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«Divorcié a parejas que había casado como edil en Tarragona»

El paso por la política. Fue el fichaje ‘estrella’ del PSC en 2011. Estuvo cuatro años como concejal de Relacions Ciutadanes en Tarragona. Hizo muchos amigos y también algún que otro enemigo

XAVIER FERNÁNDEZ JOSÉ

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A la izquierda, Zapater, el pasado julio. FOTO: DT

A la izquierda, Zapater, el pasado julio. FOTO: DT

¿Cómo fue su entrada en política?

El alcalde Josep Fèlix Ballesteros me pidió que formara parte de su lista en las municipales de 2011. Era la tercera vez que él -o el PSC- me lo pedían y en esta ocasión no pude decir que no. Pero solo por cuatro años.

¿Por qué aceptó?

Clara, mi hija, había fallecido meses antes en Alemania y sentí el apoyo de Tarragona. Negarse habría sido una ingratitud. Necesitaba retornar a la ciudad parte de lo me dio.

¿Se arrepiente de haber aceptado?

En absoluto. Agradezco a Ballesteros el regalo impagable que me hizo.

¿Lo mejor de su paso por la política?

Echar una mano durante cuatro años en la gobernanza de Tarragona y haber contribuido a la paz social de la ciudad. También la cantidad de amigos que hice. Algunos excepcionales, como Joaquín Ruiz de Arbulo, Julián Sánchez (alcalde de Lillo), Joan Ribas y el resto de los miembros del Setge. Y dentro de la política, Javier Villamayor, Arga Sentís o el propio Ballesteros.

¿Lo peor?

Los cuatro o cinco enemigos que me salieron, a los que probablemente defraudé con mis decisiones. Y las estrecheces económicas. Sobre todo durante los años 2012 y 2013. En Relacions Ciutadanes contábamos el dinero como veía contarlo a mis padres en mi niñez. Como en época de posguerra, vaya.

¿Hubiese aceptado de saber lo que iba a pasar?

Yo era consciente de que la política municipal era exigente y de que pillaba la peor época de la crisis. Sabía a lo que iba.

Cuénteme alguna anécdota que le sucediera en el ejercicio de su cargo.

Fue en la boda de Iniesta, en el verano de 2012, en el castillo de Tamarit. Yo acompañaba al alcalde, que ofició la ceremonia. Me llamó la atención el nerviosismo de Andrés, a pie de altar, durante los cinco minutos que se demoró la novia y la autoridad que transmitía pese a la aparente timidez que se le veía en televisión.

Menudo lujo, codearse con las estrellas del Barça. Que sepa que le tengo mucha envidia.

Me resultaba incomprensible que los Messi, Xavi y compañía no me reconocieran cuando pasaba por su lado, pese a que semanalmente ‘coincidía’ con ellos en el comedor de mi casa. Debió ser gratificante para los jugadores las muestras de cariño verbal que les lanzaban los aficionados desde la ladera de la montaña vecina al castillo.

Más allá de esa anécdota, ¿qué le resultó chocante de sus cuatro años de concejal?

La virtualidad de casar y descasar a la vez. Los fines de semana casaba como concejal en el ayuntamiento, y entre semana como abogado descasaba. Hubo gente que casé y luego divorcié, y a la inversa.

Durante ese tiempo siguió ejerciendo. ¿Cómo compaginaba su labor profesional como abogado con su tarea política en el Ayuntamiento?

Gracias a la ayuda inestimable de varias personas en mis tres ámbitos más próximos: Ana Llovet, en el Ayuntamiento; Manuela Perea y Montse Jordá en mi bufete; y mi mujer, en casa. Y haciendo más horas que un reloj. Incluso los fines de semana, que tenía que compaginar numerosos actos con la redacción de una demanda o la preparación del juicio del lunes.

¿Sus clientes le comentaban algo?

De vez en cuando. A algunos les hacía gracia que su abogado estuviera en la Plaça de la Font. El «¿cómo va el ayuntamiento?» era una pregunta recurrente al final de alguna que otra visita con clientes.

¿Repetiría como concejal?

No. Ni tengo apetencias políticas, ni estoy para estas cosas a estas alturas de mi vida.

¿Hay muchas envidias en política?

Yo no las percibí, la verdad. Pero sí que noté la pugna entre compañeros del mismo partido. «Dios me guarde de mis compañeros de partido, que de mis rivales ya me guardo yo», suele decirse.

¿Su paso por la política le sirvió para conocer mejor Tarragona y a los tarraconenses?

Fue como hacer un máster de cuatro años sobre Tarragona, una ciudad hecha a la medida del ser humano. Llegué a la conclusión de que los tarraconenses somos como somos en parte porque solo unos pocos llevan más de cuatro generaciones con ‘denominación de origen’ Tarragona a sus espaldas. Recordemos que, cuando los franceses abandonaron la ciudad el 19 de agosto de 1813, solo quedaban 300 habitantes.

¿Cree que es adecuado que los profesionales se impliquen en política?

Sin duda. Su lógica y su visión de las cosas pueden complementar las de los políticos natos.

¿Les merece la pena dada la mala imagen que tienen los políticos entre los ciudadanos? Según el CIS los políticos son el segundo problema de la sociedad española, solo por detrás del paro.

Creo que sí. La experiencia puede ser enriquecedora. En mi caso lo fue. No me marché con las manos vacías, en el buen sentido de la frase, se entiende.

¿Cómo se podría favorecer que los profesionales entrasen en política?

Con listas abiertas. Se quitaría el poder a los aparatos de los partidos, que al confeccionar las listas deciden, de facto, quiénes saldrán elegidos, y se devolvería a los ciudadanos.

Ahora están de moda los ‘fichajes estrella’. ¿Qué opina?

Que es un trueque de la fama por unas expectativas de poder.

Algunos de esos fichajes le salen ‘rana’ a los partidos. Por ejemplo, Manuel Valls y Ciudadanos.

Es que la realidad se impone tras la luna de miel de la campaña electoral y no es infrecuente el choque de trenes entre el rudo aparato del partido y el divismo del candidato estrella.

¿Habría que limitar mandatos para impulsar la renovación de los partidos?

Yo pondría dos mandatos como máximo. Ocho años y a casa, como en EEUU.

¿Qué opina de los políticos profesionales? Me refiero a las personas que no han hecho nada más en su vida, o casi nada más, que ocupar cargos políticos.

Que deberían evitarse, pues por un lado quedan fuera de órbita de sus profesiones iniciales, y por otro se adocenan en sus cargos oficiales y tienden a perpetuarse. En ese escenario, lo que buscan es enlazar cargos hasta alcanzar la jubilación. Y en su cruzada particular están dispuestos a lo que sea. Y eso es peligroso. Hay ejemplos en casi todos los partidos.

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