Cuando los padres no educan

Una de cada cuatro familias ‘delega’ en los profesores la formación de sus hijos de 0 a 6 años 

26 febrero 2019 10:23 | Actualizado a 26 febrero 2019 10:24
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La teoría dice que la educación de los niños es cosas de todos: de sus padres y de sus profesores en la escuela. Pero en la práctica, esta premisa cojea. Una de cada cuatro familias tiene una implicación muy baja en el proceso educativo de sus hijos entre 0 y 6 años. Así se desprende del Estudio de Opinión sobre la Educación Infantil en España elaborado por la Asociación Mundial de Educadores Infantiles (Amei-Waece), correspondiente a 2018. Solo el 34 % de las familias tiene una intervención alta o muy alta. 

Según este trabajo, en el que colaboran los principales agentes de la educación infantil, la involucración de los padres cuando sus hijos acuden por primera vez a un centro infantil es alta debido a las necesidades asistenciales del niño, pero disminuye a medida que  pequeños adquieren autonomía. En esa etapa tienden a «delegar la parte educativa en los maestros».  

Elvira Sánchez Igual, directora de comunicación de Amei-Waece y principal responsable del estudio, asegura que «la labor educativa empieza siempre en la familia. Los educadores y maestros de Infantil deben compartir con ellas esa responsabilidad, completando y ampliando las experiencias formativas que los niños y niñas adquieren en el marco familiar». 

 El informe señala que el trabajo conjunto debe servir para lograr determinados hitos como el abandono del pañal, la retirada del chupete o la autonomía a la hora de comer, y que se necesita que el centro y las familias tengan las mismas pautas de actuación. 

Otro punto de debate es el desencuentro entre familias y educadores por lo horarios: los profesores reclama adaptarlos a la labor educativa mientras que los padres demandan una mayor flexibilidad por las circunstancias sociolaborales. La imposibilidad, de conciliar la vida familiar y la laboral -un déficit al que ni empresas ni administraciones ponen solución- ‘obliga’ a los padres a desconectar de los primeros pasos escolares de sus hijos. 

«La primera infancia es una de las fases más importantes e influyentes en la vida de cualquier niño, especialmente durante los primeros 1.000 días. En esta etapa se instauran las bases fundamentales del desarrollo de la personalidad, se conforman los hábitos, habilidades, conocimientos y capacidades que se desarrollarán y perfeccionarán en las sucesivas fases de la vida de cada niño», afirma Juan Sánchez Muliterno, presidente de Amei-Waece, que lamenta que, pese a ser un momento «determinante, todavía no parece ser tan importante como el resto». En este sentido, la asociación pide que no se hable de horarios adaptados a los padres, sino «adaptados a los niños».

Supervisar los deberes no ayuda
La implicación parental en la educación está relacionada con los resultados académicos. Pero cuidado, los padres no tienen que hacer de maestros. La ayuda y supervisión de los deberes escolares por parte de los progenitores tienen un efecto «débil» en el rendimiento educativo del alumnado, según un informe de la Fundació Jaume Bofill y del Institut Català d’Avaluació de Polítiques Públiques (Ivàlua), que revisa decenas de estudios realizados sobre el efecto de la implicación familiar en los logros educativos de los alumnos. 

Que haya comunicación en casa y se realicen actividades en familias (lectura compartida o juegos educativos) es más provechoso que el afán de los padres por involucrarse en la escuela a través de jornadas o voluntariado, indican la Fundació Bofill e Ivàlua. En este sentido, los programas destinados a ayudar a los hijos a aprender a leer son los que muestran impactos positivos de mayor magnitud, así como las actividades más estructuradas y focalizadas en el aprendizaje. 

El informe señala, además, que los programas más breves suelen funcionar mejor que los de larga duración, y que el impacto se sostiene para niños y familias de cualquier nivel socioeducativo y nivel educativo parental.

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