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El confinamiento por el coronavirus también trae algunas buenas noticias

Hábitos. El encierro en casa está siendo duro, pero nos ha hecho recuperar algunas costumbres y adquirir otras que no estaría mal que permanecieran tras la crisis

MÓNICA SEQUEIROS

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Una de las cosas que hemos descubierto con el confinamiento es la necesidad de hacer deporte. FOTO: PERE FERRÉ

Una de las cosas que hemos descubierto con el confinamiento es la necesidad de hacer deporte. FOTO: PERE FERRÉ

Parece que han pasado meses y solo hace 22 días que tuvimos que empezar a quedarnos en casa sin poder salir a hacer vida normal. Este duro confinamiento ha hecho que aguzemos el ingenio, el buen humor y que hayamos aprendido, por fin, el significado de la palabra resiliencia. Y es que hay algunas buenas noticias para aliviar la cuarentena (ojalá algunas de ellas hayan venido para quedarse).

Menos contaminación

Uno de los primeros efectos del confinamiento y el recorte de la actividad ha sido la reducción de la contaminación en todo el mundo. En las ciudades españolas la contaminación está en «mínimos históricos», según Greenpeace. La lucha contra el cambio climático puede avanzar y las estrellas vuelven a ser visibles en el cielo.

La reducción de la contaminación viene marcada, en gran medida, por la disminución del tráfico en las grandes ciudades. De hecho, en Tarragona y Reus la contaminación por el tráfico ha caído un 89%. Los atascos son cosa del pasado. Las personas que tienen que seguir yendo a trabajar por lo menos pueden hacerlo sin afrontar atascos, esperas o madrugones para llegar a tiempo a su puesto de trabajo.

El valor de los abrazos

Los dos besos del saludo forman parte de nuestra idiosincrasia y es difícil tener que suprimirlos. Pero las medidas preventivas frente al contagio han eliminado también los abrazos y la cercanía física con nuestros seres más queridos. Una distancia muy dura de soportar que hace que echemos de menos el contacto físico más de lo que nunca pensamos y que nos enseña a apreciar lo que vale un buen achuchón, tanto de ánimo como de alegría. Cuando esto acabe, no solo nos lanzaremos a los bares, sino a los brazos de nuestros amigos y familiares.

Conciliando, que es gerundio

Algunas de las medidas excepcionales impuestas por la cuarentena son además una oportunidad para avanzar en la conciliación de la vida personal y laboral. El cierre de los colegios y la obligación de trabajar desde casa hará más en este ámbito que todos los discursos políticos oídos hasta la fecha.

Es verdad que aún quedan muchos pasos que dar, entre ellos que los horarios se vuelvan menos inhumanos y las sillas más cómodas, pero este gran ensayo de teletrabajo está funcionando. Mejora la eficiencia del trabajador, ahorra tiempo, reduce costes a la empresa y hasta permite avanzar frente al cambio climático. Si no nos volvemos locos en el proceso, solo queda implantarlo.

Más atención a los mayores

En España hay nueve millones de personas de más de 65 años. Algunas de ellas sufrieron la Guerra Civil o la Segunda Guerra Mundial, pero no recuerdan una situación como esta. Durante la crisis económica su casa fue el refugio familiar, su pensión sirvió para hacer la compra e incluso se colgaron la pancarta de yayoflautas para defender en la calle reivindicaciones de todos. Ahora son los más vulnerables y la sociedad ha vuelto su mirada y sus manos hacia ellos para rescatarlos de este virus y convertirlos en una prioridad, como siempre se han merecido. Con la etiqueta #MayoresNoEstáisSolos ya hay montones de mensajes en Twitter para darles ánimo y apoyo.

La familia unida

El confinamiento ha obligado a convivir a las familias que antes pasaban el día dispersas en diferentes actividades. Se trata de una convivencia en ocasiones difícil, otras aburrida, incluso a veces casi traumática, pero que puede resultar divertida o enriquecedora.

No es Navidad, pero lo parece. La familia reunida en casa e incluso en la distancia, porque la crisis ha despertado el interés por saber hasta de los familiares más lejanos, esos a los que solo se llama cuando llega la hora de felicitarles las fiestas navideñas cada año.

Conocer a los vecinos

Antes nos cruzábamos con nuestros vecinos en el ascensor y no sabíamos si hablar del tiempo o recurrir a mirar el móvil. Desde que estamos confinados los vemos casi todos los días por la ventana, cuando salimos a aplaudir a los sanitarios. Ya no son esos desconocidos que hacen ruido al otro lado de la pared, son los que cantan desde sus balcones para alegrarnos el confinamiento, los que nos dan ánimo si nos cruzamos, guardando las distancias, en las escaleras. Ya sabemos sus nombres, no los olvidemos cuando volvamos a salir a la calle.

El tiempo recobrado

Libros por leer, armarios que limpiar, idiomas que aprender, amigos a los que llamar... La cuarentena ha facilitado todas estas tareas que teníamos pendientes y que, una y otra vez, quedaban aplazadas por la carrera de la vida diaria. Ahora que la cotidianeidad se he vuelto del revés hemos podido dejar de ir a apresurados de un sitio a otro y parar. Podemos aprender a pintar, a tocar la guitarra... Incluso podemos permitirnos el lujo de perder el tiempo, somos millonarios en horas.

Buenos hábitos a diario

Aprender a lavarse bien la manos, respetar el espacio vital de las personas, no apiñarse para hacer la compra, ponerse mascarilla para no contagiar cuando estemos resfriados... Además, nos hemos concienciado de que hay que hacer algo de ejercicio todos los días, aunque sea con rollos de papel higiénico o bolsas de la compra y no con las pesas en el gimnasio.

Tregua de crispación política

El conflicto catalán, un año lleno de contiendas electorales y otras circunstancias llevaron a la política a un grado de crispación insoportable. La necesidad de establecer el estado de alarma ha atenuado el enfrentamiento y, salvo excepciones, el Congreso ha entonado el «todos a una». La necesidad de combatir el coronavirus deja no solo un hemiciclo más desinfectado que nunca, sino más «limpio» de insultos. Que dure.

La sanidad pública, un tesoro

No nos cansamos de escucharlo: España tiene uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo. Un sistema formado por miles y miles de profesionales que están defendiendo al país frente al coronavirus, que luchan para vencer y son capaces de arriesgar sus vidas por ello. Y no están solos porque se encuentran respaldados por los trabajadores sociales y un sinfín de otros efectivos a los que les ha tocado estar en primera línea. Todos ellos merecen el aplauso diario y mucho más.

Revalorizar lo humilde y cercano

Hay muchos trabajadores indispensables en esta crisis. Las profesiones más humildes se han revalorizado y los sectores primarios cobran protagonismo, justo cuando los bajos precios amenazan su supervivencia. Ya nunca más se podrá decir con tono despectivo lo de ir a trabajar de cajero a un supermercado. Son profesiones que deberíamos de escribir con mayúsculas: Cajera, Pescador, Ganadera, Tendero, Camionera, Agricultor... como si fuesen cargos honoríficos.

Cultura gratis para todos

Conciertos por las redes sociales, obras de teatro online, libros de descarga gratuita, ópera en las webs, hasta recorridos virtuales por monumentos. La cultura ha entrado en todas las casas sin más coste que el de la conexión para poder acceder a la amplia oferta desplegada estos días.Las bibliotecas, los museos, los teatros y las salas de conciertos han cerrado sus puertas, pero han abierto sus ventanas en internet para que todo el mundo pueda disfrutar del arte sin moverse del sofá.

Solidaridad con mayúsculas

El espíritu de los voluntarios que fueron a limpiar el chapapote hace 18 años, tras el desastre del Prestige, no ha muerto. Sus herederos se encargan de la compra para los que están en cuarentena, hacen cadenas de mensajes para llegar a los aislados, rebajan el alquiler a sus inquilinos o cosen mascarillas para los sanitarios. Decenas de iniciativas solidarias que han surgido para paliar los efectos de la pandemia. Una nueva marea blanca imparable que no debe quedar olvidada.

El perro, el mejor amigo

Las mascotas se han convertido en un bien preciado, han vuelto a ser lo que siempre fueron: el mejor amigo del hombre y de la mujer. De cualquiera, en definitiva, que pueda sacarlos a pasear. Los perros siempre estuvieron ahí, haciéndonos compañía y enseñándonos el valor de cuidar y proteger, y de ladrar a tiempo. Ojalá este verano no hagan falta campañas para evitar su abandono.

¿Un alto el fuego?

El director general de la ONU, António Guterres, pidió esta semana un «alto el fuego mundial», detener todas las guerras para hacer frente al coronavirus. La paz mundial, aunque sea temporal, siempre ha parecido un deseo imposible, pero, ¿quién sabe? Cosas más sorprendentes estamos viviendo ante esta pandemia. No perdamos la esperanza.

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