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Cada día una mujer se ve obligada a dejar el trabajo por la violencia de género

El sindicato CSIF arranca una campaña para ayudar y asesorar a las víctimas de maltrato y evitar que eso les cueste el puesto de trabajo

Alfonso Torices

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Manifestación de mujeres contra la violencia de género. FOTO: EFE

Manifestación de mujeres contra la violencia de género. FOTO: EFE

«Empecé a trabajar. Mi novio me vigilaba, me controlaba, me venía a buscar a la salida. Me puso un localizador GPS en el móvil para saber dónde estaba en cada momento. Se lo tuve que comentar a mi jefa, porque llegaba con marcas y sufría mucho estrés...  y en un mes tenía una carta de despido. Me despidieron por el acoso de mi novio», explica Jessica, una alicantina de 24 años a la que la violencia machista, el maltrato reiterado del hombre con el que convivía, dejó hace dos años y medio sin su empleo de camarera. Se quedó sin nada, «dependía de ese dinero, porque todo lo demás, las cuentas, las claves, lo controlaba él». «Sobreviví gracias a la ayuda de mis padres», recuerda.

No hay datos de cuántas españolas sufren a diario el drama de Jessica, de cuántas víctimas aumentan su padecimiento porque son despedidas o dejan su trabajo por culpa de sus maltratadores. El único dato seguro lo aportó ayer el sindicato CSIF. Al menos una mujer se ve obligada a dejar su trabajo en España todos los días como consecuencia de la violencia de género. 

«Me quedé sin nada al ser despedida; dependía de ese dinero, todo lo demás lo controlaba él»

Sin embargo, ese dato solo es la punta del iceberg. Las maltratadas en España cada año pueden rondar el medio millón de mujeres. Con el lema ‘Nos preocupa tu vida’, CSIF ha decidido convertir su red de delegados sindicales en un instrumento de lucha contra la violencia de género. Los ha formado para detectar los primeros síntomas y señales de maltrato en las víctimas, con la intención de acompañarlas, asesorarlas y ayudarlas a salir de su situación y para que la crisis personal no les cueste el puesto de trabajo, que, como comentó Mariana Marroquí, víctima y presidenta de AIVIG, es «su tabla de salvación» y también puede ser «su puerta de salida» de este infierno. Harán de intermediarios con la Administración o las empresas para que, exista o no denuncia, las víctimas puedan tener derecho a ausencias, reducciones de jornada, excedencias, traslados u otras medidas obligadas por su situación.

Salir «es posible»                     

La campaña se complementa con la iniciativa ‘Voces para la superación’, un vídeo de cuatro minutos y medio en el que Jessica y otras seis víctimas ofrecen su testimonio a cara descubierta y animan a las maltratadas a buscar ayuda para denunciar a sus agresores, salir del «terror» y comenzar una nueva vida feliz, que, como cuentan con una sonrisa: «Es posible».

«Las cicatrices en el alma quedan, pero de ahí coges fuerza para resurgir como el ave fénix. Ese es el camino, el camino de la felicidad ¡Animo!», espolea Nieves, un ama de casa. «Tú eres tu propio salvavidas aunque no lo creas», anima Miriam, una profesora. «No puedes resignarte a vivir con miedo», resume Marina Marroquí.

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