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El cooperativismo se expande

Este modelo de negocio se ha convertido en una alternativa para nuevos sectores de actividad
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Joaquim Domènech, Rut Domènech, Manel Reverté y Santi Nomen, en la nave de Les Atxes en L´Hospitalet de l´Infant. Foto: Pere Ferré

Joaquim Domènech, Rut Domènech, Manel Reverté y Santi Nomen, en la nave de Les Atxes en L´Hospitalet de l´Infant. Foto: Pere Ferré

Un proyecto que suma el ahorro energético y la gestión forestal de la Serra de Llaberia

Empresarios del sector de la construcción e investigadores se unían hace tres años para constituir Les Atxes. El proyecto suma la gestión forestal de la Serra de Llaberia y la eficiencia energética desde el punto de vista de la creación de riqueza en el territorio y para el territorio.

La iniciativa la impulsaron seis socios del Baix Camp. El objetivo era limpiar los bosques, reduciendo el riesgo de un incendio forestal por culpa de una mala gestión. Sin embargo, para crear una demanda de estufas y calderas antes hacía falta despertar el interés por la biomasa. «Nos planteamos hacer algo local. Un producto km O con energía que se genere aquí y nos permita llegar a un consumidor responsable», explica Rut Domènech. Algunos de los socios ya habían trabajado juntos, así que apostaron por un modelo de cooperativa de trabajo asociado. «Era el momento de unirnos y poner en común el trabajo que cada uno de nosotros puede aportar», describe Santi Nomen.

La idea inicial era cerrar el círculo. Desde la limpieza de bosques a la obtención de los pellets o astillas, además de la instalación de las calderas y el suministro. «Vimos que era muy complejo, así que hicimos un convenio con el consorcio de la Serra de Llaberia para comprarles la materia prima», explica Nomen.

Para tener un control sobre las necesidades de madera, los clientes se adhieren como socios, obteniendo de esta forma unas condiciones favorables en la compra. A día de hoy son alrededor de 150 personas las que tienen este estatus, lo que supone una demanda de unas 200 toneladas de astilla y otras 400 de pellets.

Desde su constitución Les Atxes ha crecido cada año. Además de los seis socios tiene a un empleado y la facturación de unos 110.000 euros en 2014 crece del orden de un 10% cada año. «Hace falta tener una mentalidad empresarial», asegura Domènech. Les Atxes tiene también una subsede en Vallgorguina (Vallès Oriental) y ha participado en la constitución de otras cooperativas energéticas en Catalunya.

 

Una iniciativa para crear puestos de trabajo para mujeres en el mundo rural

Gemma, Aroa, Anna y Olívia son las impulsoras de Som Cuina, una pequeña cooperativa de Sant Carles de la Ràpita que ofrece platos preparados y servicio de cátering a partir de productos de proximidad.

La iniciativa arrancó hace cinco años de la mano de la administración local y con el apoyo de la Federació d’Associacions de Dones Rurals (Fademur). El objetivo era iniciar proyectos emprendedores en los municipios rurales con una tasa más elevada de mujeres en paro. Y el proyecto de La Ràpita, junto con otros cuatro en España, fue uno de los que tiró adelante gracias a fondos europeos.

La empresa se estableció después de un exhaustivo estudio de mercado. Además del servicio de cátering preparan la comida para escuelas, fiestas y un albergue. Esto supone que pueden servir comida para alrededor de cincuenta críos cada día, durante el curso.

La fórmula de cooperativa ha representado un mecanismo para facilitar la vida laboral y familiar de sus socias. «Nos da libertad para poder compaginar ambas cosas», describe Olivia Alucha. Las siete trabajadoras tienen entre 25 y 37 años y ahora mismo dos de ellas están embarazadas, por tanto la conciliación siempre ha sido una de las prioridades del negocio. Con una facturación mensual de entre 5.000 y 6.000 euros, el proyecto está lejos de los objetivos que se había marcado. Habían hecho un cálculo para emplear a 22 mujeres y, aunque siguen en menos de una decena, en lo que va de año han incorporado a dos nuevas personas.

 

Combatir la exclusión social desde la jardinería

Cesc Oliva (técnico forestal), Josep Gisbert (ingeniero agrónomo) e Irene Fernández (licenciada en empresariales) habían coincidido en un centro especial de trabajo, cuando se quedaron en paro. Esto les llevó a impulsar su propio proyecto. Así nacía Entra, una cooperativa que se constituyó el 10 de octubre de 2013 y en la que más adelante se sumaron también Alberto Monge y Daniel Pérez.

Con sede en el barrio de Bonavista de Tarragona, esta sociedad pretende combatir la exclusión social a partir de trabajos forestales y de jardinería. «Digamos que tuvimos una mala experiencia en el anterior empleo, con tics de autoritarismo», describe Fernández. Por ello optaron por un modelo en el que todos deciden por igual «independientemente del capital aportado, cada persona es un voto».

Además de los cinco socios trabajadores, Entra cuenta con otros cinco colaboradores, que pagan una cuota de 40 euros. Básicamente son familiares y amigos que participan en las asambleas y ofrecen su asesoramiento.

En estos momentos, Entra tienen a tres trabajadores que vienen de un programa de garantía juvenil. Y el objetivo es que estas personas puedan «sentirse suyo el negocio –en palabras de Irene Fernández– de forma que se les ofrecerá la oportunidad de ser socios». Pese a que tienen convenios para la inserción de estos jóvenes, los impulsores de Entra ponen en valor que el 95% de su trabajo viene a través de encargos privados.

El año pasado facturaron 45.000 euros, una cifra que prevén doblar este año. «De momento nos hemos dedicado básicamente a reinvertir la facturación para ganar músculo y hacernos grandes, porque tenemos expectativas para seguir creciendo», describe Josep Gisbert.

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