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Naltros La Rosa

Una aristócrata atípica en Mónaco

España necesita más famosas como Beatrice Borromeo. La esposa de Pierre Casiraghi ha demostrado que tener familiares reales no te hace vivir en un cuento de hadas. Pase como pase, «solo es su vida»

Pablo Latorre

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Beatrice Borromeo con su marido, Pierre Casiraghi.

Beatrice Borromeo con su marido, Pierre Casiraghi. Cedida.

Con los pies en el suelo. Es la idea que a uno le queda tras leer el reportaje que Vanity Fair ha dedicado esta semana a Beatrice Borromeo, la periodista y esposa de Pierre Casiraghi –el pequeño de los tres hijos de Carolina de Mónaco y el fallecido Stephano Casiraghi–. Una joven al otro extremo de las excéntricas que se vienen más arriba que el Everest por hacer un polígrafo.

Beatrice no es de estas. «Ni yo soy condesa ni Pierre es príncipe. No tenemos ningún título nobiliario», explica a la periodista Soraya Melguizo sobre la realidad de su día a día. Solo los padres de él y sus tíos, Alberto y Estefanía, los tres hijos del príncipe Raniero III de Mónaco y Grace Kelly, poseen títulos reales en el pequeño principado.

Sin embargo, reconoce que disfruta de un trato privilegiado: «La atención que recibo me viene de rebote por Pierre. Si dos personas se casan y tienen un niño, a la gente le gusta porque parece un cuento bonito. Y no es que me moleste, pero no es ni mérito ni culpa mía. Es simplemente mi vida».

No siempre fue así. Aunque la italiana proviene de buena familia, «se largó de casa» con 16 años porque discutía mucho con su madre cuando ésta se divorció. Entonces empezó a buscarse la vida sola. Encontró el camino en el mundo de la moda, que la acogió como modelo y le permitió mantenerse y pagar sus estudios como comunicadora. Una profesión que tomó por vocación –como la mayoría que nos dedicamos a ella–, y que a pesar de estar peor pagada que la de maniquí, podía canalizar su faceta inconformista. «Odio lo políticamente correcto, la hipocresía de quien no toma partido nunca, no opina, se adapta como un camaleón para salvar sus intereses», apunta.

Su profesión siempre estuvo por delante de todo, hasta que un apuesto Pierre se cruzó en su camino. Así lo explica en una anécdota que vivió el día de su boda. El director del periódico para el que trabajaba entonces, invitado al casamiento, le comentó medio bromeando que debía entrevistar a un magistrado antimafia muy importante. No lo dudó, y al día siguiente del enlace la entrevista salió publicada en portada.

Desde entonces está volcada en la realización de documentales para la televisión italiana. Como Gloria Serra, pero a su estilo propio, investiga algunos de los casos más peligrosos y oscuros de la realidad italiana. El mes que viene estrenará su cuarto trabajo, en el que da luz a uno de los lugares olvidados del país que se ha convertido en uno de los mayores almacenes de drogas de Italia. Un trabajo que muchos califican de descabellado para alguien que convive con la familia real monegasca, pero que cuenta con todo el apoyo de su marido tras 10 años de relación.

«Me dice que tenga cuidado, pero igual que yo a él. Pierre tiene una vida absurda. Por la mañana se sube a un catamarán, por la tarde hace buceo, luego se va a entrenar y después dirige cinco empresas diferentes. Pero al final los dos respetamos nuestros espacios de libertad. Mi trabajo es para mí una pasión como lo es para él la vela», confiesa orgullosa a la revista.

Un gesto de confianza ciega que pocas en su misma situación pueden disfrutar y por el que Beatrice se siente muy afortunada: «A veces pienso en la suerte que tengo de haber creado una familia de verdad con alguien de quien me fío completamente, que estamos enamorados desde hace casi 10 años y que sé que durará toda la vida. Pero es el aspecto íntimo lo que me hace feliz, no lo que hay alrededor. Vivir en Mónaco no es un plus, es simplemente nuestra vida ahora. El gran privilegio es haber encontrado una persona con la que soy feliz». Y es que entendiendo el amor y la vida así, no es complicado que vivan felices por siempre.

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