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Casado exige a Sánchez que no hable con el independentismo

El presidente del Gobierno y el líder del PP constatan su distancia y dejan por renovar los órganos constitucionales. El dirigente popular dice que su partido es el «de los moderados»

NÚRIA VEGA

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Pedro Sánchez espera a Pablo Casado a las puertas de la Moncloa. FOTO: EFE

Pedro Sánchez espera a Pablo Casado a las puertas de la Moncloa. FOTO: EFE

Más que un movimiento de aproximación, la reunión de ayer entre Pedro Sánchez y Pablo Casado en la Moncloa fue la constatación de la distancia que separa a Gobierno y PP. La cita puso de manifiesto que la renovación de órganos constitucionales como el Consejo General del Poder Judicial, que requiere de la participación de socialistas y populares para superar el trámite parlamentario, continuará, de momento, bloqueada.

Ni un solo gesto alentó el optimismo en este terreno. Si acaso, quedó algún margen, aun sin garantías, para abordar otros asuntos como las pensiones, la educación o la financiación autonómica. El desencuentro, tras hora y media de reunión, la primera desde la investidura, derivó en dos perspectivas difícilmente conciliables.

Lo que el presidente del PP planteó, de partida, al Gobierno fue una enmienda prácticamente a la totalidad del proyecto de Pedro Sánchez en política institucional, exterior y económica. Y el Ejecutivo replicó con un reproche por la actitud «obstruccionista», «negacionista» y «decepcionante» con la que, a su juicio, acudió Casado a la cita. Así justificaron en la Moncloa el no haber llegado a proponer nombres o posibles fórmulas para todos esos organismos pendientes de actualización, como el CGPJ, el Tribunal Constitucional o el Defensor del Pueblo. A partir de ahí, cada cual intentó fijar su relato.

Casado buscó sacudirse la imagen de bloqueo y de cercanía a Vox que le atribuye el PSOE

El de Casado buscaba sacudirse la imagen de bloqueo y de cercanía a Vox que le atribuye el PSOE. En la rueda de prensa, reivindicó al PP como «el partido de los moderados» y tendió una oferta al Gobierno, bautizada «compromiso con España», que incluye la posibilidad de hablar de los Presupuestos Generales del Estado. Sin embargo, el ofrecimiento quedó condicionado a que Sánchez rectifique la mayor parte de las decisiones adoptadas en este primer mes.

El líder de los populares reclamó a su interlocutor romper con los independentistas, dejar sin efecto la mesa de negociación con la Generalitat, modificar su política fiscal y mantener la reforma laboral de Mariano Rajoy. Sólo así accederá, dijo, a «sentarse a hablar» de las cuentas públicas. Lo que en la práctica hace inviable este escenario.

Tampoco quedó exenta de requisitos previos la posible renovación de los miembros del CGPJ. El presidente del PP considera que la revisión del órgano de gobierno de los jueces no puede desligarse de un plan por «despolitizar la Justicia», y, por extensión, reclamó que Dolores Delgado no sea designada fiscal general. Este nombramiento, apuntó, «dificulta mucho» la negociación.

Precisamente, este jueves la exministra tiene que someterse al examen del Congreso que certificará si reúne las cualidades para tomar las riendas del Ministerio Público. Es el último trámite legal. Esto significa que el enfrentamiento político se va a desplazar a la Cámara baja.

Los populares censuran que Delgado haya sido la elección de Sánchez para la Fiscalía cuando hasta enero ejercía de titular de Justicia. Y con este argumento, compartido en las organizaciones territoriales de la formación conservadora, ya enfriaron el mes pasado la posibilidad de hablar sobre el CGPJ con un Ejecutivo en el que aseguran no confiar.

El Gobierno reprochó al líder del PP haberse instalado en una «estrategia de bloqueo»

En todo caso, dado que el mandato expiró en diciembre de 2018, el PP sabe que es un asunto que está en agenda, aunque Casado insistiera ayer en que el problema no es el consejo. «Si salimos a la calle, la noticia no es si un partido bloquea el CGPJ -despejó-, la noticia es que hay un Gobierno sentado en la mesa negociando la autodeterminación».

La réplica del Ejecutivo llegó incluso antes de que Casado compareciera ante la prensa. En un comunicado, el Gobierno reprochó al líder del PP haberse instalado en una «estrategia de bloqueo» y no variar sus posiciones, pese a su responsabilidad al frente del principal partido de la oposición.

Poco después, fue la ministra Portavoz, María Jesús Montero, quien criticó que detrás de las renuncias que exigen los populares para dotar de estabilidad al Gobierno haya un intento «de imponer la política del PP utilizando como rehenes» a los organismos que están pendientes de renovación. También reiteró que el viraje hacia el diálogo con la Generalitat no es revisable. No hubo posibilidad de puntos en común. Aunque la reunión duró más que aquella de 40 minutos en diciembre en la que Casado confirmó a Sánchez su no a facilitar la investidura, el resultado fue el mismo. La imposibilidad, a día de hoy al menos, de superar la confrontación.

En agenda no hay ningún nuevo encuentro en perspectiva, más allá de que el presidente del Gobierno y el líder de la oposición seguirán viéndose las caras en el Congreso, la próxima mañana miércoles en la sesión del control al Ejecutivo. Casado preguntará a Sánchez si «¿ha renunciado el Gobierno a reducir el desempleo que sufren más de tres millones de españoles?».

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