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¡Vaya rollo de peli!

Estamos en la época del año en la que podemos ver películas de estreno en una pantalla grande al aire libre

Eduard Castaño

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Muchos cinéfilos han pasado por el cine de verano en La Palma de Reus. Foto: DT

Muchos cinéfilos han pasado por el cine de verano en La Palma de Reus. Foto: DT

Ya estamos en la época del año en que las películas de estreno (mejor aún, de reestreno) se ven en pantalla grande al aire libre. Esa época en que olvidamos el aire acondicionado de una sala de cine para tomarnos un cubata o una cerveza mientras vemos la película de turno que se estrenó hace cuatro meses. Algo es algo. Porque los cines de verano no son un invento de los ‘millennials’. Nada más lejos de la realidad. Son más bien una tradición que se pierde en los tiempos.

Recuerdo bien que acudí por primera vez a un cine de verano en el Camp de Mart de Tarragona. Era a inicios de los años 80 y yo todavía era un crío al que le apasionaba eso del Séptimo Arte. Por aquel entonces disfrutábamos de ‘estrenos’ que fueron bombazos de la época: Carros de fuego, Víctor o Victoria, Poltergeist, Gremlins, En busca del arca perdida o Gandhi. Fueron solo algunas de las películas que se proyectaban sobre la pantalla del Camp de Mart cuando todavía no contaba con la actual cúpula.

Los cines de verano son una tradición que se está perdiendo en los tiempos

Pero el cine de verano tenía también otros alicientes: quedar con los amigos para pasar un rato y como excusa para salir de casa a las 10 de la noche. En muchas ocasiones, acabábamos exclamando (y lo seguimos haciendo): «¡vaya rollo de peli!». Entre las plúmbeas estaban La puerta del cielo, El beso de la mujer araña o Nacido el 4 de julio. Reconozco que en aquella época algunas de ellas me parecieron un auténtico ‘tostón’. Vistas años después, pienso en qué equivocado estaba entonces. Ya se sabe: pecados de juventud. Y en más de una ocasión nos quedábamos con la película a la mitad, por dos razones. Una, porque (¡oh sorpresa!) empezaba a llover y nos tocaba correr a cobijarnos  en algún lugar con techo. Esperado algún tiempo y viendo que la lluvia no cesaba, acabábamos yéndonos a casa con la película empezada pero sin saber el final. Otra, los cortes de luz se producían a menudo. Mientras en algunas ocasiones volvía tras una breve demora, había veces en que la técnica fallaba y... para casa. A veces la volvían a repetir (al ser por causa mayor), otras no.   

Pero Tarragona no era la única localidad (¡faltaría más!) que daba cine al aire libre. No había (ni hay) localidad o pueblo que se preciara que no diera (y dé) alguna película a lo largo de julio y agosto. Era y es la excusa perfecta para sacar las sillas a la calle y ‘petar la xerrada’ antes, mientras y después. Si vas con los niños, ¿qué vas a hacer si esa no es tu película? Pero lo importante es pasar un buen rato. En la Ràpita también se proyectan junto a la playa del Garbí en lo que se denomina como en otros municipios ‘el Cinema a la Fresca’. 

El cine al aire libre era la excusa perfecta para sacar las sillas a la calle y "petar la xerrada"

También en La Palma de Reus el desaparecido Joan Ramon Mestre, que además de ser locutor en la Cadena SER era un gran aficionado al cine, solía proyectar interesantes estrenos en el maravilloso formato de 35 milímetros.

En Salou son muchos los puntos donde se proyectan todavía películas ‘fresquitas’ en verano. Yo las he visto en la Plaça de la Pau (donde era habitual ver desfiles de hormigas en plena proyección como si estuviesen interesadas en seguir de primera mano la película) pero también las hay en lugares tan bellos y emblemáticos de la capital de la Costa Daurada como Cap Salou.

Es una excelente forma de compaginar simultáneamente las estrellas del cielo con las de la gran pantalla. Y es que las noches mediterráneas tienen estas cosas. El disfrute nocturno a la luz de la luna y de los proyectores.  

En el cine de verano al aire libre se pueden ver estrellas de todo tipo

Reconozcamos que las noches del cine al aire libre es una de las citas imprescindibles del verano. Ahora, aún mejor que hace 30 años. Nos podemos llevar el ventilador de mano hasta el lugar. Eso sí. Tiene que ir acompañado de una buena silla plegable o, en su caso por si queremos echar una cabezadita, una tumbona que se precie. No vaya a ser que el filme tenga renombre pero que acabemos diciendo aquello de «mejor echar una cabezadita. ¡Vaya rollo de película!». Que haberlas, haylas.

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