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Noticias Cumbre del Clima COP25

2019 cierra la década más calurosa de la historia y con el clima más extremo

Las olas de calor y las inundaciones se están convirtiendo en eventos regulares en el planeta

ÁLVARO SOTO/IKER CORTÉS

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La activista del clima Greta Thunberg (16), ayer en el muelle de Santo Amaro, en Lisboa (Portugal). FOTO: MANUEL DE ALMEIDA/EFE

La activista del clima Greta Thunberg (16), ayer en el muelle de Santo Amaro, en Lisboa (Portugal). FOTO: MANUEL DE ALMEIDA/EFE

El año 2019 pasará a la historia por sus eventos meteorológicos extremos, padecidos en todos los rincones del mundo: sequías, incendios, olas de calor, hielo derretido en el Ártico y aumento del nivel del mar como nunca antes, pero también inundaciones, tormentas, huracanes, tifones y monzones. El año que ahora termina, que será el segundo o tercero más cálido desde que existen registros, se convierte en el mejor ejemplo de una década en la que se han registrado «niveles excepcionales de temperatura», dijo el secretario general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Petteri Taalas, en la presentación del informe anual de la OMM en la COP25 de Madrid. Y eso que cada una de las últimas cuatro décadas ha sido más calurosa que la anterior.

«Las olas de calor y las inundaciones se están convirtiendo en eventos regulares», señaló Taalas. El documento de la organización presenta un escenario muy oscuro, partiendo de que las concentraciones de gases de efecto invernadero alcanzaron en 2018 nuevos récords, hasta llegar a 407,8 partes por millón de CO2; el metano a 1.869 ppm y el óxido de nitrógeno a 331 ppm, es decir, un 147%; un 259% y un 123% más que en 1750. Y aunque los datos de 2019 aún no están disponibles, la OMM cree que superarán a los de los años anteriores. Con esos niveles de gases en la atmósfera, la temperatura global entre enero y octubre de 2019 se situó 1,1 grados por encima de las temperaturas registradas entre 1850 y 1900, casi rozando el objetivo de los 1,5 grados que los científicos consideran asumible y cada vez más cerca de los 2 grados fijados en el Acuerdo de París de 2015, a barrera que no se puede superar sin consecuencias devastadoras. «De hecho, ya estamos más cerca de los tres grados», constató Taalas. Y a este ritmo, la temperatura del planeta podría aumentar hasta los cuatro o los cinco grados. Pero no hay que esperar para ver los efectos de la subida de temperaturas. En 2019, Francia, Reino Unido, Bélgica, Holanda, Luxemburgo y Alemania han registrado olas de calor récord; Australia vivió su verano más caliente, igual que la India, y los países del sur de África sufrieron sequías nunca vistas. Australia y Suramérica padecieron los incendios más voraces desde 2010, que no sólo acabaron con grandes superficies de bosques; también enviaron a la atmósfera enormes cantidades de CO2. Además, según el citado informe, el nivel del mar alcanzó un nuevo récord desde que este registro comenzó a medirse, en 1993. La causa está en los 329.000 millones de toneladas de hielo que se fundieron en Groenlandia.

Consecuencias reales

También los océanos registran temperaturas récord y una acidificación que ya es un 26% más alta que la que de antes de la Revolución Industrial, así que su capacidad para absorber una parte de los gases de efecto invernadero empieza a ser limitada.

La OMM traslada así un mensaje a aquellos que piensan que la emergencia climática todavía no conlleva consecuencias reales para la población. El 91% de los habitantes del mundo ya respira aire con niveles de contaminación superiores a los recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS); 220 millones de personas están expuestas a olas de calor; siete millones se desplazaron en 2019 dentro de las fronteras de su país debido a las sequías, las inundaciones o las tormentas; y enfermedades como el dengue se extienden por zonas donde antes no habían llegado.

Problemas para los que se estaba empezando a atisbar respuestas, como la falta de alimentos en determinadas zonas, pueden volver a la primera línea de las preocupaciones. En 2019 se rompió la tendencia a la baja de años anteriores y 820 millones de personas sufrieron hambre. Pietter Taalis añadió que la pluviometría más irregular y el crecimiento demográfico representarán «desafíos considerables en materia de seguridad alimentaria».

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