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A trabajar de peluquera con su podenco Bill

La peluquería Salmerón, en Tarragona, lleva seis años aceptando la entrada de las mascotas de sus clientes y trabajadores

Rafael Servent

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El podenco Bill en la peluquería donde trabaja Vanessa Del Buey. Foto: Pere Ferré

El podenco Bill en la peluquería donde trabaja Vanessa Del Buey. Foto: Pere Ferré

Vanessa Del Buey (27 años, La Seu d’Urgell) acude a trabajar cada día a la peluquería acompañada por su perro Bill, un podenco rescatado por la asociación Galgos 112 al que adoptó hace dos años. «No es habitual venir a trabajar con tu animal de compañía», admite Vanessa. Pero la peluquería en la que trabaja tampoco es habitual.

Vicente Salmerón (47 años, Tarragona) es la segunda generación en el negocio que montó su padre a finales de los sesenta, y al que puso su apellido: Peluquería Salmerón. Llevan más de un cuarto de siglo en la Rambla Nova de Tarragona, tras una primera época en la Avinguda de Prat de la Riba. Hace seis años, Vicente decidió dar un giro a su negocio e «incorporar nuestra filosofía de vida aquí».

«Somos vegetarianos, consumimos ecológico, colaboramos con organizaciones animalistas... ¿Por qué no incorporar todo eso a nuestro negocio?», explica. Empezaron con los productos que utilizaban. Eliminaron los sulfatos, las siliconas y los derivados del petróleo de sus champús, lacas y acondicionadores. «Decidimos –prosigue Vicente Salmerón– no trabajar con empresas que hiciesen experimentación con animales o que incluyesen componentes de procedencia animal en sus productos».

«Eso –rememora– hizo que nuestra clientela cambiase. Había gente que quería seguir con determinadas marcas que nosotros decidimos dejar de usar. Sobre todo, algunas mujeres. Perdimos clientas. Pero esa clientela fue reemplazada por otra. Ahora tenemos un público que no sólo lo acepta, sino que lo busca. No sólo ganamos en salud, porque trabajar con estos productos es mucho más saludable, sino que es también un elemento de diferenciación con nuestra competencia».

Fue en ese contexto en el que decidieron convertirse en un establecimiento ‘Pet Friendly’. Hace seis años, eso era una rareza en Tarragona. «Cada vez que íbamos a Francia con los perros de vacaciones –cuenta Vicente– era una gozada poder salir y no restringirte al restaurante en el que tienes que quedarte en la terraza. Y lo mismo con los hoteles».

Decidieron traer esa experiencia a su peluquería. Un cartel en la puerta y dos cuencos de agua indican que los perros son bienvenidos. Ahora, «tenemos un perfil de cliente que viene con el perro, y que eso lo valora mucho», explica. «De hecho –prosigue–, el segmento de mercado ecológico y animalista es el único que hoy nos hace crecer. Crecemos mucho por estar ahí».

«Esos clientes [que llegan por ser un establecimiento ‘Pet Friendly’] son mucho más fieles. La experiencia en estos últimos seis años es muy buena», resume.

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