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Una travesía entre delfines

Niños y jóvenes disfrutaron de un paseo para observar los pájaros del Port, pero acabaron viendo cetáceos.
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Los jóvenes de la Escola Estela en el momento de embarcar.  FOTO: Alba Mariné

Los jóvenes de la Escola Estela en el momento de embarcar. FOTO: Alba Mariné

Lo que en un principio estaba planteada como una plácida travesía para avistar las aves que viven en el Port de Tarragona, se convirtió en una exaltada aventura al vislumbrar cinco delfines que acompañaron a la embarcación casi durante toda la vuelta. 


La actividad, ‘Vine a veure ocells! Biodiversitat al Port de Tarragona’, se enmarcaba dentro de la Setmana de la Ciència y estaba organizada por el Museu del Port y la Direcció de Desenvolupament Corporatiu i Sostenibilitat. 


El objetivo, ver la mayoría de pájaros posibles. Sin embargo, la presencia de los cetáceos lo cambió todo y los participantes –pertrechados con chalecos salvavidas y prismáticos en mano– iban de proa a popa, todo excitación, siguiendo de cerca el recorrido de los animales.

Tanto es así que incluso el marinero, Jordi Queralt, reconoció que no era normal «encontrárselos dentro del puerto» y Jesús, uno de los técnicos, aseguraba que «yo nunca los había visto de esta forma».

En la propuesta participaron ayer 29 niños y jóvenes del Centre d’Educació Especial, Escola Estela, con cinco acompañantes, así como 13 alumnos de la Escola d’Adults de Salou, junto a la profesora Ana Lampreave.

La clase marinera se inició con una parte teórica, de lo más amena, de manos de los técnicos Antoni y Jesús, de la empresa Còdol Educació, quienes fueron desgranando poco a poco todas las diferencias entre las aves del Port ante unos oyentes muy animados. 


El color y la forma del pico, las patas, las plumas, la cola... por todo ello se pueden diferenciar las gaviotas, que estudiaron a fondo.

Pero también aprendieron que habitan charranes, patos y cuervos marinos, «esos que bailan el waka waka de Shakira porque cuando se sumergen tienen frío y levantan el plumaje para secarse... y eso que llevan neopreno». 

El halcón peregrino y el águila fueron otros de los ejemplos. También el mosquitero, «que quisiéramos tener en casa para que se comiera todos los mosquitos».

Tras la clase teórica, se dispusieron a llevarlo a la práctica y ver la mayoría de ejemplares posibles de los estudiados. Y con este objetivo se dirigieron a las Escales reials, donde les esperaba diligentemente la golondrina. 

Teniendo en cuenta el viento y que las barcas de pesca ayer no salieron «será difícil ver pájaros», comentó el marinero Queralt.

Y como parecía que iba a ser una ardua tarea, a mitad de trayecto se decidió que los jóvenes de la Escola Estela subirían arriba para tentar mejor así a la suerte. 

Nadie se imaginaba que pájaros no iban a ver demasiados, pero que irían acompañados de un grupo de cinco delfines hasta casi el destino. Cuando llegaron, ya nadie se acordaba de las aves.

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