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El mundo del jardín rebrota

Tras años duros de caída en el consumo, las empresas relacionadas con la jardinería retoman el pulso
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Proceso de corte y enrollado de las tiras de césped que comercializa Cultius Mas Salvat. Foto: Alba Mariné

Proceso de corte y enrollado de las tiras de césped que comercializa Cultius Mas Salvat. Foto: Alba Mariné

Césped por metros listo para trasplantar y arbustos mediterráneos resistentes

Fundada en 1997, Cultius Mas Salvat, en Riudoms, es de las pocas empresas de Catalunya que se dedican al cultivo de césped para su posterior venta por metros, listo para ser trasplantado y pisado de inmediato, sin largos procesos de siembras y resiembras.

Apenas otro vivero e la demarcación de Tarragona y un par más en el resto de Catalunya se dedican a la siembra y venta por metros de césped. En esta empresa familiar de Riudoms, que dirigen Magda Mestre (48 años) y Enric Gil (52), cuentan con una extensión de 30.000 metros cuadrados para la siembra de césped, de los que cada año venden unos 15.000 metros cuadrados, principalmente a jardineros profesionales (en un 80%), además de a clubs deportivos como el Nàstic.

El vivero de plantas ornamentales de temporada y arbustos mediterráneos, con más de 200 artículos distintos y 30.000 metros cuadrados dedicados a su cultivo –de los que 2.000 metros cuadrados están cubiertos–, junto a los servicios de jardinería (con clientes como las urbanizaciones Aigüesverds de Reus o Bonmont, en Mont-roig del Camp), completan las actividades de esta empresa que emplea a nueve personas y que el año pasado facturó 300.000 euros.

Cerca de un 90% de sus clientes son profesionales, entre los que predominan los Garden Centers, además de floristerías, mayoristas y jardineros.

De todas las actividades que integran este negocio, el vivero de plantas ornamentales fue el primero en surgir. Tras estudiar horticultura, Magda Mestre decidió dar un giro a las tierras de la familia, hasta entonces dedicadas al cultivo de avellanos, almendros y algo de huerta, para enfocarse en el mundo de la jardinería.

Al poco tiempo se incorporó al proyecto Enric Gil, que asumió los servicios externos de jardinería, y que ha visto cambiar las demandas del mercado a lo largo de estos años de Gran Recesión. Mientras la planta de temporada ha ido a la baja, hoy lo que se busca es una planta más barata, resistente, que no se muera y que requiera pocos cuidados y riego. Plantas adaptadas al nuevo clima.

 

Más de 300.000 bonsáis al año

En octubre, Mistral Bonsái cumplirá 30 años de historia desde su fundación en Camarles por parte de Manolo Ibáñez. Ya con la segunda generación consolidada en esta empresa familiar (con Soraia Ibáñez al frente de la producción), este vivero de bonsáis especializado en plantas mediterráneas encara su primer ejercicio en años con un aumento de ventas y una tímida demanda de más personal.

La brutal caída en el consumo de todo tipo de artículos que no fueran de primera necesidad a lo largo de estos últimos años impactó en la actividad de esta empresa, que se vio obligada a llevar a cabo reestructuraciones de personal y contención de costes. Hoy, en Mistral Bonsái trabajan 50 personas y los 3,5 millones de facturación que supusieron la venta de más de 300.000 bonsáis durante el año pasado están un 50% por debajo de su punto álgido de ventas.

Pero los signos de recuperación han empezado a hacerse notar, y permiten a la familia Ibáñez encarar su futuro empresarial con esperanza. La tentación de rebajar la calidad de su producto fue evitada, lo que les permitió «seguir en nuestra línea de siempre, produciendo e importando con máxima calidad», explica Manolo Ibáñez.

Lo que no implica que el factor precio no se haya posicionado como uno de los principales elementos de compra en los garden centers, las floristerías o las grandes superficies que, junto a los talleres de bonsáis y los mayoristas, conforman el grueso de su clientela. Hoy, el bonsái con mayor demanda debe ser económico, con un precio de venta al público de entre 15 y 20 euros.

Con él surgen productos nuevos, como los prebonsáis de manzanos, de precio contenido y con gran aceptación en el mercado en estos años. Con un 56% de sus ventas dedicadas a la exportación –que ha ayudado a resistir la dureza de estos años–, el mercado local parece dar los primeros síntomas de recuperación.

 

Muebles de exterior para todo el mundo

Kettal, nacida en Calafell y con fábrica en Bellvei, cumplirá medio siglo de vida el año que viene. La Gran Recesión no ha sido inocua para ellos, y les ha hecho replantearse muchas cosas. Entre ellas, su identidad y su razón de ser. Tras llegar a emplear en el año 2007 hasta 650 personas en el grupo, con plantas de producción en Bellvei, Francia y China, hace cuatro años afrontaron un fuerte proceso de reestructuración, con la venta de las empresas que tenían en Francia y en China y el repliegue a Barcelona (donde se encuentran sus oficinas) y Bellvei.

Fue una reestructuración profunda, que no se limitó a cuadrar las cuentas. «Mi voluntad era volver a traer la producción a España –explica Alex Alorda, vicepresidente de Kettal y segunda generación en esta empresa familiar–, simplificar las cosas. Reducir stock, eliminar deuda, y volver a la visión de la herencia».

«Somos una empresa familiar –prosigue Alorda– que nos dedicamos al producto para exterior de diseño, en un segmento de mercado alto. Todo lo que era el mueble de inyección de plástico que fabricábamos en China no encajaba en nuestro core business, porque parte de nuestros valores es el producto de largo plazo, que te pueda durar años».

Algo que, en su opinión, han recuperado con diseños atemporales y una serie de inversiones en maquinaria que, cuando estén terminadas, les permitirán tener «sistemas de producción más flexibles, polivalentes, que nos permiten trabajar con proveedores de empresas familiares cercanas».

Este año esperan facturar 32,5 millones de euros, de los que un 90% procederán de la exportación, con Europa y los EEUU como principales mercados. Se trata de una facturación mucho menor de la que llegaron a tener. También su plantilla es mucho menor, con 150 empleados, de los que 120 trabajan en Bellvei. Pero, por primera vez, este año han vuelto a contratar a 25 personas. Confían que el año que viene contratarán a 15 más. Y sin las presiones de antaño.

«Prefiero facturar menos, pero ser libre y elegir las colecciones que realmente queremos hacer», remacha Alorda.

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