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Diseñan una enzima que se «come» las botellas de plástico

Creada por azar en un laboratorio, es la nueva esperanza para acabar con este tipo de material. Océanos de todo el mundo se ven contaminados por estos plásticos

EFE

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Las botellas de plástico están inundando mares y océanos de todo el mundo. FOTO: Istock/Thinkstock

Las botellas de plástico están inundando mares y océanos de todo el mundo. FOTO: Istock/Thinkstock

Las botellas de plástico tardan siglos en degradarse, pero ahora una nueva enzima creada por azar en laboratorio aporta una nueva esperanza para poner cerco a esta dañina contaminación, según un estudio que publica la revista PNAS.

Un grupo de científicos han diseñado esa enzima que es capaz de digerir algunos de los plásticos contaminantes más comunes, lo que «proporciona una solución potencial a uno de los mayores problemas medioambientales del mundo», según un comunicado de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido).

Este descubrimiento, en el que colaboró también el Laboratorio Nacional de Energía Renovable (NRLE) del Departamento de Energía de los Estados Unidos, puede llevar a una solución de reciclaje para millones de toneladas de botellas de plástico hechas de terftalato de polietileno (PET).

La nueva enzima es capaz de degradar además el polietileno-furanoato (PEF), un material bio-basado en el plástico que empieza a usarse en sustitución de la botellas de cerveza de vidrio.

Los profesores John McGeehan, de la Universidad de Portsmouth, y el Gregg Beckham, del NREL, descifraron la estructura cristalina de la PETasa, una enzima recientemente descubierta, y usaron esa información obtenida en 3D para comprender cómo funciona.

Sin embargo, durante ese proceso diseñaron realmente por azar una nueva enzima que es aún mejor que la PETasa (creada por la propia naturaleza) para degradar el plástico, explica la nota.

Los investigadores están ahora trabajando en mejorar aún más la enzima para que pueda usarse de manera industrial para degradar el plástico en un poco tiempo.

El uso del plástico se generalizó en los años 60 y entonces «pocos podían haber previsto que grandes manchas de este material se encontrarían flotando en los océanos o que serían arrastrados a playas de todo el mundo», dijo McGeehan.

El profesor recordó que «todos podemos desempeñar un papel significativo» para hacer frente al problema de los plásticos, en especial la comunidad científica que debe usar «toda la tecnología a su disposición para desarrollar soluciones reales».

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