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Cómo enseñar Beethoven y Bach a través de YouTube

La pandemia del coronavirus ha irrumpido también en la forma de aprender, a distancia, de los alumnos de los conservatorios

MERCEDES Z. BARANDIARÁN

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Una alumna de un conservatorio del País Vasco graba su ensaya de piano. FOTO: EFE

Una alumna de un conservatorio del País Vasco graba su ensaya de piano. FOTO: EFE

Hasta ahora la presencialidad de las clases de interpretación musical era una premisa sine qua non en cualquier conservatorio. La pandemia del coronavirus Covid-19 ha irrumpido también en la forma de enseñar Bach o Beethoven, al menos de forma temporal, y WhatsApp o YouTube son ya instrumentos tan imprescindibles como el violín o el piano.

Alumnos y profesores de todos los niveles se han visto obligados a adaptarse al confinamiento impuesto por la pandemia y muchos conservatorios y escuelas de música ofrecen la posibilidad de seguir con la enseñanza desde casa mediante videollamadas o grabaciones en YouTube para que los dedos no dejen de responder cuando haya que volver a la normalidad.

El cambio ha llegado también a los centros de enseñanza superior como el centro Superior de Música del País Vasco Musikene, cuyos elevados niveles de exigencia complican la situación.

Los alumnos de este centro ubicado en San Sebastián reciben, desde la distancia de cada uno de sus propios hogares, los consejos de sus maestros para conseguir la interpretación casi perfecta que se presume a estos aspirantes a concertistas profesionales.

La música tiene un componente añadido de dificultad a la hora de adaptarse a los métodos telemáticos, ya que las plataformas habituales pueden ser perfectas para las materias teóricas, pero no están preparadas para trabajar el sonido al nivel de detalle que necesita un estudiante de alto nivel. «Hemos recurrido al Skype que funciona a veces y otras veces no, pero finalmente los propios estudiantes han optado por grabarse con su móvil o en un canal particular de YouTube», explica Marta Zabaleta, pianista y profesora en Musikene que utiliza esta fórmula con sus alumnos de grado y especialidad.

De hecho, algunos de ellos confiesan que se hacen «hasta ocho pruebas» antes de enviar la definitiva a su maestra. «Los hay tan perfeccionistas que todavía no he recibido nada de ellos», asegura su profesora.

«Esto les viene bien porque se tienen que ver y les hace ser autocríticos. Se ven, se escuchan y se dan cuenta de que se pueden corregir a sí mismos», indica Zabaleta aunque reconoce que se trata de una solución excepcional para una situación excepcional.

Los materiales, pequeñas grabaciones de no más de cinco minutos, son escuchados por la profesora, que hace las anotaciones pertinentes en las partituras que tiene en su biblioteca, y traslada al alumno, mediante video llamada, los detalles que se pueden mejorar.

«Es muy complicado con la reververación. Los tempos, los gestos, la idea musical se puede trabajar, pero no así la belleza del sonido», asegura Zabaleta.

Pero la tecnología y la imaginación a la hora de buscar fórmulas alternativas a las clases tradicionales no solventan uno de grandes problemas a los que se enfrentan estos jóvenes músicos, sobre todo los de alto nivel: las más de cuatro y cinco horas diarias de ensayo que necesitan.

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