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El terrorismo vuelve a golpear a las puertas de las pirámides de Egipto

Catorce turistas heridos leves al explotar un artefacto a las afueras de El Cairo

Diari de Tarragona

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Así quedó el autobús turístico tras estallar el artefacto explosivo.  FOTO: mohamed hossam/efe

Así quedó el autobús turístico tras estallar el artefacto explosivo. FOTO: mohamed hossam/efe

El terror golpeó de nuevo Egipto y lo hizo en el mejor escaparate posible para convertir un ataque en noticia mundial. Catorce viajeros sudafricanos resultaron heridos leves tras la explosión de un artefacto al paso de un autobús turístico cerca del nuevo Gran Museo Egipcio, cuya inauguración está prevista dentro de un año al lado de las pirámides de Guiza, a las afueras de El Cairo. Es el cuarto incidente terrorista en los últimos seis meses en el lugar más visitado del país. 

Tres de los turistas fueron hospitalizados por precaución, informó en Twitter la ministra de Turismo, Rania al-Mashat. El terror busca publicidad y logró su objetivo. «La explosión de un artefacto rompió las ventanas de un autobús que transportaba a 25 personas de Sudáfrica y un coche en el que circulaban cuatro egipcios. Algunos pasajeros de los dos vehículos resultaron heridos leves debido a los cristales rotos y recibieron atención médica», indicó una fuente de seguridad a France Presse. En diciembre, tres turistas vietnamitas y un guía local murieron en una ataque similar contra un autobús que fue alcanzado por una bomba de fabricación casera. Ningún grupo reivindicó esta acción. 

El turismo es un sector que en sus mejores años representaba más del 10% del PIB de Egipto y empleaba a un 13% de su mano de obra. Tras recuperarse parcialmente después de la revolución que derrocó a Hosni Mubarak en 2011, la irrupción del Estado Islámico (EI) en el Sinaí se ha convertido en un freno.

De los 14,7 millones de turistas en 2010, el ejercicio referencial, se pasó a apenas 5,3 millones en 2016. Un año después se registró una mejoría y ya se alcanzaron los 8,3 millones de visitantes. El golpe más sangriento contra este sector se produjo en octubre de 2015, cuando 224 personas perdieron la vida tras la explosión en pleno vuelo del Airbus 321 de la compañía rusa Metrojet que cubría la ruta entre Sharm el-Sheij y San Petersburgo.

El peligro viene del Sinaí
Las fuerzas de seguridad, la minoría cristiana copta, los sufíes y el turismo son los objetivos de los atentados que golpean de forma regular al país. Una serie de ataques contra iglesias en el delta del Nilo llevó a declarar el estado de emergencia en abril de 2017, y aún no se ha levantado. La gran amenaza tiene su epicentro en la península del Sinaí, donde en septiembre de 2014 el califato autoproclamado por el EI fijó su primera provincia alejada de Siria e Irak. Ansar Bait al-Maqdis, el grupo yihadista más importante de la península, adoptó el nombre de Wilaya Sinai (Provincia del Sinaí), para convertirse en el brazo local del EI. Cuando el califa aceptó la lealtad de su filial egipcia, el portavoz del grupo, Abu Mohamed al-Adnani, pidió a los yihadistas egipcios que intensificaran su guerra contra los militares y «minar sus caminos, atacar sus cuarteles y viviendas, cortar sus cuellos, no dejarles sentirse seguros y convertir sus vidas en un terror e infierno». El portavoz yihadista alabó a los combatientes del Sinaí porque sus acciones son un golpe directo a «los protectores de los judíos» dirigidos por «el nuevo faraón», en referencia al presidente Abdelfatah al Sisi. 

La estrategia del Gobierno consiste en grandes despliegues militares en la zona y bombardeos. Las autoridades acusan al EI y a sus grupos afines de estar detrás de los atentados contra el sector turístico para fomentar la sensación de inestabilidad en Egipto.

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