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Cara a cara sobre la independencia: Los extranjeros

Una japonesa por el 'sí' y un marroquí en contra. El debate se crispa a ratos
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Los dos participantes en el debate. Foto: Lluís Milián

Los dos participantes en el debate. Foto: Lluís Milián

Hay pocos argumentos sentimentales y muchos pragmáticos. Por eso la japonesa Takayo Fukano entra pronto al trapo con tesis clásicas: «Ya es hora de que Catalunya sea un estado con autogobierno y que pueda decidir dónde queremos ir. Basta de injusticias en la economía, del expolio fiscal. Yo pago impuestos y quiero decidir sobre ellos». La economía va a monopolizar el debate. «¿Has visto lo que ha dicho Merkel? Que una Catalunya independiente sería rechazada por la Comunidad Europea», le inquiere a Takayo Lahcen Boumakhtaf. «No lo sabemos», responde ella.

Lahcen tira de experiencia personal: «Una Catalunya separada de España será más débil. Yo trabajo con una empresa de Catar que ha invertido más de tres millones aquí, en Tarragona. Muchas veces mi jefe, que es de Catar, me pregunta: ‘¿Cómo está la situación en Catalunya?’. No sabe qué pasará con su fábrica si se llega a la independencia. Los inversores tienen miedo porque no saben si de aquí a cinco o diez años Catalunya se va a quedar fuera de la Unión Europea. Los políticos sólo hablan del voto, sin tener en cuenta las consecuencias de después y sin explicar los puntos negativos. Todo parece bueno».

Takayo, aún entonándose y todavía en ambiente distendido, contrarresta: «No sé por qué tanto miedo, si todos los expertos económicos y el banco más grande de Alemania aseguran que Catalunya independiente estaría entre los países más potentes de Europa». Se halla, al menos, un punto de conexión, en la crítica al inmovilismo del Estado. Ahí las voces son convergentes: «Al principio, hace años, no entendía por qué algunos querían la independencia pero ahora hay más voces por tanto expolio sufrido. El País Vasco tiene libertad para decidir lo que paga a Madrid. Nosotros no. Llevamos mucho tiempo aguantando. Hemos intentado dialogar mucho», sostiene Takayo.

Entonces Lahcen asiente: «Rajoy debería haberse sentado a hablar con todos los partidos y con el señor Artur Mas, para dar a Catalunya un mayor control de los recursos. La gente aquí está agobiada por la mala gestión del Gobierno central. Hay que ceder y saber escuchar más. Al no haber hecho eso, la independencia se ha convertido en un objetivo para mucha gente». «Si hubiésemos dialogado no se habría llegado hasta aquí», concede Takayo, asumiendo ese lugar común que habla de la ‘fábrica’ de independentistas que son algunas posturas de la órbita estatal.

Boumakhtaf huye del ‘no’ absoluto y del ‘status quo’. Apela al diálogo, a la convivencia, a no seguir generando «más odio». «Estoy a favor de que haya una tercera vía. Los socialistas pueden entrar en el nuevo gobierno de Madrid y escuchar más para llegar a una solución pacífica para los dos lados». Takayo, a estas alturas, recela de esa posibilidad. ¿Se diluiría el impulso independentista con un Gobierno central que entablara diálogo e hiciera concesiones?. «Es difícil de decir. Habría que mirar en qué condiciones, todo dependería de lo que nos ofrecieran», contesta Takayo.

 

A vueltas con la inversión

Las posiciones se enrocan y los ánimos se encienden. Lahcen y Takayo se cortan, se pisan, se replican, piden que el otro les deje terminar. «Los inversores no van a venir aquí, tendrán miedo», pronostica Lahcen. «¿Y crees que irán a España? ¿Por qué todas esas empresas, todas las multinacionales y muchos inversores eligieron Catalunya para instalar sus negocios?», contesta Takayo.

Responde Lahcen: «Porque vinimos un día aquí y nos gustó, nos enamoramos de Catalunya. Pero yo conozco a mi jefe. Si hubiera sabido del problema antes habría hecho la inversión en otro lugar. Tengo contactos con príncipes de Catar y Arabia Saudí, con gente poderosa de Emiratos Árabes que siempre me preguntan lo mismo: ¿Qué será de Catalunya? ¿Qué pasará dentro de dos o tres años? ¿Es posible cambiar la inversión a otro país?». Lahcen añade: «España sin Catalunya pierde, y al revés también. Ambas partes pierden. Yo hablo de la unidad, de que ir juntos es algo bueno». Intercede Takayo: «No hay fronteras físicas en la Unión Europea, no habrá diferencias pero es normal que cada uno quiera conservar su cultura y su voz. Yo, siendo independiente como nación, también puedo demostrar mi solidaridad, puedo ayudar a un portugués o a un griego en la Unión Europea».

Lahcen sigue apelando a un acuerdo, algo que Tacayo ve improbable, como una posibilidad ya agotada. «Nosotros, como emigrantes, tenemos que trabajar por la convivencia y sembrar la paz, hay que estar a favor del diálogo y no del odio y la separación», cuenta Lahcen. «Nosotros siempre hemos defendido todo pacíficamente. No vamos contra nadie. ¿Es odio querer ser ciudadanos de Catalunya como estado, no sólo aquellos nacidos aquí, sino todos los que hemos venido?. En todo caso el odio es el que te puedes encontrar en algunas zonas fuera de Catalunya. Además, todo esto no ha sido una cuestión de partidos políticos, sino un movimiento ciudadano. Fueron los partidos los que se tuvieron que adaptar a lo que pedían los ciudadanos. Eso es lo más importante para mí», reconoce Takayo Fukano.

El cara a cara concluye sosegado, pausado, con alguna crispación ocasional, lejos de haber llegado la sangre al río. «Bueno, ¿me seguirás saludando por la calle cuando nos veamos?», le pregunta con sorna Lahcen a Takayo. Ella le da dos besos, se despide, sonríe y hasta le invita a conocer su restaurante japonés en Reus.

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