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Cara a cara sobre la independencia: La cultura

La independencia según la picaresca, el quijotismo, Tolkien, Platón o Goya

Raúl Cosano

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Serra (der.) y Rivera (izq.). Foto: Lluís Milián

Serra (der.) y Rivera (izq.). Foto: Lluís Milián

El bombardeo de referentes culturales va a ser inevitable, y empieza David Serra, cinéfilo incurable, con El Señor de los Anillos. «Cuando miro hacia Madrid veo mucha oscuridad, veo ese territorio como un poco Mordor, y eso en cierta manera me ha hecho girar», admite. Se confiesa producto reciente de esa fábrica independentista que es, según dicen, la intransigencia central. «Yo he sido castellanoparlante, en mi casa no se ha vivido nunca el nacionalismo, pero la evolución de los hechos me ha sorprendido. Yo quiero un cambio», asume Serra, decantado hacia el sí. «Tengo muchas preguntas y pocas certidumbres. Sí me ilusiona la posibilidad de construir un estado mejor. Soy la suma emocional de eso, y eso que no estoy con los que ven la patria. Los ancestros me dicen poco».

Manuel Rivera sostiene ser pesimista, aunque ambos van a tener dejes escépticos: «Entiendo que la gente, por emoción, por sentimiento, por sueño, por romanticismo y por utopía quiera un estado soberano. No me voy a poner en contra de los pueblos que se autodeterminan. Pero el otro tema es la razón. Es un tiempo malísimo. Aquí se mezcló el debate del Estatut, con aquel recurso inoportuno del PP en el Constitucional. Nadie quedó contento. Ahora se ha abierto este melón de la independencia».

Rivera es crítico con Convergència: «No me los creo. No eran independentistas, nunca lo plantearon, sólo alguna voz… En mi casa les llamamos veletas a aquellos que piensan una cosa y luego cambian». David Serra navega entre la esperanza y lo incierto. «Estamos en una situación de suspense, como una película de Hitchkock», nombra varias veces. «Nuestra patria son nuestros libros y nuestras películas. Igual he podido ser víctima del espíritu de la utopía y de la ponzoña romántica, pero también es verdad que han ayudado mucho las políticas nefastas del PP, esa negación constante. Veo necesario un cambio para que se abra el cascarón y se rompa este marasmo».

La charla transcurre empantanada en la duda, la reflexión sobre la marcha, el diálogo con ánimo de converger. «No sé qué va a pasar, pero espero que se aclare un poco el panorama. La sociedad necesita supervivencia, no independencia. Hay gente que plantea que seremos más solventes económicamente. Eso no lo tengo claro», concede Manuel Rivera, que coincide con Serra en un punto clave: la desconfianza hacia la clase política. «Entiendo el sueño de un país diferente, pero no se parte de cero. Tenemos que hacerlo ya, en el día a día, algo que en los últimos años no se ha demostrado. Merecemos un gobierno que nos gobierne», cuenta Rivera, que interpela a Serra: «¿Te acuerdas de la publicidad que hacía la ANC en la que se decía que cuando se llegara a la independencia cuidaríamos nuestros ríos? ¿Es que tienes que esperar a la independencia para eso?. Es todo un esperpento».

De Kant a Platón

Entonces Serra menciona a Valle-Inclán y sus Luces de bohemia. «Todo es esperpéntico, se nos deforma la realidad, en uno y otro lado», asume Rivera, antes de sugerir otra metáfora: «Estamos en la caverna de Platón». Y otro referente más: «Podemos hablar de ideas y de sueños. Luego tenemos que trabajar con eso que Kant llamaba el fuste torcido de la humanidad, y eso es trabajo de diario».

Manuel Rivera aboga por un sistema federalista con consenso. «Ciertos pactos se pueden tocar y la relación entre los distintos pueblos de España se puede modificar. El federalismo es un binomio de unión y libertad. Pero yo tampoco espero mucho. Aquí nos hemos vuelto muy llorones, muy victimistas, y eso es propio del nacionalismo. Tenemos que empezar a construir». Serra, en su ademán conciliador, puede aceptar otras soluciones, aunque a día de hoy se le antojen improbables. ¿Sería posible el diálogo con otro gobierno en Madrid?. «Es una idea que no me acabo de creer, y eso que como guionista puedo imaginar muchas cosas. Para mí sería un paso importantísimo», responde Serra. «No creo que se arregle, aunque haya un gobierno con una visión más plural. La situación está bloqueada», agrega Serra. Otros acuerdos: ambos reconocen que, en último término, lo que generó esta deriva ha sido la crisis, que faltan estadistas para desencallar la situación, que hay una carencia de liderazgos y que Catalunya será, como ha sido siempre, inclusiva.

Rivera se cuestiona: «¿Cómo se enfocará el tema de la lengua?. Como editorial, sufro el intento permanente de hacer que los escritores bilingües o que escriben en castellano no sean escritores de Catalunya, y eso es muy grave. He tenido que discutir eso en Sant Jordi y se me ha intentado boicotear. Hay gente que juega a lo excluyente desde cualquier despacho». «La cultura no puede ser secuestrada por planteamientos políticos al uso. Es una falacia considerar que los escritores en castellano no son de Catalunya», conviene Serra. Rivera habla de que se viven ahora tres mitos de la literatura castellana: «El Don Juan, la picaresca y el quijotismo. Los tres se están dando ahora».

David vuelve a Hitchkock: «Intuyo por dónde va a ir el McGuffin pero él siempre tenía una sorpresa, espero que detrás del suspense haya un magnífico final». Manuel sugiere otro film: «Estamos en Amanece que no es poco, por el título. O El sueño de la razón produce monstruos, el cuadro de Goya». «Eso da más ‘cague’, es más del festival de Sitges», dice Serra. Ambos concluyen cordiales. Un café resolverá las rencillas.

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