Mata. «Tenía una adicción... y no me tiren más de la lengua». Otro ricachón tenía un chófer todo el día en la puerta por si en algún momento le daban el alta. Era la época del Reus-París-Londres. De las fortunas amasadas en torno a la industria textil y el vermut. 
Angeleta es la anfitriona de una visita teatralizada al Pavelló del Distingits de este psiquiátrico diseñado por el arquitecto barcelonés Lluís Domènech i Montaner. Su construcción, entre 1897 y 1912, marcó el inicio de la brillante etapa modernista de Reus. 

«El Institut Pere Mata, aparte de ser una joya de nuestro modernismo y una obra de referencia obligada de Domènech i Montaner, refleja a la perfección el espíritu emprendedor de los reusenses que hicieron de Reus la segunda ciudad de Catalunya y un referente en el país», explica Albert  Morelló, codirector de Còdul Educació, empresa organizadora de esta visita.

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Fachada del edificio

El Pavelló dels Distingits, que acogía a enfermos adinerados, dejó de funcionar en 1984. Era una suerte de «monasterio dedicado a la mente», dice Morelló. Como un lugar de retiro vacacional. Con sala de juegos, un amplio salón, comedor y habitaciones con baño propio.  Las paredes están decoradas con  motivos florales –Domènech i Montaner era una gran aficionado a la botánica– y de sus altos techos cuelgan voluminosas lámparas. Se conserva gran parte del mobiliario original. 

Los espejos escasean y los que hay, básicamente en los excusados, son casi opacos para evitar que los pacientes apreciasen su degradación física. Las esquinas son redondas y no hay agujero en la escalera. Cualquier precaución era poca

Los internos no tenían la sensación de estar hospitalizados, más bien se encontraban como en un hotel. Pero en realidad estaban ‘enjaulados’. Las ventanas de vidrio están reforzadas con rejas de hierro para que no pudieran escapar. El jardín privado –por donde ahora se accede al pabellón– era su válvula de escape: aire puro y trinar de pájaros. Estaba cercado una valla infranqueable para eludir tentaciones de fuga. «Quizá lo que más llama la atención a los visitantes es la gran belleza que se respira  y que dispuso de los planteamientos terapéuticos más avanzados del momento», explica Morelló. 

Las ventanas de vidrio están reforzadas con rejas de hierro

La visita de Còdol Educació es un viaje al pasado, a allá por 1913. La charlatana Angeleta es la mayordoma del psiquiátrico de entonces. Una mujer muy de la época, conservadora y recatada, tanto de pensamiento como de forma de vestir. Guía a los asistentes por las distintas estancias del edificio, incluido el pasillo que conecta los pabellones de hombres y mujeres.  Los internos estaban divididos por sexo y también por cuenta corriente. No todos tenían tantas comodidades como los del Pavelló dels Distinguits. Había de primera, segunda y tercera clase y los de beneficiencia.

El paseo concluye con un espléndido recital de música muy de inicios del siglo XX, a cargo de una soprano y un pianista, y un aperitivo con un vermut en el jardín.

Visitas teatralizadas:

Cuándo el sábado 12 de agosto y el tercer sábado de cada mes.
Inicio: 12.00 horas
Duración: 2 horas
Precio: 14 euros (hay descuentos para familias numerosas, maestros, jubilados y niños).
Más información y reservas en www.codoleducacio.com

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