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Dos reusenses, primeras 'víctimas' de falsos secuestros virtuales

La banda, que llama desde Chile, asegura que ha secuestrado a un hijo y pide un rescate, a pagar inmediatamente para evitar que el receptor compruebe que la amenaza no es verdadera
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La banda realiza las llamadas a veces desde número oculto y en otras se ve en la pantalla.  Foto: Lluís Milián

La banda realiza las llamadas a veces desde número oculto y en otras se ve en la pantalla. Foto: Lluís Milián

«Tenemos secuestrada a su hija. Corre peligro de vida. Somos profesionales, necesitamos dinero». Son algunas de las expresiones que recibió en su teléfono un vecino de Reus el pasado 6 de marzo en lo que aparentaba ser el rapto de su hija. Pero el hombre tuvo la visión de decirle a su esposa –que le acompañaba– de que llamase por su móvil a su hija para ver si aquello que le decía una voz anónima era verdad. Finalmente todo quedó en un enorme susto cuando la hija de la pareja se puso al teléfono y aseguró que tanto ella como su pequeña estaban en perfecto estado. Ésta es una de las 33 denuncias que hasta el pasado martes habían recibido los Mossos d’Esquadra por los denominados secuestros virtuales, una modalidad que desde principios de febrero se está dando en Catalunya –y también en el resto de España–. Aunque se trata de la única denuncia en las comarcas de Tarragona y las Terres de l’Ebre, el Diari ha sabido que al menos otro vecino de Reus recibió una llamada similar, aunque no ha denunciado su caso.

Desde hace aproximadamente dos meses, Catalunya sufre un ataque de secuestros virtuales. Aunque es muy difícil de calcular, se sospecha que a lo largo del día se llegan a recibir más de un centenar de llamadas. Casi todas acaban en intentos porque los receptores lo consideran una broma de mal gusto o, sencillamente, no le se lo creen y cuelgan directamente. En ningún caso se ha llegado a pagar por el supuesto rescate, aunque al menos en cinco casos las víctimas estaban convencidas de hacerlo.

La banda siempre pide el máximo de dinero, que suele ser entre 10.000 y 20.000 euros.Después pregunta cuánto puede sacar la víctima y finalmente se conforma con el importe, por pequeño que sea, habitualmente entre 200 y 500 euros. Aunque en Catalunya nadie ha llegado a pagar por el rescate ficticio, en España se han llegado a abonar hasta 5.000 euros. Los extorsionadores siempre piden que se les haga llegar el dinero a través de una empresa especializada o bien por transferencia. Jordi Domènech, jefe del Àrea Central d’Investigació de Persones de los Mossos, cree que ningún ciudadano de Catalunya ha llegado a picar en el engaño por la propia campaña de prevención que está realizando la Policía Autonómica: «Lo único que podemos hacer a nivel policial es que nadie pique».

 

Tentativa de estafa

El principal obstáculo al que se enfrentan los Mossos es que en la mayoría de países de origen se investiga el caso como una tentativa de estafa, y no como una extorsión, lo que apenas tiene relevancia penal. «Siempre lo consideramos una estafa, aunque algunos casos no serían ni delito sino una ‘estafa imposible’. Por ejemplo, si te dicen que matarán a tu hijo y uno no tiene», señala el mando de la Policía Autonómica. De todas maneras, la persona que reciba una llamada de este tipo tiene que avisar lo antes posible a los Mossos d’Esquadra, ya que disponen de una Unitat de Segrestos i Extorsions, especializada en este tipo de casos y saben cómo actuar en cada momento.

El primer caso conocido en Catalunya ocurrió el 3 de febrero, cuando un vecino de Sant Feliu de Guíxols recibió una llamada avisándole de que habían secuestrado a su hijo. El hombre, que no tenía hijos, pensó que los captores se habían equivocado y que habían secuestrado al hijo de otra persona, por lo que acudió a los Mossos d’Esquadra, que descubrieron el entuerto y empezaron a tomar cartas en el asunto.

Después del caso de Sant Feliu de Guíxols siguió uno en Barcelona (día 19) y otro en Vilafranca del Penedès (el día 21). Y así hasta un total de 33, apunta Jordi Domènech. No sabe cuántos se pueden contabilizar en el resto del país, donde tanto la Guardia Civil como la Policía Nacional y la Ertzaintza también investigan casos. El número total hasta la fecha podrían rondar entre los 200 y los 300.

El único caso denunciado en las comarcas de Tarragona, recordaba el inspector Domènech, se produjo el pasado 6 de marzo –la denuncia se presentó al día siguiente–. Un matrimonio volvía a casa después de realizar unas compras en un centro comercial en las comarcas de Barcelona. El hombre recibió la llamada en su teléfono móvil. Eran las 20.48 horas y al otro lado del aparato –desde un número oculto– se escuchaba una voz de mujer, que se hacía pasar por su hija:«Papá, sálvame, me tienen secuestrada...». Seguidamente se puso un hombre: «Tenemos a su hija secuestrada, corre peligro de vida (...) Somos profesionales, necesitamos dinero, manténgase al teléfono o no volverá a verla, no cuelgue, no hable con la Policía. No hable con nadie», aseguraba el interlocutor, para inmediatamente pedir el rescate: «La vida de su hija vale 20.000 euros». Ante esta cantidad, el receptor de la llamada aseguró que eran una familia trabajadora y que no disponían de esta cantidad. El supuesto secuestrador le dio indicaciones para que se mantuviera al teléfono o, de lo contrario, «le vamos a cortar un dedo –a la joven–».

El denunciante comentó a su interlocutor que le podía dar 600 euros de la tarjeta de crédito y, creyendo que se encontraban en Reus, le dijo que podían quedar en la capital del Baix Camp. Mientras ello sucedida, la esposa del denunciante habló por su teléfono móvil con su hija, quien le indicó que estaba bien tanto ella como la nieta.

Desde entonces, la Policía catalana se ha puesto en contacto con los institutos para que trasladen a los padres consejos básicos para que traten de mantener la sangre fría si reciben una llamada de estas características.

Entre otras medidas, los Mossos recomiendan que los padres lancen preguntas trampa –por ejemplo, cambiando el nombre de su hijo para cerciorarse de que se trata de un engaño–, que tomen notas cuando hablan, que exijan poder ponerse en contacto con la víctima y, sobre todo, que traten de cortar la comunicación lo antes posible.

Todas las denuncias recibidas por la Policía Autonómica siguen el mismo patrón. Los autores son las mismas personas. Se sabe porque algunas de las receptoras de las llamadas han podido grabar la conversación y se ha podido establecer que siempre es el mismo grupo. Además, las grabaciones se han dejado oír a las otras víctimas y también las han reconocido. Incluso cuando ponen la voz de un niño o niña –el del supuesto secuestrado– siempre es un adulto. «Se ha hablado con el resto de cuerpos policiales de España y coinciden en que se trata de las mismas personas», explica el inspector.

 

En expansión

Aunque se desconoce porque esta práctica se ha extendido a España, Jordi Domènech cree que el grupo ha querido salir de su territorio y, por una cuestión idiomática, se ha fijado en España. Reconoce que tras las primeras llamadas recibidas en Catalunya, «pensábamos que era algo casual». Las llamadas recibidas no son diarias, a tenor de las comunicaciones que reciben los Mossos d’Esquadra. Es una cuestión aleatoria por toda España.

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