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Aznar consuma su ruptura con Rajoy y deja la presidencia de honor del PP

Una semana después de que la fundación FAES publicara un análisis crítico con la política ante el proceso soberanista

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El expresidente del Gobierno José María Aznar, fotografiado en el funeral de Rita Barberá el 28 de noviembre. FOTO: FORSTERLING/EFE

El expresidente del Gobierno José María Aznar, fotografiado en el funeral de Rita Barberá el 28 de noviembre. FOTO: FORSTERLING/EFE

Efe/colpisa

El expresidente del Gobierno José María Aznar ha roto su tensa relación con la dirección del PP, partido que dirigió 14 años, al anunciar que renuncia a la presidencia de honor de la formación y que no acudirá al congreso que reelegirá como líder a Mariano Rajoy, aunque seguirá siendo militante.

Aznar tomó esta decisión el mismo día en que el PP presentaba la ponencia política y de estatutos que ha elaborado para debatir en su cónclave y en la que propone un nuevo mecanismo de «doble vuelta» para elegir a su presidente. El presidente del Gobierno y del partido, Mariano Rajoy, que se encuentra en Nueva York con motivo de una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, ha asumido con tranquilidad y normalidad la decisión de Aznar, según han asegurado fuentes del Ejecutivo.

Horas después de que el vicesecretario de organización del PP, Fernando Martínez-Maillo, expusiese en rueda de prensa las líneas generales de esta ponencia, se daba a conocer la carta que Aznar ha remitido a Mariano Rajoy comunicándole su decisión.

Una carta en la que en ningún momento Aznar admite desencuentros con la actual dirección del PP, sino que, por el contrario, insiste en que la razón de dejar la presidencia de honor se debe a que FAES se ha desvinculado del partido.

Pero lo cierto es que su decisión se produce tan solo una semana después de que FAES publicase un análisis muy crítico con la política del Gobierno y del PP ante el proceso soberanista en Catalunya.

Aquel artículo de FAES es el último episodio de una larga lista de discrepancias. La primera bronca se desató por la salida del partido de la donostiarra María San Gil (ETA iba a ser uno de sus escollos junto a la tensión con Catalunya y la tenacidad presupuestaria). Para aquel congreso en Valencia de 2008, ya eran dos ex. Aznar llegó tarde y saludó a Rajoy con la frialdad de los nuevos enemigos. Desde entonces, de vez en cuando lo saludaría así, como suspendido en el tiempo. Aznar mira a Rajoy con violencia disimulada, como miran algunos gatos. De vez en cuando, se le aparece, cada cierto tiempo, como si le recordara quién es, todavía.

El problema emergió cuando Rajoy consiguió en 2011 32 escaños más que en la última legislatura y tres más que Aznar en 2000. Ciento ochenta y seis. Duelo de titanes. Rajoy, que es de consistencia gaseosa, nunca entró abiertamente en batalla, pero la guerra estaba ahí. Tres meses después de ganar, le recordó la urgencia de las reformas. Ese mismo verano, le insinuó esto: «No debe haber ninguna duda de lo que somos»; es decir, que la había.

En plena tormenta por los papeles de Bárcenas, cargó fuerte: el PP «se ha apartado de lo que representa», dijo, y puso en solfa la política económica del Gobierno, su único orgullo. Rajoy confesaba que tenía poca relación con Aznar, y éste confesaba que tenía «poca utilidad» preguntarse si volvería a elegir a Rajoy. Cuando le preguntaron si volvería a la política, estuvo a punto de algo: «Cumpliré con mi responsabilidad, mi conciencia, mi partido y mi país».


El quinto aviso
En noviembre de 2013, los periodistas preguntaron a Rajoy sobre el final de la doctrina Parot y Rajoy contestó que llovía mucho. Ahí lo quebró Aznar: «Los silencios son peores que las mentiras», dijo. Pero tras perder el once por ciento de votos en las municipales de mayo, fue más claro: «Ya va el quinto aviso y no se puede desoír». En abril, Aznar acusó al Gobierno de filtrar sus problemas con Hacienda para acallar sus críticas. En octubre, FAES se desvinculó del PP y la intención de la vicepresidenta de relajar las tensiones judiciales con Catalunya y potenciar el diálogo, quebraron lo poco que quedaba.

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