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Clientes de cuatro patas

Hoteles, restaurantes y hasta peluquerías se suman a la tendencia de aceptar e incluso atender a los animales de compañía que traen sus clientes

Rafael Servent

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Un establecimiento de Tarragona con el adhesivo de la campaña 'Aquí Sí'. Foto: Pere Ferré

Un establecimiento de Tarragona con el adhesivo de la campaña 'Aquí Sí'. Foto: Pere Ferré

‘Pet Friendly’. Literalmente, «amigable para mascotas». Con una población registrada de 151.235 animales de compañía en la demarcación de Tarragona y un gasto medio anual de 817 euros por perro y de 534 euros por gato –según datos del Consell de Col·legis Veterinaris de Catalunya y del ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente–, ser amigable con las mascotas no parece una mala política para un establecimiento de cara al público.

El fenómeno ‘Pet Friendly’, con mucha más tradición en países de nuestro entorno europeo como Francia o Bélgica, empieza a despuntar también aquí desde hace apenas cinco años. En esencia, se trata de tener en cuenta las demandas de las personas que deciden pasar sus ratos de ocio (como ir a comer a un restaurante o alojarse en un hotel), pero también sus tareas más cotidianas (como comprarse unos zapatos o cortarse el pelo) acompañados por sus mascotas.

«En los últimos cinco o seis años –relata Fernando Benéitez, profesor de Marketing Digital en ESIC Business & Marketing School, además de fundador de la tienda online Mundo Animal–, ha habido un aumento de la concienciación de cómo se tiene que convivir con un animal de compañía. De ser una mascota ha pasado a ser un miembro más de la familia, alguien con quien convivir y disfrutar».

Con este cambio cultural, en el que ha influido mucho el aumento de las adopciones, «llega el momento de las vacaciones –prosigue Benéitez– y la gente siente más pena que hace unos años por tener que dejarlos en una residencia o con un amigo. Sienten pesar por no hacer partícipes de su día a día a esos animales de compañía».

«Los establecimientos –resume– se están dando cuenta de esto, y para ganar cuota de mercado están abriendo sus puertas a los animales de compañía. Es un segmento de mercado que vamos a notar cada vez más».

Cambio cultural

«Acaba de haber un debate en el Congreso de los Diputados, que pronto se recogerá en una ley, que dice que los animales ya no serán cosas, porque no serán más ‘bienes embargables’», destaca Maria Pifarré, experta en animales de compañía del Consell de Col·legis Veterinaris de Catalunya. En su opinión, es una muestra palpable del cambio cultural que está viviendo nuestra sociedad.

Pese a los intentos por revertir situaciones como la prohibición de las corridas de toros en Catalunya (que se logró a partir de una Iniciativa Legislativa Popular) mediante maniobras como la declaración en 2013 de la Tauromaquia como Bien de Interés Cultural por parte del gobierno español, el cambio es imparable y se acelera.

En el caso de los animales de compañía (legalmente, sólo perros, gatos y hurones), Maria Pifarré, del Consell de Veterinaris de Catalunya, coincide con la opinión de Fernando Benéitez, de ESIC: «Antes –explica Pifarré– era el animal que tenías en la casa, para que te la guardase o te cuidara las ovejas. Ahora esos animales viven dentro de casa y son un miembro más de la familia».

Ese cambio cultural es el que ha llevado, en algunos entornos animalistas, a rechazar la palabra ‘mascota’ (a la que algunos atribuyen unas connotaciones antiguas negativas) para adoptar la de ‘animal de compañía’. La transformación del lenguaje en términos políticamente correctos siempre es un reflejo de cambios sociales y culturales de mayor complejidad.

Aunque es incipiente. Según Pifarré, pese a que el término oficial es ‘animal de compañía’, sigue alternándose de forma indistinta con ‘mascota’, sin mayor conflictividad. Abundan eufemismos como ‘nuestros pequeños amigos’, ‘otro miembro más de la familia’... pero los mismos que pueden llegar a denostar el término ‘mascota’ en castellano lo aceptan sin problemas cuando se dice en inglés. Porque ‘pet’ significa ‘mascota’.

Algo parecido alcanza a los propietarios de esos animales de compañía. Los términos legales son ‘propietario’ o ‘poseedor’ (en el caso de una cesión temporal, por ejemplo por un tratamiento médico), pero nunca ‘dueño’ o ‘amo’. Hay quien va más allá y empieza a hablar de ‘papá’ o ‘mamá’. Ahí vienen los problemas.

«La humanización de los animales –explica Pifarré– es lo que lleva hoy a que tengamos más problemas de comportamiento que nunca. Les hablamos como bebés, y eso tiene consecuencias». La solución es fácil: formación. «Si somos capaces de llevar a nuestros hijos a la escuela, cómo no vamos a llevar un mes a nuestra mascota a que aprenda a estarse quieta, a no subirse a la mesa o a venir cuando la llamamos», añade.

Tenencia responsable

Un adecuado comportamiento de las mascotas cuando están en un espacio compartido como un restaurante o la cafetería de un hotel es, de lejos, el primer requisito de un establecimiento ‘Pet Friendly’. Son los propietarios quienes mejor conocen cómo se comportará su mascota en determinados contextos, y el sentido común suele hacer el resto.

Para Irene Águilas, presidenta de la asociación reusense Gent i Gossos, eso es una parte fundamental de la ‘tenencia responsable’, en la que la socialización de los animales de compañía es importante. Esta asociación tiene en marcha una campaña para que los comercios del Camp de Tarragona identifiquen voluntariamente que son ‘Pet Friendly’ con una pegatina en sus puertas de acceso. La iniciativa se llama ‘Aquí Sí’, y va por la treintena de establecimientos, principalmente en Reus y Tarragona.

«Pensamos que era importante hacerlo –explica Irene Águilas–, porque hay muchos establecimientos donde pone que no se admiten perros, pero no había ninguno donde pusiese que sí».

Pero la tendencia está cambiando. La legislación prohibe el acceso de animales de compañía a lugares en los que se manipulen alimentos. Claramente, cocinas, obradores de pastelería o carnicerías, por poner algunos ejemplos, aunque la última palabra la tienen los ayuntamientos, que pueden regularlo mediante ordenanzas.

Con esa salvedad, la prohibición o no del acceso de mascotas a un establecimiento de cara al público es una decisión que toma el propietario del negocio, pero que no puede atribuir a ninguna obligación legal. En términos de marketing, mantener a día de hoy el cartel de ‘Perros No’ sin una argumentación sólida que lo respalde es una apuesta a la baja.

«Cuando veo un establecimiento que no deja entrar perros –explica Maria Pifarré, del Consell de Col·legis Veterinaris de Catalunya–, como clienta, aunque no lleve conmigo ningún perro, eso ya me tira para atrás. En otros países que tienen mascotas perfectamente educadas, te permiten entrar con ellas a la carnicería. Y es lo que nos estamos encontrando: muchos extranjeros que nos preguntan por qué no».

A diferencia de ellos, los catalanes seguimos pidiendo permiso para entrar en un comercio con nuestra mascota. Para Fernando Benéitez, de ESIC, falta mucho para que eso cambie: «Hay una tendencia, pero hasta el punto en que no preguntemos, eso todavía no llegará».

Lo que sí ha llegado es otra cosa: «Los comercios que respondan de manera no apropiada [a la solicitud de acceso con una mascota] están condenados a perder clientes. Si tú respondes que no de manera no amable, la gente ya mira raro. No quiere decir que tengas que decir que sí, pero hay que ser amable».

Hoy, girar hacia el ‘Pet Friendly’ sólo puede sumar. «En términos de marketing –resume Benéitez–, con el simple hecho de que una persona del establecimiento empatice con el animal, ofreciendo agua o acariciándolo, el nivel de fidelización que se obtiene es brutal. Por no decir las menciones, comentarios, opiniones y ratings positivos que logras».

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