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El Islam pide sitio en el cementerio

Las entidades islámicas de Tarragona reclaman lugares para enterrar por el rito mahometano y evitar los gastos que supone el traslado al país de origen y que pueden rondar los 6.000 euros

Raúl Cosano

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El cementerio de Tarragona no tiene parcelas donde se permitan entierros según el rito musulmán. Es una de las reclamaciones de las asociaciones islámicas en la provincia. Foto: c. i./dt

El cementerio de Tarragona no tiene parcelas donde se permitan entierros según el rito musulmán. Es una de las reclamaciones de las asociaciones islámicas en la provincia. Foto: c. i./dt

Paco Cano (o Albdelkarim) es un tarraconense convertido al islam. «Mi religión está por encima de todo, pero a mí me gustaría ser enterrado aquí, en Tarragona. Lo ideal sería que hubiera un cementerio islámico, acorde con nuestras creencias. Si no, me enterraría aquí igualmente», reconoce.

Ante esa carencia, el 90% de los musulmanes afincados en la provincia son repatriados cuando mueren a su país de origen, ya sea Marruecos, Libia, Argelia, Túnez o Senegal, entre otros. Parte de la comunidad islámica reclama zonas en los cementerios especialmente habilitadas para acoger sepulturas según el rito musulmán. «Queremos empezar a hablar en breve con algunos ayuntamientos de municipios como El Morell o Constantí», admite Lahoucime El Goumri, presidente de la Federación de Asociaciones Islámicas y Culturales de la provincia de Tarragona.

La comunidad musulmana en Tarragona ronda los 200.000 miembros (un 50% son marroquíes y un 30% ya autóctonos). En España, hay 1,7 millones de seguidores de la fe islámica y únicamente 11 cementerios. Sólo existen dos camposantos exclusivos de la comunidad islámica, en Griñón (Madrid) y Fuengirola (Málaga). En otros, como en el de Collserola (Barcelona), se han habilitado terrenos con esos usos.

Ante ese volumen, el colectivo pide habilitar espacios en los camposantos. «Un ciudadano musulmán quiere recibir sepultura en la tierra de su confesión, pero habrá que ver cuál es la postura de las segunda y las terceras generaciones. En todo caso, también está claro que cada vez hay más musulmanes que son españoles, que ya han nacido aquí, y que llegado el momento querrán ser enterrados en un espacio adecuado, acorde con sus creencias», explica Lahoucime El Goumri.

El destino más habitual tras el fallecimiento es la repatriación, una opción también empleada por otros colectivos extranjeros. «La mayoría de las personas que han venido a vivir aquí se repatrian. Eso sí, los que tienen hijos o familia en el lugar donde mueren se suelen enterrar aquí. Depende de la edad de los hijos. Si ya son grandes y han ido a la universidad, pueden optar por enterrarse aquí, al menos en cuanto a los latinoamericanos. En el mundo musulmán, el porcentaje que regresa es mucho más elevado», afirma Luis Suárez, presidente de la asociación de latinoamericanos en Tarragona, además de agente de seguros y trabajador en una compañía de pólizas de decesos.

Para una persona de entre 30 y 40 años, la póliza tiene un coste aproximado de unos seis euros al mes. Luis Suárez conoce bien el precio que la repatriación supone. «Para Sudamérica, sólo la preparación y el viaje cuesta alrededor de unos 6.000 euros, sin contar con el entierro allí. A países de Europa el precio puede rondar los 4.000 euros y a Asia alrededor de unos 5.000», cuenta Suárez. La incineración no es una opción muy utilizada: «Normalmente, entre los latinoamericanos, se prefiere la repatriación. Poca gente prefiere la incineración».

El colectivo musulmán en la provincia, para cubrir los gastos de repatriación, ha creado una caja común mediante la Federación de Asociaciones Islámicas de Tarragona. Por 40 euros anuales, una familia al completo cubre la repatriación a su país de origen tras el fallecimiento.

En el caso de apuros económicos, el Gobierno de Marruecos se encarga de sufragar los gastos, en una gestión a través del consulado. «Los musulmanes que acaban siendo enterrados en España son escasos. Sucede cuando a lo mejor ha habido problemas económicos y desconocimiento a la hora de pedir ayuda al Consulado, por ejemplo», cuenta Lahoucime El Goumri.

Así, en algunas ocasiones el fallecido se entierra en un cementerio de España cuando no hay más alternativa, obviándose el rito islámico: cuerpo mirando a La Meca, recostado a la derecha, envuelto en paños blancos y pegado a la tierra, sin ataúd.

Bancos o compañías de seguros también ofrecen esas coberturas. Las colectas de dinero también son habituales entre diversas nacionalidades. «A veces hay muchos problemas económicos para acometer esos traslados. En el caso de Bolivia, por ejemplo, a través del consulado se dan ayudas pero hay que demostrar un grado de pobreza extrema, y sólo pagan parte de la repatriación. Se ven muchas colectas de gente que pide dinero a sus compatriotas aquí», añade Luis Suárez.

Desde el Serfumt, la empresa responsable de los servicios funerarios en Tarragona, no se tiene notificación de ninguna iniciativa para habilitar parcelas dirigidas a entierros según la práctica mahometana, como indica el gerente, Ignasi Puig: «La ley es para todo el mundo igual, sea de la confesión que sea. Respetamos todas las religiones, aquí hay nichos para todos. De momento, la ley no permite enterrar en tierra. Si cambia, lo haremos. La gran mayoría de los musulmanes son repatriados a su país».

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