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Vil·la dels Munts: Lujo romano

Desde una colina con vistas al mar los restos de esta villa invitan a imaginar a sus dueños, Caius y Faustina, en alguna de sus piscinas

Norian Muñoz

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Depósito de agua ‘la Tartana’ uno de los iconos de la villa. Foto: Lluís Milián

Depósito de agua ‘la Tartana’ uno de los iconos de la villa. Foto: Lluís Milián

«Estos romanos sí que sabían vivir» exclama Nuria Rubio; ella y José Turrión, dos turistas de Salamanca, a quienes les ha traído hasta aquí una pasión por la época (ya han visitado muchos yacimientos en España e Italia) están encantados con el emplazamiento de la Vil·la Romana dels Munts, en Altafulla, ubicada sobre una colina con vistas al mar.

Y no son los únicos, los suyo es toda una proeza teniendo en cuenta que hace un calor mortal. Justo por la calle paralela hay un desfile constante de personas cargadas de sillas y sombrillas camino de la playa. Moraleja: en pleno mes de agosto mejor no iniciar la visita a mediodía y ni se le ocurra olvidarse el sombrero.

El mosaico bien conservado del pasillo y las paredes de las habitaciones con restos de pinturas. Foto: Lluís Milian

Pero sortear las inclemencias del tiempo, aunque sea escondiéndose  a cada paso del camino en alguno de los árboles frondosos vale la pena. Esta villa, del siglo I d.C. logra que cualquiera se haga una idea del esplendor con que llegaron a vivir los poderosos en la época romana.

Aquí vivieron Caius Valerius Avitus y su esposa Faustina. Caius era uno de los duumviri de Tárraco –el cargo más alto de la administración local-  y lo que comenzó siendo una villa completamente agrícola, se transformó después en una lujosísima segunda residencia a tan sólo 12 kilómetros de Tárraco.

Las más grandes de Catalunya

Aunque sólo se intuyen las estructuras,  durante la visita, que tiene una duración aproximada de una hora, se puede observar el complejo termal de la villa, las termas privadas más grandes encontradas en Catalunya.

La zona de las termas. Fotos: Lluís Milián

Puede verse la delimitación de donde se encontraban el vestuario, un ‘sudatorio’, donde se efectuaban los baños de vapor, un ‘tepidario’ (sala de aclimatación entre habitaciones, un ‘caldario’ donde había instalado un sistema de calefacción por aire y desde donde se accedía a las dos piscinas de agua caliente, el ‘frigidario’ una sala de temperatura ambiente abierta a dos piscinas de agua fría y de allí a la gran piscina descubierta y las letrinas o retretes colectivos...  Y todo sin contar que la zona estaba comunicada con otra zona de baño que llegaba hasta la playa misma y cuyos restos se pueden ver todavía.

Lo mejor es tener paciencia e ir mirando uno por uno los puntos de la guía que le entregan en la entrada porque así, con suerte, podrá imaginarse a los romanos chapoteando a sus anchas entre tanta piscina.

No obstante, la zona mejor conservada es la de la propia casa o domus. (En medio de la solana se agradece que esta parte esté techada). Lo más llamativo es el mosaico de un pasillo semisubterráneo que comunicaba distintas habitaciones. Además, en muchas de estas estancias, todavía pueden verse los restos de dos capas de pinturas murales con motivos geométricos y numerosos grafitos. En estas habitaciones también se descubrieron los mosaicos que, a manera de cuadros, decoraban las paredes. 

Entre los años 260 y 270, se produjo un gran incendio que devastó la mayor parte de la villa que después recuperaría la actividad agrícola, pero no el esplendor de los siglos pasados. No fue sino hasta la primera mitad del siglo XX cuando se descubrió con certeza de la existencia de la villa que comenzó a excavarse en los años ochenta.

Con los señores de la casa

Si siente curiosidad por conocer un poco más en la página web del Museu Nacional Arqueològic de Tarragona, MNAT, hay una ‘visita 360º’ que le permitirá hacerse en una idea del lugar, así como dibujos que ayudan a imaginar mejor cómo era cada estancia y que se echan de menos en la visita presencial.

Otra buena idea para conocer la villa en verano es mediante la visita teatralizada ‘Caius y Faustina te invitan a su villa’. El mismo Caius y su mujer hacen de anfitriones mostrando los aspectos más interesantes y curiosos de su residencia; sus estancias, su funcionamiento, las tareas que se realizaban y cómo era la vida en este entorno privilegiado.

El recorrido acaba con un aperitivo ofrecido por los dueños de la casa en el que los visitantes pueden degustar vino con miel y frutas, así como diversos productos de la tierra.

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