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El exilio, la maldición de los Borbones

Tataranieto, bisnieto, nieto e hijo de exiliados, Juan Carlos I ha seguido la tradición familiar aunque por razones distintas

RAMÓN GORRIARÁN

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Peñalver (al fons) preveu impulsar la versió definitiva al setembre. FOTO: cedida

Peñalver (al fons) preveu impulsar la versió definitiva al setembre. FOTO: cedida

Carlos IV y su hijo Fernando VII fueron los primeros Borbones en cruzar la frontera hacia la ciudad francesa de Bayona rumbo al exilio, el primero para no volver. Pero sin remontarse hasta aquellos comienzos del siglo XIX, todos los jefes de la dinastía desde entonces han tomado en algún momento de su vida el mismo camino. Cinco generaciones de los Borbón han paladeado la amargura de la expatriación forzada.

La principal diferencia entre el rey emérito y sus antepasados es que ellos lo hicieron por razones políticas. Una revolución descafeinada, ‘La Gloriosa’, que desembocó en la primera experiencia democrática en España con la instauración del Sexenio Democrático y la Primera República, liquidó el reinado de Isabel II, tatarabuela de Juan Carlos I y madre de Alfonso XII.

La Segunda República puso el punto final al de su abuelo, Alfonso XIII, mientras que el general Franco impidió reinar a su padre, Juan de Borbón.

Juan Carlos I no se ha enfrentado a estas convulsiones políticas y ha abandonado España, con el visto bueno del Rey y del Gobierno, acorralado por un vendaval de informaciones sobre supuestos delitos de corrupción económica que amenaza el futuro de la institución.

Isabel II cogió el tren en San Sebastián el 30 de septiembre de 1868 rumbo a París. Dejaba detrás, la Revolución Gloriosa que trajo una efímera monarquía de Amadeo de Saboya y una aún más breve República. El 25 de junio de 1870 abdicó en París en favor de su hijo Alfonso y murió en la capital francesa en 1904.

Alfonso XII, después de quince años de destierro junto a su madre, regresó a España en 1875 tras el pronunciamiento monárquico del general Arsenio Martínez-Campos, que puso fin a la primera experiencia republicana y restauró la monarquía borbónica. Reinó hasta 1885, cuando murió de tuberculosis a los 27 años sin conocer a su hijo póstumo, Alfonso XIII.

El abuelo de Juan Carlos I fue rey desde que nació. Durante su minoría de edad, su madre, la reina María Cristina, ejerció la regencia. Tras un turbulento reinado, en el que se apoyó en la dictadura del general Miguel Primo de Rivera, tomó el camino del exilio el 14 de abril de 1931 tras unas elecciones municipales convertidas en un plebiscito sobre la monarquía y que fueron ganadas por las fuerzas republicanas.

Salió por el puerto de Cartagena rumbo a Marsella para acabar en Roma. Pero una frase que se atribuye a Ramón María del Valle-Inclán resume las razones últimas de su salida de España: «Los españoles han echado al último Borbón, no por rey, sino por ladrón». Murió en la capital italiana el 28 de febrero de 1941.

Juan de Borbón, Juan III para los monárquicos más recalcitrantes aunque nunca reinó, acompañó con 18 años a su padre, Alfonso XIII, al exilio. Aunque era el tercer hijo del monarca se hizo con los derechos dinásticos por las renuncias de sus hermanos mayores.

Tras un exilio a caballo entre Italia, Suiza y Portugal, negoció sin el menor éxito con Franco su retorno a España, pero a cambio de reconocer la legitimidad del régimen franquista, abrió la puerta a la restauración monárquica a través de su hijo, Juan Carlos, al que el dictador en 1969 nombró sucesor con título de rey. Juan de Borbón regresó a España en 1963 después de 32 años de exilio. Abdicó en favor de su primogénito en 1977, aunque ya reinaba desde hace año y medio.

La salida el pasado lunes de Juan Carlos de Borbón no es un exilio en el sentido estricto del término. Según la Academia de la Lengua, exiliar es «expulsar a alguien de un territorio» o «expatriarse, generalmente por motivos políticos». En su caso nadie le ha expulsado ni han existido motivos políticos para forzar su salida del país. Es un alejamiento pactado, explican en la Casa del Rey y corroboran en la Moncloa.

Pero el hecho indiscutible es que ha seguido, aunque sea por razones diferentes, la tradición borbónica de abandonar España. Y eso que hace años en una conversación informal con un grupo de periodistas, afirmó: «Antes de ir al exilio me pego un tiro».

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