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El coronavirus aplaza el duelo de las familias

El hecho de no haber acompañado a fallecidos es de una enorme generosidad social porque ha evitado que otros mueran

MARINA SEGURA

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Imagen del tanatorio municipal de Reus. FOTO: FABIÁN ACIDRES

Imagen del tanatorio municipal de Reus. FOTO: FABIÁN ACIDRES

El duelo por la muerte de un ser querido con coronavirus hace más complicado encajar el golpe que en otras situaciones: la despedida no es posible, falta la calidez del entorno, la sensación de culpa y enfado es mayor, y todo se ralentiza. Para superarlo será necesario hacer en el futuro un reconocimiento social colectivo.

La catedrática de Psicología Clínica de la Universidad Complutense de Madrid Mari Paz García-Vera, y la profesora de Sociología de la Universidad Europea de Madrid Rebeca Cordero, explican la importancia de desarrollar estrategias personales ante esta crisis epidemiológica.

Ambas coinciden en que hay distintos modos de elaborar el duelo y consideran esencial no sentir culpa por no haber estado junto a los seres queridos, aunque sí tristeza. «No ha sido una elección ni ha dependido de ellos la soledad de sus familiares», subraya García-Vera.

Aunque sea complicado de entender ahora, apunta Rebeca Cordero, el hecho de no haberlos acompañado es de una enorme generosidad social porque ha evitado que otros mueran, impidiendo el avance de la cadena de contagio, y «probablemente al fallecido tampoco le hubiera gustado participar en la extensión» de la enfermedad.

Inevitablemente la actual situación obliga a «postergar el duelo, pero se pueden hacer pequeños actos individuales o en familia (con la que se convive) que pueden ser, por ejemplo, salir con los niños a la terraza a mirar las estrellas o después de «los aplausos por nuestros sanitarios escribir una carta de despedida entre todos y dejarla en la terraza con la ilusión de que la persona que se ha ido la lea después», explica la psicóloga clínica.

En cuanto a la ausencia de contacto físico, la estrategia es pensar que es «algo temporal que nos mantiene a salvo y, cuando sintamos ganas de achuchar, se puede sustituir por algo que nos cuesta mucho hacer hoy: decirle a la gente lo importante que son para nosotros, las cosas que hacen bien, las cosas que valoramos mucho, su esfuerzo».

«Quizá esta sea una oportunidad para desarrollar mucho más esas ‘gafas’ de ver lo que la gente hace bien y de decírselo», añade García-Vera al respecto.

El duelo, afirma la catedrática, tiene dos partes para avanzar: el trabajo emocional de ir aceptando poco a poco y, al mismo tiempo, «seguir funcionando, distraerse de esa tristeza, hacer cosas», todo ello sin prisa ni agobios.

Es verdad, añade la socióloga, que estamos confinados, pero «tenemos la suerte de tener redes e internet que nos permiten hacer conversaciones grupales diarias y tenemos que hablar de la persona muerta, que nos hará estar fuerte». Hoy más que nunca es necesario «extender en el tiempo el contacto telemático con los familiares».

«Todos van a necesitar a hacer una despedida, todos van a tener que cumplir un rito, y si el rito no lo podemos hacer ahora, lo tendremos que aplazar», indica Cordero.

De las cinco fases del duelo -negación, enfado, negociación (establecer una conversación con nosotros mismos), dolor o depresión y aceptación, Cordero recalca la importancia de esta última: «te despides del fallecido recolocándole en tu vida, dándole un nuevo lugar, siendo consciente de que no está».

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