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Funny Monday, en Tarragona, vende tazas personalizadas con mensajes de vídeo

Rafael Servent

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Sílvia Castellví y Josep Balastegui con algunas de las tazas de Funny Monday. Foto: Lluís Milián

Sílvia Castellví y Josep Balastegui con algunas de las tazas de Funny Monday. Foto: Lluís Milián

Recibir un paquete en casa. Abrir la caja y encontrarte una taza con un mensaje amoroso y un código QR impresos en su superficie. Echar mano del smartphone y escanear el código. Descubrir un vídeo grabado con el móvil en el que te piden matrimonio. Ha pasado.

En Funny Monday, el proyecto que arrancaron el pasado mes de julio en Torreforta (Tarragona) Sílvia Castellví (Torreforta, 39 años) y Josep Balastegui (Barcelona, 41 años), imprimen, empaquetan y envían a cualquier rincón de la Península un millar de tazas al mes con mensajes motivadores, cómplices, burlones, solidarios... todos con su vídeo del remitente, en el que lo mismo sale un grupo de amigos berreando un desafinado «cumpleaños feliz cuarentón», como una niña mandando ánimos a su abuela ingresada en el hospital.

«Quisimos darle otra dimensión al típico regalo, dándole sentimiento y haciendo que cobre vida», cuenta Josep. La mecánica es simple: se elige la taza y el mensaje impreso; se graba un vídeo con el móvil; se manda a Funny Monday por correo o por WhatsApp; se añade la dirección del destinatario; (se paga); se imprime, se manda y se entrega. Todo siempre por Internet. «Queremos ser mensajeros de emociones», resume Sílvia.

La idea surgió un día cuando Josep, oyendo cantar el ‘Sol, solet’ a la hija que tiene con Sílvia –se llama Alma y ahora tiene dos años y medio–, decidió colgar en su dormitorio un vinilo con un sol. Sílvia y Josep tenían (y aún tienen) una empresa de artes gráficas, así que lo de imprimir el vinilo vino de carrerilla. Pero Josep quería un plus. No podía conformarse con otro vinilo más.

Empezó a darle vueltas a cómo «darle otra dimensión» a ese vinilo, buscando una forma de integrar en él la reproducción de la canción. Su mente fue saltando hasta llegar a Funny Monday. Y en julio, se lanzaron.

El éxito de la propuesta ha desbordado sus expectativas. El negocio tradicional de artes gráficas facturó en 2015 unos 87.000 euros. Funny Monday, sólo con las tazas, podría facturar, al ritmo que llevan, unos 287.000 euros el próximo año.

Pero no piensan quedarse en eso. Láminas, puzles, alfombrillas de ordenador, camisetas... todo es susceptible de enriquecerse con vídeos. Ya tienen un buen número de pedidos para sus ‘cajitas de emociones’, un pack que lanzarán en Navidad compuesto por una lámina de buenos propósitos con pegatinas, una taza con mensaje y unas gafas para visionar vídeos en 360 grados. Está funcionando muchísimo como regalo de empresa.

En Funny Monday trabajan hoy cuatro personas. Van a tener que contratar a más gente. El local de Torreforta se les queda pequeño. Pasada la fiebre de Navidad, le tienen echado el ojo a un par de naves en el polígono industrial de Constantí.

Mientras tanto, ¿qué pasó con el vinilo de Alma? Que «en casa de herrero...», reconoce Josep. Eso sí: la abuela tiene su taza con la niña cantando el ‘Sol, solet’.

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