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De Reus a luchar contra las mafias y el tráfico de humanos en el Mediterráneo

Carlos Jesús Domínguez ha tomado parte en la Operación Sophia, que persigue a traficantes de migrantes en el mar Mediterráneo. Ayudó a rescatar a niños y embarazadas a la deriva

Raúl Cosano

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Carlos Jesús Domínguez, junto a la fragata Reina Sofía.  Foto: dt

Carlos Jesús Domínguez, junto a la fragata Reina Sofía. Foto: dt

El cabo primero Carlos Jesús Domínguez (Reus, 43 años) ya está deseando volver. Los cuatro meses y medio que ha pasado a bordo de la fragata Reina Sofía, en mitad del mar Mediterráneo, le han marcado. «No hay nada más gratificante que sentirse útil para los demás y ver que tu trabajo sirve para que otras personas estén mejor», cuenta este militar de la escala de tropa y marinería especializado en mecánica.

Carlos Jesús ha participado en la Operación Sophia de lucha contra el tráfico ilegal de seres humanos frente a las costas de Libia. Por un lado, la fragata arrestaba a los traficantes y eliminaba a las embarcaciones de la mafia antes de su empleo; por el otro, participaba en el rescate de personas, salvándoles la vida cuando amenazaba naufragio en medio del Mediterráneo.

 

Los momentos difíciles

La huella de esa labor humanitaria fue profunda. El cabo reusense vio en primera persona el drama que azota el Mediterráneo desde hace varios años. «Hubo momentos difíciles. El primer rescate que tuvimos fue muy complicado porque la embarcación de madera en la que estaban los migrantes estaba semihundida. A toda la dotación se nos quedó grabado ese momento», narra.

Aquel estreno fue uno de los días más complicados. «Nos encontramos con personas en el agua y mucha gente en shock a medida que embarcaban en la fragata. Era doloroso ver cómo hay gente sin escrúpulos que se aprovecha de esta situación y cómo eran tratados (algunos venían heridos) por lo que, aunque no quieras, te afecta y te das cuenta de lo afortunado que eres. Lo bueno es que uno se siente útil ayudándoles de la mejor forma posible».

Durante su despliegue, el buque de la Armada rescató a 3.762 personas en el mar de Libia y cooperó en el rescate de otros 1.136 migrantes. Domínguez recuerda otras situaciones delicadas:«Me acuerdo de cuando trasladamos a una mujer embarazada de nueve meses en helicóptero, o a un niño de unos 11 años que se encontraba en situación crítica. Después hemos sabido que este niño se recuperó favorablemente».

 

Mecánico y bombero

Este militar, que ingresó en la Armada en mayo de 1998, tiene la especialidad de mecánica y está destinado en la seguridad interior de la fragata Reina Sofía. Él es el responsable de controlar todos los equipos y sistemas contra incendios: «Mi labor principalmente es la de bombero en la cámara de control central. Básicamente mi trabajo es llegar primero a una incidencia, como puede ser un incendio o una inundación, intentando controlarla y si es posible apagar el incendio o buscar el foco de la inundación».

Él tenía un cometido decisivo en los rescates. A la orden de Zafarrancho Solas, como se denomina el avistamiento de inmigrantes en el mar, él debía mantener cerradas una serie de puertas estancas de acceso desde el exterior del buque. Así se conseguía tener un control de todas aquellas personas que habían embarcado en el navío. También montaba las mangueras de evacuación de aguas fecales de los baños químicos. «Eran baños colocados al efecto para que las personas que se rescataban del mar pudieran tener la mayor intimidad y comodidad posible».

Si no había rescate, se dedicaba al mantenimiento de sistemas, en jornadas de seis horas a tres turnos. «En lenguaje marino se dice a tres vigilancias de seis horas. Trabajábamos seis horas. Luego teníamos 12 horas para descansar y desconectar un poco viendo una película o leyendo un buen libro», rememora.

A bordo de la fragata, la buena convivencia era un requisito vital. «Llevo en la fragata bastante tiempo y somos como una pequeña familia. Tras tantos días en el mar uno se aferra a ellos con fuerza», relata. También había tiempo de asueto. «Cuando no estábamos en zona de misión descansábamos algunos días en puerto. Hacíamos turismo, pasear, probar la gastronomía del país y comprar recuerdos para la familia». Cada cierto tiempo, podían hablar con familiares y amigos vía telefónica o a través de internet.

La colaboración con buques de otros países es clave: «En ocasiones las oleadas de personas eran tan grandes que hubo momentos en los que se tenían que repartir otros buques para poder llevarlas a puerto».

De hecho, en este tiempo, la Reina Sofía se integró en la Fuerza Naval de la Unión Europea (Eunavformed). Ahora la fragata Canarias la ha sustituido en la misión. Hasta junio rescatará a personas a la deriva y perseguirá las mafias de la inmigración.

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