El último bastión de Trump

División de poderes en EEUU. Congreso y Senado se contraponen mutuamente pero el Tribunal Supremo está en manos republicanas

JUDITH LLAURADÓ

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Amy Barrett jura, en la Casa Blanca y ante Donald Trump, su cargo como nueva jueza vitalicia del Tribunal SupremoFOTO: EFE/CHRIS KLEPONIS

Amy Barrett jura, en la Casa Blanca y ante Donald Trump, su cargo como nueva jueza vitalicia del Tribunal SupremoFOTO: EFE/CHRIS KLEPONIS

«Trump es el presidente menos institucional que ha tenido Estados Unidos y resulta una gran amenaza para las instituciones. Los constantes litigios de Trump contra el supuesto fraude electoral ponen en peligro las instituciones democráticas». Así de contundente es el profesor de Derecho y Ciencias políticas en la Universitat Oberta de Catalunya, Ernesto Pascual.

El agónico recuento electoral que finalmente ha dado la victoria al candidato demócrata Joe Biden ha puesto en el candelero a una de las instituciones clave en EEUU: el Tribunal Supremo. El ya expresidente republicano Donald Trump no admite su derrota y recurrirá al Supremo, que tiene mayoría republicana. Es su último bastión para revertir su fracaso.

El Supremo es el Tribunal de mayor rango en el sistema judicial estadounidense. Está compuesto por nueve miembros, propuestos por el presidente. Ocupan cargos vitalicios. Pascual precisa que «el motivo por el que estos cargos son de por vida es para evitar tener que devolver favores».

Mayoría republicana

Trump ha tenido la suerte de poder proponer tres jueces en sus cuatro años de mandato. De ahí que de sus nueve miembros, seis sean republicanos y tres demócratas. Respecto al polémico caso del nombramiento de Amy Barrett, la última jueza nombrada por el presidente poco antes de las elecciones, Pascual aclara que el motivo por el que «el proceso de nombramiento se ha podido agilizar tanto cuando realmente tarda unos seis meses es porque el senado, que tenía mayoría republicana, es el que lo aprueba».

El profesor expone que «el recorrido para anular las elecciones sería muy largo» y espera que, si ha de analizar el caso, el Tribunal Superior «sea conscientes de lo que significaría anular el voto de unos 60 millones de personas»

La Constitución de 1787 establece la división de poderes en tres: el ejecutivo –la presidencia–, el legislativo –el Congreso de los Estados Unidos–, y el judicial.

El poder ejecutivo reside en el presidente, quien es el jefe de Estado y de Gobierno. Debe representar en última instancia las instituciones y los valores de la nación. Según los analistas, Trump ha roto con esta idea con su estilo ‘políticamente incorrecto’.

Estados Unidos es un país con profundas desigualdades socio-económicas. El 1% de la población más rica posee la riqueza equivalente a la mitad del país. Pero la política se sitúa fuera de esta realidad. «Para ser político en EEUU tienes que pertenecer a la elite», asegura Pascual. Y aunque está empezando a romperse esta idea, queda mucho camino para que el acceso a la política sea equitativo.

El poder legislativo en EEUU está dividido entre dos cámaras, igual que en el Estado español: la Cámara de Representantes (el que sería el equivalente al Congreso de los Diputados) y el Senado. La diferencia es que en EEUU ambas instituciones tienen gran importancia en la política nacional y pueden vetarse mutuamente mientras que el Senado en España es casi ‘decorativo’. El congreso bicameral surgió por el deseo de los Padres Fundadores de EEUU de que una cámara representara los intereses de la gente y otra los de los estados.

La Cámara de Representantes consta de 435 congresistas elegidos cada dos años. El número de representantes escogidos por cada estado varía en función de su población. El Senado cuenta con 100 senadores, dos por estado, que ocupan el cargo por un periodo de seis años. Los senadores representan los intereses de los gobiernos estatales.

Ambas cámaras tienen funciones similares. Cualquiera de las dos puede iniciar una ley que debe ser aprobada por la otra. «Es una de las diferencias con nuestro sistema, se pierde mucho tiempo en discutir una ley y se agrupan los intereses de la gente alrededor de esta», dice Pascual. «Vemos congresistas o senadores que no son del mismo partido aprobando una ley porque hay intercambios gracias a la negociación», añade.

Para el profesor de la UOC, los partidos en Estados Unidos son meras maquinarias electorales. «Los congresistas dependen más del partido porque será este el que los vuelva a poner en las listas cada dos años. En cambio los senadores al ser elegidos cada seis son más independientes. Si vas consiguiendo cosas para tu estado, es muy difícil que el partido no te vuelva a poner en la lista». De ahí que los representantes gocen de cierta independencia a la hora de legislar.

Los representantes de ambas cámaras pueden trabajar en el sector privado y aún así estar en política. Existe por tanto un riesgo de que se solapen los intereses en algunas ocasiones.

Una de las situaciones recurrentes en el último periodo en la política estadounidense ha sido el ‘gobierno dividido’, recuerda Pascual. «Antes las cámaras solían ser del mismo color que el presidente, pero cada vez más desde los años 80, al menos una cámara ha sido de un color diferente al del presidente» relata.

«Durante el último mandato del demócrata Obama se dio un caso de máxima dificultad ya que ambas eran de mayoría republicana», añade. Por este motivo recuerda el profesor que «no es verdad que el presidente de EEUU sea la persona más poderosa del mundo. Por ejemplo, un presidente por sí mismo no puede declarar la guerra, debe pasar por el Congreso».

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