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70 años y medio de prisión para el pederasta de Ciudad Lineal

Antonio Ángel Ortiz estará privado de libertad como máximo 17 años por secuestrar y violar a cuatro niñas

EFE

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Antonio Ángel Ortiz, el pederasta de Ciudad Lineal, durante el juicio celebrado el 13 de diciembre del año pasado. FOTO: EFE

Antonio Ángel Ortiz, el pederasta de Ciudad Lineal, durante el juicio celebrado el 13 de diciembre del año pasado. FOTO: EFE

La Audiencia Provincial de Madrid ha condenado a Antonio Ángel Ortiz, el pederasta de Ciudad Lineal, a 70 años y medio de prisión por secuestrar y agredir sexualmente a cuatro niñas entre septiembre de 2013 y agosto de 2014 en este distrito madrileño y en zonas limítrofes.

El tribunal de la Sección Séptima de la Audiencia de Madrid condena a Ortiz como responsable de dos delitos de agresión sexual en concurso medial con dos delitos de detención ilegal, dos de agresión sexual, dos de detención ilegal y uno de lesiones. Le absuelve del delito de homicidio en grado de tentativa contra una de las menores que le imputaba una de las acusaciones particulares, y de otras dos faltas de lesiones.

El límite máximo de cumplimiento de pena será de veinte años, si bien hay que descontar los dos años y cinco meses que lleva en prisión provisional por lo que en ningún caso podrá estar más de 17 años y 7 meses. Para la obtención de los beneficios penitenciarios, como permisos de salida, clasificación en tercer grado y libertad condicional, deberá computarse la totalidad de las penas impuestas en la sentencia. El fallo le impone también 40 años de libertad vigilada una vez cumplida la pena de prisión, y una indemnización de 426.200 para las niñas.

No podrá además aproximarse a menos de un kilómetro de distancia o comunicar con ninguna de las víctimas en un periodo de entre 23 años y 24 años y seis meses; ni realizar cualquier profesión u oficio que conlleve relación con menores durante otros 24 años.


Alarma y desasosiego
En la sentencia, que puede ser recurrida ante el Tribunal Supremo, los magistrados señalan que «la conducta del acusado revela su falta de empatía con las víctimas, lo que se evidenció a lo largo de las sesiones del juicio, en el que, aun acogiéndose a su derecho a no declarar, ni siquiera intentó dar una mínima justificación de sus actos». Añaden que «la multiplicidad de los hechos cometidos, en un lapso de tiempo relativamente corto, pone de manifiesto un acendrado espíritu criminal, singularmente dirigido contra víctimas especialmente vulnerables, a lo que hay que añadir el grave estado de alarma y desasosiego que creó en la población hasta que fue detenido (el 24 de septiembre de 2014) y cesaron los ataques».

La resolución considera probado que Ortiz agredió sexualmente a cuatro niñas de entre cinco y nueve años, tras abordarlas cerca de parques y persuadirlas mediante engaños con probarse ropa o gastar una broma a un familiar. Tras ello las subía a un coche y se desplazaba a distintos lugares para cometer la agresión. La primera, del 24 de septiembre de 2013 se cometió en un lugar que no ha quedado acreditado; y la segunda, del 10 de abril de 2014, en la vivienda que tenia su madre en la calle Santa Virgilia.

La tercera, del 17 de junio del mismo año, ocurrió en una vivienda o local que tampoco ha sido establecido, mientras que la última agresión del 22 de agosto se produjo en un descampado en el distrito de San Blas.

A las cuatro las abandonó tras las agresiones en diferentes lugares, donde fueron encontradas. En una gasolinera en plena noche; de madrugada en la parada de metro de Canillejas;en plena calle; y la última en el mismo descampado donde la agredió.

Los magistrados dicen que el acusado, de modo inobjetable, «realizó de forma consciente», esto es, dolosa, «todos los actos». Destaca el «matiz de brutalidad» cuando agredió a la tercera niña, cuyas heridas eran de tal gravedad que, sin la operación de urgencia que le fue practicada, su vida hubiera peligrado. Estuvo diez días ingresada en el Hospital de La Paz.

Los magistrados desvinculan a Ortiz del intento de homicidio de la segunda víctima, a la que suministró tres pastillas, dado que no ha quedado suficientemente acreditado qué medicamento la dio, si bien cabe pensar que con arreglo a criterios de lógica o de experiencia, se trataba de algún tipo de tranquilizante para mantenerla sedada, no para acabar con su vida.

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