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El coste de denunciar la corrupción: "Me echaron por negarme a firmar un sobrecoste"

Azahara Peralta dirigió la descontaminación de Acuamed en Flix hasta que la despidieron. Su denuncia destapó una trama que desvió sólo en esa obra 40 millones. "No me arrepiento", dice

Raúl Cosano

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La ingeniera Azahara Peralta, en su etapa como directora de obra de Acuamed en Flix. Residía en Amposta. Está a la espera de juicio para poder ser readmitida en la empresa. FOTO: Laura Chaparro

La ingeniera Azahara Peralta, en su etapa como directora de obra de Acuamed en Flix. Residía en Amposta. Está a la espera de juicio para poder ser readmitida en la empresa. FOTO: Laura Chaparro

«Tengo mis días. A veces estoy peor y otras mejor», confiesa Azahara Peralta (Madrid, 38 años). «No me arrepiento, aunque se pasa muy mal. Tampoco cambiaría nada de lo que hice», asegura esta ingeniera agrónoma, licenciada en Ciencias Ambientales y exdirectora de obra en Acuamed para descontaminar el río Ebre a su paso por Flix, la obra de esa índole de mayor envergadura que se ha realizado en España.

Una denuncia suya sirvió para destapar la trama supuestamente corrupta de la empresa pública Acuamed, para la que trabajaba. Año y medio después de su despido, que ella denunció, aún espera juicio: «Quiero que me readmitan para seguir trabajando. Considero que yo he hecho bien mi trabajo. Si hubiera sido un error mío, lo asumiría».

6.000 euros gastados

Azahara asimila como puede un calvario de desempleo, denuncia pública y justicia. Se ha dejado a estas alturas unos 6.000 euros en abogados. Azahara lleva muchos meses viviendo la parte más amarga de haber denunciado un caso de corrupción: «A veces se lleva mal. Me intento animar a mí misma, pero al final no ves futuro en todo esto».

Peralta se hizo cargo de la obra en Flix en octubre de 2013. Se afincó en Amposta, donde residió hasta 2015. Poco tiempo después de llegar empezaron los problemas. «Fue un proceso largo. El contratista, FCC, presentó la reclamación. Mi jefa me decía que tenía que llegar a un acuerdo económico con el contratista, pero siempre dentro de la dinámica de trabajo. Me decía ‘mírate la reclamación, a ver si podemos llegar a un acuerdo’. A medida que iba pasando el tiempo las presiones eran más constantes».

Algo no cuadraba en aquella reclamación que le hacían firmar: «Era una reclamación muy rara, de mucho dinero, y yo no la entendía. Inicialmente era de 79 millones, aunque ellos se conformaban con 40. Se escuchaban cosas. Aquello coincidía con que el contratista tenía otra obra, una desaladora, y había habido problemas y estaba totalmente arruinada. No sé si había algún vínculo».

Su ‘no’ al contratista

La ingeniera no le vio sentido a la petición: «Había muchas partes de la reclamación que eran de una fase previa, en la que yo no había estado. Mi compañero me dijo que esas reclamaciones ya las había rechazado. El resto eran cosas ya contempladas en el proyecto, o cuestiones futuribles que en ese momento no tenían ningún sentido. Había también una parte de cosas que el contratista tenía que asumir, por contrato».

Después llegó la auditoría. «Al principio pensé que era una auditoría normal, pero pronto vi cosas raras. Parecía que todo mi trabajo y el de mi equipo lo estaban manipulando, y era todo muy dirigido a mí. Vi que no era una auditoría constructiva. Era una especie de caza de brujas, con una intencionalidad muy clara de que no saliera bien».

A Azahara le entregaron un pliego de cargos. «Supuestamente tenía la obra descontrolada. Por entonces había muchas reuniones con el contratista para llegar a un acuerdo, pero a mí ni me citaban». Azahara se negó a firmar y ese mismo día recibió la carta de despido. La persona que le sustituyó sí autorizó la aprobación de esa reclamación, aunque no se llegó a realizar el pago, ya que intervino la Guardia Civil en la operación: «Mi carta de despido tiene 72 hojas y da la sensación de que yo no aparecía por Flix».

Cobrando el paro

Azahara se ha sentido sola en algunos momentos, pero también ha recibido todo tipo de mensajes de apoyo. «Es lo único gratificante y lo que te reconforta. Me llegan mensajes de gente a la que no conozco de nada y pienso que por lo menos hay una parte de la sociedad que lo valora, y que sabe apreciar que haya gente que diga que no, y que no esté dispuesta a pasar por el aro. Lo que hicimos fue defender los intereses del dinero público». También a su equipo le rescindieron el contrato.

La madrileña, que aún cobra la prestación de desempleo, confía en pasar página pronto. «Espero que todo salga bien, al final será el juez el que decida. Me gustaría que se dictamine quiénes son los culpables y que a los inocentes, que somos también afectados, se nos reconozca como tales». Lo principal es volver a un empleo y a una vida cotidiana fuera de estas turbulencias: «Mi carrera se ha quedado frenada. Sólo espero poder reactivarla».

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