¿Año nuevo, propósitos viejos?

Con la última campanada, surgen las prisas 
por redactar los objetivos con los que empezar el 2020

SÍLVIA FORNÓSTARRAGONA

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¿Año nuevo, propósitos viejos?

¿Año nuevo, propósitos viejos?

Ir al gimnasio, aprender idiomas, dejar de fumar, leer un libro cada semana, viajar... La lista de propósitos de año nuevo es interminable y a unas horas de dar portazo al 2019 y recibir el 2020, nos entran las prisas por tenerla completada. Un sinfín de buenas intenciones que con el paso del tiempo, muchas, acaban esfumándose junto a las ganas de lograrlas.

A la pregunta de por qué fracasamos en el intento, la psicóloga tarraconense y coach, Mabel Montserrat reflexiona lo siguiente: «Lo primero que deberíamos pensar es si realmente en esta lista de propósitos están reflejados los objetivos que nos interese cumplir». En esta misma línea, Raquel Martínez, especialista en coaching, programación neurolingüística e inteligencia emocional, asegura que «la pregunta que también debemos hacernos es qué es más importante para nosotros, en este momento, para mejorar nuestra calidad de vida».

Sobre esta cuestión, Raquel Martínez también hace hincapié en que las metas deben ser en positivo. «La idea sería proponerse llevar una vida saludable, lo que a su vez también supondría seguir una dieta saludable y, por ejemplo, dejar de fumar», explica la coaching.

Por ello, Mabel Montserrat continúa explicando que «si año tras año se repiten las mismas intenciones y seguimos fracasando, tal vez ha llegado el momento de buscar otros objetivos que podamos lograr y, a la vez, nos hagan más felices; mostrando la mejor versión de uno mismo, como por ejemplo mejorando la salud emocional, familiar y social, reavivando relaciones olvidadas hasta el momento, incluso realizando actividades que contribuyan a estimular la mente y el bienestar personal.

Raramente son cuestiones que se incluyen entre los deseos de Año Nuevo. Por esta razón, la experta pregunta que «si nuestras elecciones son motivadas por nuestros intereses personales o por lo que la mayoría prefiere».

Para no dejarnos arrastrar y ser nosotros quien llevemos la delantera, Mabel Montserrat recomienda no esperar al 31 de diciembre o el mismo 1 de enero para hacer la lista porque -dice- «es recomendable hacer balance del año, de aquello que nos ha hecho sentir felices y, con este punto de partida, avanzar en aquellos propósitos en los que hayamos tenido éxito y replantearnos aquellos en los que no hayamos conseguido los objetivos».

Compartir las intenciones

En el ámbito familiar y social, también resulta bueno plantear objetivos comunes. «Si hacemos públicos nuestros propósitos, nuestro nivel de compromiso será más elevado con nosotros mismos y los demás, porque los haremos partícipes», comenta Mabel Montserrat y añade que «compartir los retos no es un obstáculo, sino que es un elemento facilitador y motivador». La misma opinión comparte Raquel Martínez: «Sociabilizar los objetivos supone un compromiso inconsciente que te hace tener más fuerzas para seguir adelante».

¿Y por qué plantearse los propósitos a principios de año? Según Mabel Montserrat «el mejor momento lo decide cada persona». En esta misma línea, es partidaria de que si no alcanzamos lo que nos hemos propuesto, debemos ser flexibles y perdonarnos, es decir, permitirnos reformular el propósito y ajustarlo a las circunstancias de cada momento, para seguir adelante y no desanimarnos». Por ello, la coach también aconseja definir muy bien el objetivo y a la vez los subobjetivos para poder reconocer cuándo no se alcanzan y revertir la situación. Y es que a lo largo de todo el año es habitual encontrarse obstáculos que impiden hacer realidad los propósitos, e incluso procrastinar, es decir, encontrar la excusa perfecta para no realizarlos.

«En mi caso, asimilo los propósitos de Año Nuevo con el aprendizaje, no puedes enseñarle un temario completo a un niño, debe ir paso a paso, y con los objetivos ocurre los mismo», explica Raquel Martínez. Por ello, también aconseja preguntarse cada día «qué he hecho hoy para estar más cerca de mis retos, porque es una manera de ser consciente de cómo te acercas o te alejas de los mismos». Si bien, la especialista en inteligencia emocional señala que «el vehículo para los cambios son las emociones, los objetivos que definimos son la punta del iceberg y en la profundidad está sentirse querido, reconocido, que formo parte del grupo o que soy capaz de ser un ejemplo para los demás» y recuerda que «los seres humanos no somos conscientes del potencial que tenemos para crear cambios potentes, lo que dependerá de si cada día piensas que la vida es una aventura o es una rutina».

Por último, recuerda Mabel Montserrat, los objetivos deberían ser SMART, es decir, (S), Concretos: buscando la mayor concreción posible; (M) Medible: has de saber si has alcanzado tus metas; (A) Alcanzable: tiene que ser posible, si es difícil nos podemos desanimar; (R) Realista: que tengamos los recursos necesarios para hacerlo; (T) Tiempo: ser claro con la cronología de las acciones y en qué orden. «Cuanto más concretos, medibles, realistas, posibles y marcados en el tiempo sean los propósitos, más capacidad de éxito tendremos», concluye Mabel Montserrat.

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