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Con la tensión entre Iglesias y Sánchez crece el riesgo de repetir elecciones

PSOE y Podemos se acusan mutuamente de nulo ánimo negociador tras la quinta reunión para la investidura

Paula de las Heras

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Pedro Sánchez y Pablo Iglesias parecen cada vez más alejados de un acuerdo para la investidura. FOTO: Juan Carlos Hidalgo

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias parecen cada vez más alejados de un acuerdo para la investidura. FOTO: Juan Carlos Hidalgo

No es ya que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no fueran capaces de avanzar en la negociación para la investidura que se votará el 23 y el 25 de julio durante la reunión que ayer mantuvieron en el Congreso, es que su relación es cada vez más tensa. Ni el líder de Unidas Podemos ni la vicesecretaria general del PSOE, encargada de ejercer como portavoz tras el encuentro, Adriana Lastra, disimularon la enorme distancia que los separa. El juego de la adjudicación de culpas ante un eventual adelanto electoral, cada vez más factible, está en marcha.

El lunes, el presidente en funciones recibió el aval de su ejecutiva para mantenerse firme en su decisión de no abrir la puerta a la entrada de ministros de Podemos y puso en marcha una estrategia encaminada a asentar el relato de que Iglesias está dispuesto a frustrar, por segunda vez desde 2016, un Gobierno «progresista» simplemente por no ver satisfecha su «ambición» por los sillones. La dirección del partido aprobó así entregar a la coalición de izquierdas un documento, bajo el nombre ‘España avanza’, para empezar a hablar de algo más que de la composición del Ejecutivo.

Iglesias recibió con escepticismo el texto, que definió como un «corta y pega» del programa electoral del PSOE (los socialistas lo admitieron), y en el que apenas hay guiños hacia su partido.

«Se niega a constituir los equipos de negociación; entendemos que antepone los nombres a las líneas a desarrollar», recriminó Adriana Lastra. «Constatamos que no quieren negociar. No es sensato que el PSOE actúe como si tuviera mayoría absoluta cuando no la tiene», acusó Podemos.

Iglesias, cazado al vuelo a las puertas de un ascensor, argumentó que él no ha parado de «flexibilizar» su postura. Como gestos, los podemistas computan la oferta de renunciar al Ejecutivo de coalición si, una vez sometido a la investidura, no cuenta con apoyo suficiente, y la disposición a firmar por escrito que serán leales en la estrategia con Catalunya y en política exterior. Los socialistas cuestionan que esas propuestas impliquen cesión, y defienden que los únicos que se han movido hasta ahora han sido ellos, al pasar de defender un Gobierno en solitario a abrir la puerta a que Podemos se incorpore a puestos de segundo nivel en la Administración del Estado, a que Iglesias proponga ministros independientes o a la creación de una comisión de seguimiento de lo pactado.

Bucle político

Pablo Casado se reunió durante poco más de una hora con Pedro Sánchez y no hubo novedades. El líder del PP ratificó a su interlocutor que su partido no va a facilitar con la abstención su investidura. También volvió «a tender la mano» para alcanzar pactos de Estado. Hasta once ve factibles.

Pero Casado también mostró su hartazgo por la situación de bloqueo, y además de instar a Sánchez a que «nos saque de este bucle político» y encuentre apoyos, apuntó que igual ha llegado el momento para que Sánchez empiece a pensar en «coaliciones de gobierno» en vez de pedir abstenciones a PP y Ciudadanos para facilitar su reelección.

Albert Rivera rechaza por su parte que negarse a acudir a las llamadas del presidente sea una falta de respeto institucional. Lo sería, añadió, si desoyera una invitación de Felipe VI, pero Pedro Sánchez «no es el Rey», es el candidato a la investidura propuesto por el jefe del Estado. Como tal, prosiguió el líder de Cs, negocia los apoyos para su reelección, y en esa tarea con Ciudadanos no tiene «nada de qué hablar».

En otro orden de cosas, Cs denunció ayer ante la Fiscalía el acoso que sufrió su comitiva durante el desfile del Orgullo del sábado en Madrid, por el que exige la dimisión de Fernando Grande Marlaska. Acusa al ministro del Interior de haber «alimentado el odio» y puesto a sus dirigentes en la «diana», tras asegurar éste que pactar con Vox tendría consecuencias.

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