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Un paseo por Tarragona en miniatura

MiniTarraco, en El Catllar, ofrece la oportunidad de sentirse como Gulliver paseando entre los edificios más emblemáticos de la ciudad

Norian Muñoz

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Maceras con algunos de los monumentos en miniatura. Fotos: Lluís Milián

Maceras con algunos de los monumentos en miniatura. Fotos: Lluís Milián

La Catedral de Tarragona, el Circo Romano, el Amfiteatre, la Torre del Pretori, la Iglesia de Sant pere de El Serrallo, el Pont del Diable, parte de la muralla con la Torre de l’Arquebisbe... Y así hasta once monumentos emblemáticos de la ciudad conviviendo en un solo jardín. ¿Que cómo es posible? Pues porque son las reproducciones a pequeña escala que pueden verse en la finca MiniTarraco de El Catllar. 

Este pequeño museo-espacio lúdico es obra del trabajo entusiasta de Wenceslao Maceras (Wences), quien decidió hace unos años poner en valor todas las reproducciones de edificios que su padre, ya fallecido, construyó como afición durante años. Para ello aprovechó la finca familiar ‘La Ponderosa’ (bautizada igual que la de la serie Bonanza) para montar su proyecto. 

La finca,  a la sombra de altos pinos, fue durante años el lugar de encuentros familiares de fin de semana y sólo allegados y amigos  habían podido ver las pequeñas obras de arte. Hoy el sitio, que se puede visitar previa reserva, cuenta como principal reclamo justamente las reproducciones, muy detalladas, de los edificios. Fueron construidas con materiales  sencillos: madera,  ladrillos, tejas, piedras de la playa... Y luego  revestidas con sulfato de hierro para darles un color similar a la piedra. De hecho, la última iglesia, la de El Catllar, que se quedó a medio construir, permite hacerse una idea de cómo trabajaba Wenceslao padre.

Jugar sin wifi

Más allá del tiempo que el visitante quiera recrearse en la vista de las reproducciones, la visita, si es con niños, se completa con una zona de excavaciones; un arenal donde los niños, con palas y otros utensilios, pueden hacer de arqueólogos. Aquí podrán excavar y encontrarse desde un ánfora romana hasta una corona, todos objetos que tienen relación con alguno de los monumentos.

Además, justo al lado hay una zona donde los niños pueden probar juegos tradicionales con los que se divertían sus padres y sus abuelos y que en realidad han sido heredados de los romanos. «Los niños se quedan pensando cuando les digo que los niños romanos no tenían electricidad ni wifi, así que no jugaban con móviles ni maquinitas», cuenta.

En verano abre de tarde-noche para barbacoas y ‘cenas de mochila’ 

Así pues, aquí la propuesta es igual de sencilla que en el resto del conjunto: un juego de ‘bitlles’, la charranca (con números romanos), unas vasijas par competir lanzando almendras, cuerdas para saltar... En muchos casos terminan padres y pequeños jugando y compitiendo por ver quién lo hace mejor.

Durante el curso escolar ofrecen visitas guiadas para colegios de la mano de una monitora que organiza las actividades en función del nivel de los niños.

A lo largo de todo el año también organizan cumpleaños en los que el niño o la niña protagonista es quien, vestido de romano/a, hace de anfitrión. Todo con las tranquilidad de estar en un espacio acotado.

Además, en las tardes-noches de verano se alquila la finca para grupos. Cuentan con una carpa y una zona de barbacoas. Se  puede llevar la comida de casa: una ‘cena de mochila’; o se puede encargar a Wenceslao que compre desde la carne hasta los vasos para la barbacoa. 

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