Celaá propone usar bibliotecas o gimnasios como aulas de clase

La ministra aboga por aprovechar para modernizar el sistema educativo

ANTONIO PANIAGUA

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Las escuelas continúan cerradas y solo se abren para tareas de limpieza y desinfección. FOTO: EFE

Las escuelas continúan cerradas y solo se abren para tareas de limpieza y desinfección. FOTO: EFE

A partir de septiembre las aulas cambiarán de fisonomía. Con el fin de guardar la distancia de dos metros para así evitar el contagio por coronavirus, los centros escolares podrán acondicionar bibliotecas, gimnasios, salones de actos y otros lugares con objeto de ser usados como espacios lectivos. Así lo anunció ayer la ministra de Educación, Isabel Celaá, si bien subrayó que todavía es pronto para despejar algunas incertidumbres, pues todo depende de cómo evolucione la pandemia.

En caso de que al final del verano no haya una vacuna contra el patógeno, como es lo más probable, el número de alumnos por aula se reducirá a la mitad, de forma que no se superen los 15 estudiantes. Si tal cosa así ocurriera, se tendrían que fraccionar la clases, hacer dos o más grupos, tal y como ha hecho en Francia.

La ministra de Educación hizo todas estas propuestas en la Comisión de Educación del Congreso de los Diputados, donde abogó por modernizar el sistema educativo. A su juicio, el currículo actual adolece de un exceso de «contenido enciclopédico». Es algo que se ha constatado durante la crisis sanitaria, en la que la organización escolar ha sido sometida a una «extraordinaria prueba de estrés». Isabel Celaá no quiso extenderse mucho más sobre cómo será el regreso a las clases, toda vez que es el Ministerio de Sanidad el que ejerce el mando único. Aun así, explicó cómo otros estados están haciendo la desescalada. «Hemos de aprovechar absolutamente todos los espacios físicos de los centros, no solo las aulas». En este sentido, citó el caso de Dinamarca, donde algunos profesores ejercen la docencia al aire libre.

Abrir espacios

«Necesitamos modernizar las infraestructuras», argumentó Celaá, quien sugirió a aquellos centros que vayan a acometer obras en verano que lo hagan con la «perspectiva de abrir espacios para asegurar distancia».

Buena parte de las preguntas de la oposición se refirieron a si va a conceder una suerte de aprobado general en el presente curso. En abril, una orden ministerial estableció que los estudiantes pasarán de curso salvo «casos muy excepcionales». El tercer trimestre se enfocará a recuperar materias de los dos anteriores, pero en ningún caso se empeorarán los resultados académicos. Según Celaá, Madrid opuso algunas objeciones al acuerdo, pero luego se desmarcaron Andalucía, Murcia y Castilla y León, además de la comunidad gobernada por Isabel Díaz Ayuso, a causa de consignas de partido, en opinión de la ministra.

La titular de Educación negó que se vaya a imponer una «barra libre» y aseguró que serán las juntas de evaluaciones las que decidan si un alumno con algún suspenso pasa de curso y consigue así la titulación. «No se puede hacer otra cosa», destacó la responsable del departamento, quien recalcó que en otros países afectados por la Covid-19 sí se ha extendido el aprobado general.

Las autoridades educativas son conscientes de que la pandemia ha revelado que 700.000 hogares en España carecen de dispositivos de acceso a internet, un 15%, dato que, aun siendo abultado, es una proporción menor que en otros países europeos. Con todo, Celaá aseguró que la enseñanza presencial es «insustituible».

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