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¿El turismo expulsa a los vecinos de la Part Alta?

Más pisos turísticos, un incremento generalizado de los precios del alquiler en el centroy la falta de un modelo de barrio han despertado las alarmas entre los residentes

NÚRIA RIU

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La actividad turística ha incrementado de forma exponencial en la ciudad en los últimos años. FOTO:  PERE FERRÉ

La actividad turística ha incrementado de forma exponencial en la ciudad en los últimos años. FOTO: PERE FERRÉ

«Buscaba ese estilo de barrio de proximidad y tranquilo y me encontré con una Part Alta sucia, extraordinariamente ruidosa y con una muy mala gestión del turismo». Elena Apilanez se marchó de la Part Alta el pasado 26 de abril. Había llegado a Tarragona para hacer el doctorado y le recomendaron que buscara un piso de alquiler en esta parte de la ciudad. Lo encontró en el Carrer de l’Abad. Doce meses más tarde se iba, cansada del ruido y las conversaciones hasta altas horas de la madrugada delante de la discoteca Bloomsbury.

Afirma que inicialmente quería quedarse en el barrio pero que «en las zonas no ruidosas los precios de los alquileres se disparaban». Apilanez afirma rotundamente que «se está perdiendo la Part Alta» y que hay un proceso de «gentrificación» por culpa de los problemas de gestión.

El incremento del turismo, la proliferación de negocios dirigidos a los visitantes, la pérdida del comercio tradicional, los pisos turísticos o el precio de los alquileres son realidades que afectan a esta zona. ¿Haca dónde avanza la Part Alta? ¿Los problemas de Ciutat Vella (Barcelona) se están reproduciendo también en esta parte de Tarragona?

La plataforma Farts de Soroll se constituyó en el año 2016 para denunciar el ruido en la Part Alta. Están en contra del modelo de centralidad de las fiestas y la proliferación de terrazas. Desde un primer momento apuntaron el turismo como una de las causas y que se estaba apostando por un centro de cartón piedra que acabaría echando a los residentes. Uno de sus portavoces, Andreu Ximenis, asegura que «si pudiéramos nos iríamos todos».

«Desde que el Port Esportiu empezó a vaciarse, comenzaron a ponerse bares en la Part Alta y se inició un modelo turístico que ha masificado el barrio. Esto hace que, cada vez más, el cuerpo se resienta más y te plantees qué pasará», argumenta Ximenis.

El representante de este colectivo afirma que hay gente que se está marchando. En cambio, el presidente de la Associació de Veïns de la Part Alta, Manel Rovira, señala que «es una falacia». «No se está echando a nadie. Simplemente se están comprando edificios viejos y vacíos que ahora se están reformando», describe.

Rovira defiende que esta «modernización» del parque de viviendas es importante ya que debe facilitarse que haya un stock en condiciones y con ascensor.

Una población estable

Según datos del Ayuntamiento de Tarragona, la Part Alta tiene 4.057 residentes censados. La cifra es similar a la de 2006 (4.088). Analizando el padrón desde el año 2000 puede constatarse cómo en 2010 se asumió un pico máximo de 4.277 personas y ha partir de ahí la cifra ha ido decreciendo de forma progresiva año tras año. Sin embargo, a partir de 2018 volvía a registrarse un repunte poblacional en esta zona de la ciudad, que ha seguido en lo que va de año. El censo también deja entrever que, por contra de lo que uno pueda pensar, la Part Alta no es un barrio envejecido.

El comportamiento sigue un patrón similar al del Eixample Tarragona –que comprende la Rambla Nova y todo su entorno–, una zona también consolidada a nivel urbanístico, pero con unas dimensiones hasta tres veces superiores a las del Casc Antic. En este caso, estamos hablando de que el Eixample ha ganado 1.241 habitantes en los últimos diez años.

Para el sociólogo de la Universitat Rovira i Virgili (URV) Ángel Belzunegui, «Tarragona ha sabido mantener en su Casc Antic un equilibrio entre los residentes de toda la vida y los nuevos». Afirma que «el turismo siempre tiene un impacto sobre la gente». No obstante, destaca que en el caso de la ciudad de Tarragona hay dos elementos clave. Por un lado, que el modelo de turismo es básicamente familiar. «Éste es el que menos afecta a la vida cotidiana de las personas», describe Belzunegui. Y, por otro lado, esta sociólogo afirma que «no hay una densidad lo suficientemente importante para pensar que hay un problema de convivencia». Y éste se ocasiona cuando los vecinos dejan de poder hacer su vida cotidiana por culpa de las masas.

Belzunegui considera que hay que diferenciar entre la llegada de gente joven, con cierto poder adquisitivo, «que forma parte de las dinámicas de las ciudades», de los procesos paralelos que comporta la gentrificación, como lo es la expulsión de la gente mayor. «Estamos muy lejos de todo esto», asegura.

Más pisos turísticos

Cuando se habla de gentrificación en las zonas turísticas, una de las principales causas que se apunta son los pisos turísticos. En julio del año pasado, el Patronat Municipal de Turisme daba a conocer un estudio elaborado por el Research Group on Territorial Analysis and Tourism Studies (GRATET), vinculado con la URV y el Parc Científic i Tecnològic de Turisme i Oci.

Este trabajo aportaba por primera vez una radiografía sobre la situación de Tarragona por zonas. De los 1.011 viviendas turísticas que se contabilizaron en el conjunto de la ciudad (tanto legales como ilegales), 214 estaban en la Part Alta, lo que supone el 21,2%. Del estudio se desprendían dos elementos destacados. En primer lugar, que las urbanizaciones de Llevant concentraban el mayor porcentaje (25,1%). Y, en segundo lugar, el núcleo histórico tenía el mayor porcentaje de viviendas legales. Así, se detectó que la cifra de pisos ilegales era de veinte, lo que significaba el 9,3% del total.

El estudio también calculaba la concentración de esta tipología de inmuebles, a partir de las personas censadas. Y, en este caso, el núcleo histórico era la zona de la ciudad con un porcentaje más elevado (5,44 viviendas por cada cien habitantes). Con estos datos, el gerente del Patronat de Turisme, Angel Arenas, recuerda que «los autores ya apuntaron que la situación de los pisos turísticos en Tarragona no es alarmante, pero debe hacerse un seguimiento de la zona de la Part Alta, porque es un espacio especialmente sensible».

El estudio se hizo con datos de 2017. Periódicamente se actualizan los datos a nivel general de ciudad. No obstante, la cifra por barrios no se ha actualizado desde el momento. Según la Agència Catalana de Turisme, Tarragona tiene en estos momentos un total de 1.172 viviendas de uso turístico regularizadas, lo que supone un total de 6.446 plazas. Estos datos representan un incremento significativo. Cuando se hizo el estudio, se contabilizaron 737 pisos legales, lo que representa que el crecimiento ha sido del 59%.

La expansión de esta actividad ha supuesto una afectación sobre el mercado inmobiliario. «Nos está viniendo mucha gente que está comprando pisos, con ganas de hacer una gestión a nivel turístico», explica Víctor Tomàs, gerente de Finques Mèdol en la Rambla Vella. La operación más habitual es la adquisición de una vivienda en mal estado, que es reformada y que después se pone en el mercado de alquiler.

Tomàs asegura que los nuevos propietarios hacen la inversión pensando principalmente en el turismo. Sin embargo, apunta que en zonas como la Part Alta y el centro la demanda es muy superior a la oferta y que «como se está rehabilitando, ha subido mucho la calidad de los pisos, por lo que los precios son más altos».

La mayoría de pisos en la Part Alta tienen de una a dos habitaciones. Esta inmobiliaria apunta que el precio medio es de unos 500 euros y que puede llegar a los 700 ó 800, cuando se trata de un inmueble de alta gama. «Lo que en los últimos años costaba 400 euros, ahora te vale de 500 a 520», describe este agente inmobiliario.

Un barrio que decae

Ante esta situación, el gerente de Finques Mèdol asegura que «dado que la rentabilidad de alquilar ahora es buena, yo aconsejo a los propietarios que apuesten por el alquiler permanente. Con un piso turístico no sabes la demanda que tendrás y te ahorras la gestión del día a día».

El sociólogo Ángel Belzunegui afirma que el Ayuntamiento no puede bajar la guardia en cuanto el «control» de esta zona para evitar que aparezcan problemas futuros de convivencia. Su análisis sobre la situación actual en la Part Alta es de «vitalidad decadente». Belzunegui defiende que «debe poder definirse un modelo más allá de los bares y restaurantes que atraiga a los jóvenes».

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