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Canguro de mascotas

Plataformas de economía colaborativa como DogBuddy consolidan esta actividad

Rafael Servent

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Gemma Solà, con su perro Bobi y dos mascotas a su cuidado, en Sant Pere i Sant Pau. Foto: Pere Ferré

Gemma Solà, con su perro Bobi y dos mascotas a su cuidado, en Sant Pere i Sant Pau. Foto: Pere Ferré

Gemma Solà (36 años) era contable. Hace once años dejó su empleo para montar un taller de bisutería en Tarragona, al que llamó GemGems. El negocio fue evolucionando, y hace dos años arrancó con el diseño y fabricación de Boho Boots (contracción de ‘Bohemian Boots’) , un tipo de customización artesanal de botas camperas que añade elementos textiles y de bisutería, y que en el caso de GemGems vende esencialmente por Internet y a través de un distribuidor en los principales mercados al aire libre de Eivissa, a precios medios de venta al público de unos 200 euros.

El pasado mes de diciembre, Gemma Solà decidió inscribirse en la plataforma DogBuddy para ofrecer sus servicios como cuidadora de mascotas. Se hizo unas tarjetas y empezó a repartirlas por el barrio de Sant Pere i Sant Pau, donde vive con Bobi, un perro de ocho años recuperado de la calle. «Mi pareja –explica Solà– tuvo que ir a vivir a Inglaterra por motivos laborales. Para vernos, a veces cojo un avión yo, a veces lo coge él. Mantener un piso aquí y otro allí es caro, así que busqué alternativas de ingresos que pudiese compaginar con mi estilo de vida y mi trabajo».

La economía colaborativa tenía todos los argumentos para ganar en esta búsqueda. Con mascotas desde que era niña, colaborando con la asociación Esperanza Dogs (especializada en la gestión de adopciones de perros senior) y acostumbrada a dar largas caminatas a diario, la opción de DogBuddy encajaba a la perfección.

Sus tarifas son de 16 euros por una guardería de 24 horas y de 13 euros por una jornada laboral completa, sin pernoctación. Cada propietario de mascota le proporciona la ración diaria de comida y la cama para dormir. Garantiza tres paseos al día y un mínimo de dos horas de ejercicio en total.

Cuenta Gemma Solà que quiere limitarse a «la gente del barrio», que no acepta razas potencialmente peligrosas (no están aceptadas por la plataforma en la que se ha inscrito) y que como mucho puede cuidar de cuatro perros a la vez, incluyendo al suyo.

Tras un primer trimestre de actividad, estima que habrá facturado entre 200 y 300 euros al mes –básicamente en fines de semana– y tendrá una cartera de clientes de unos quince perros. En verano –cuando se concentran la mayoría de las vacaciones– piensa que se acercará a los 600 euros mensuales, que facturará a través de GemGems, dando de alta la actividad de cuidadora de mascotas.

Calcula que en la demarcación de Tarragona habrá una quincena de personas dedicándose a esto. «Lo importante es la libertad –explica–, que me permite compaginar esta actividad con lo mío, porque se adapta perfectamente a mi estilo de vida. Yo ya salía cada día dos horas a pasear a mi perro. ¿Por qué no hacerlo también con los perros de otros?».

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